¿Qué es el crecimiento verde?

¿Por qué es importante para los Colombianos entender el concepto de crecimiento verde y construirlo por medio del debate?

Julio Andrés Rozo G
Julio Andrés Rozo G
Director de AISO- Academia de Innovación para la Sostenibilidad
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05 de Julio de 2016

Los términos crecimiento verde y economía verde han sido objeto de diversas definiciones; no obstante, son utilizados indistintamente por parte de organismos multilaterales y gobiernos nacionales en el marco de la promoción de un nuevo modelo de desarrollo sostenible. Como sugiere el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de las Naciones Unidas (UN-DESA, 2011), el concepto de crecimiento verde se centra principalmente en la intersección entre el ambiente y la economía, mientras que el de economía verde adiciona la importancia del pilar social.

Para la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el alcance del crecimiento verde es más acotado que el de desarrollo sostenible, lo que implica una agenda de política operativa que puede ayudar a lograr un progreso concreto y mesurable. El crecimiento verde busca “propiciar el crecimiento y el desarrollo económicos al tiempo que se asegura que los bienes naturales continúen proporcionando los recursos y los servicios ambientales de los cuales depende nuestro bienestar” (OECD, 2011). Este tipo de crecimiento considera el valor total del capital natural como un factor de producción que es agotable y, por eso, debe orientarse a que este se mantenga y se proteja (United Nations Secretary-General’s High-level Panel on Global Sustainability, 2012).

Por su parte, para el Banco Mundial, el crecimiento verde es una alternativa para transformar los patrones de crecimiento logrados a expensas del capital natural en las últimas décadas, ya que “es un crecimiento que es eficiente en su uso de los recursos naturales, un crecimiento limpio que minimiza la contaminación y los impactos ambientales, así como un crecimiento resiliente, en tanto tiene en cuenta los riegos naturales y el rol de la gestión ambiental y del capital natural en la prevención de desastres físicos” (World Bank, 2012).


Estos organismos, sin embargo, advierten que no se puede asumir que el crecimiento verde es por sí mismo, inclusivo. Por eso, además de catalizar la inversión público-privada y la innovación para afianzar el crecimiento sostenido, el crecimiento verde debe estar acompañado por políticas que se centren en el pilar social del desarrollo sostenible, en aras de prestar atención a los temas sociales de superación de la pobreza, reducción de vulnerabilidades y, sobre todo, a los intereses de equidad y desarrollo humano. El concepto de crecimiento verde adoptado por la Comisión Económica y Social para Asia y el Pacífico (CESPAP), incorpora expresamente este componente al definirlo como un crecimiento que “hace hincapié en el progreso económico ambientalmente sostenible para fomentar bajas emisiones de carbono y el desarrollo con inclusión social” (UN-DESA, 2011).

Es este crecimiento verde inclusivo el que se equipara con el concepto de economía verde. En 2011, UN-DESA, considerando los elementos mencionados, sugirió a la Conferencia de Rio+20 la necesidad de una transición hacia una economía verde como vehículo para el desarrollo sostenible y la erradicación de la pobreza (UN-DESA, 2011; UNCSD, 2012). Una economía que, para el sector de Organizaciones No Gubernamentales (ONGs), es resiliente y proporciona una mejor calidad de vida para todos dentro de los límites ecológicos del planeta (Green Economy Coalition, 2015), o que según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), mejora el bienestar humano y la equidad social mientras reduce significativamente los riesgos ambientales y las escaseces ecológicas, reconociendo así, que el proceso de “enverdecer” las economías puede ser un nuevo motor de crecimiento sostenible (UNEP, 2011; UNEP, 2014).

De este modo, la Comisión Europea y la Agencia Europea para el Ambiente han interpretado la economía verde, en términos de crecimiento, como una economía en la que las políticas e innovaciones permiten que la sociedad genere más valor cada año, cree empleos y ayude a reducir la pobreza mientras mantiene los sistemas naturales que los sustenta mediante la gestión sostenible del capital natural (EEA, 2015; EC, 2015). Este enfoque resalta la importancia del consumo y la producción sostenible. Por un lado, sugiere la necesaria recualificación de la fuerza laboral para responder a nuevos patrones de producción y generación de empleo decente y verde. Por otro lado, indica la necesidad de apoyo al desarrollo del sector privado local, proporcionando habilidades de eco-emprendimiento que generan oportunidades para mejorar el nivel de vida.

En este contexto, los países de América Latina han incorporado indistintamente los conceptos en sus estrategias de desarrollo, donde el crecimiento verde (Chile, México y Perú) propende por un crecimiento sostenido cimentado en la gestión sostenible del capital natural y la inclusión social. En Chile y México, este crecimiento incorpora además, la innovación como catalizador de la eficiencia y la transformación económica; en Perú, implica unas nuevas bases éticas en la relación del hombre con la naturaleza y en los patrones de producción, intercambio y consumo.

En Colombia, el Plan Nacional de Desarrollo 2014-2018 “Todos por un nuevo país” (en su capítulo X, página 556), de conformidad con el concepto de la OCDE, adopta el crecimiento verde como “un enfoque que propende por un desarrollo sostenible que garantice el bienestar económico y social de la población en el largo plazo, asegurando que la base de los recursos provea los bienes y servicios ambientales que el país necesita y el ambiente natural sea capaz de recuperarse ante los impactos de las actividades productivas” (DNP, 2015a).

 

 

 

El Departamento Nacional de Planeación (DNP, 2015a), a través del Plan Nacional de Desarrollo (PND), precisa que un modelo de desarrollo con una apuesta de crecimiento verde representa para Colombia la oportunidad de realizar procesos productivos bajos en carbono, con una mayor eficiencia en el uso de los recursos, menores impactos sobre el entorno y mayor resiliencia ante un clima cambiante. Lo anterior, busca disminuir los impactos negativos en la sociedad, en especial en la población más pobre y vulnerable. La estrategia planteada en el PND refuerza la estrategia de desarrollo bajo en carbono, la conservación del capital natural, la gestión de riesgos de desastres y la adaptación al cambio climático; exalta el ordenamiento territorial y la gestión del recurso hídrico como retos inaplazables para la consolidación del crecimiento verde; y con menos énfasis, hace referencia en los negocios verdes y la producción y consumo sostenibles.

La visión del Plan (capítulo X) sugiere que el crecimiento verde, por definición, le apuesta a la equidad y a la reducción de la pobreza. Así mismo, le apuesta a la paz a través del ordenamiento social, ambiental y productivo del territorio, de forma que el acceso a los bienes y servicios ambientales no sean los factores detonantes de nuevos escenarios de conflicto y, finalmente, sugiere que implica cambios culturales en la manera de concebir una sociedad. Lo anterior, significa un gran reto para el país y los sectores de la economía, en términos de vinculación efectiva de la promoción de la equidad, la educación y, sobre todo, los factores de innovación e inversión público-privada. 

De acuerdo con lo anterior, el crecimiento verde debe ser entendido como un medio para el progreso económico en el marco de la sostenibilidad ambiental; un progreso incluyente que, al generar oportunidades económicas y sociales, actúa como medida preventiva en la generación de nuevos escenarios de conflicto; además de ser una alternativa de desarrollo para rehabilitar aquellos territorios donde la presencia del mismo, por varias décadas, ha profundizado las condiciones de vulnerabilidad.

La generación y aprovechamiento de las oportunidades económicas requieren inversiones públicas y privadas significativas para generar un ciclo virtuoso de crecimiento. Estas inversiones son necesarias para la trasformación y dinamización de los sistemas productivos regionales y para el desarrollo humano, así como en la infraestructura física, económica y social que lo haga resiliente y sostenible en el tiempo.

En este contexto y de acuerdo con la agenda mundial del desarrollo 2030, liderada por Naciones Unidas, es necesario que los países complementen los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM, formulados en el año 2000) y adopten los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que buscan integrar la dimensión de ambiente y desarrollo sostenible con una visión de largo plazo. Por tanto, el crecimiento verde debe contribuir al logro de los ODS.

 

Por: Alexander Cubillos y Julio Andrés Rozo 


 

 

 El proceso de construcción de los ODS y su adopción en Colombia está liderado por el MADS.