A propósito de la clonación de dos monos en China

Es deseable que haya más y mejor ciencia e investigación. Asistimos a un momento apasionante de desarrollo, que ciertamente implica niveles de incertidumbre e indeterminación

Carlos Maldonado
Carlos Maldonado
Profesor de Ciencias de la Complejidad
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29 de Enero de 2018

Primero fue en 1996, era una oveja, y se la llamó Dolly. Entre tanto, hubo experimentación y clonación de otros animales: perros, gatos, cerdos y varios más, hasta llegar en el 2018 a la clonación de monos. Lo  más cercano a los seres humanos. En algo más de veinte años los avances han sido impresionantes, y es de presumir que hacia futuro lo sean aún más vertiginosamente gracias a las curvas de aprendizaje.

Sin embargo, se trata de un área de investigación que pone nerviosos a los más conservadores. Más ampliamente, la investigación con células madre, la ingeniería genética y la clonación: tres campos perfectamente entrelazados que se sitúan en las fronteras del conocimiento y han logrado avances antes inimaginados.

Los objetivos de la clonación son múltiples: desde trabajar con investigación bio-clínica, hasta hacer experimentación con farmacéuticos, o comprende mejor aún las formas como la genómica y la proteómica trabajan y cómo podemos conocerlas mejor. No en última instancia, el tema es el de los cruces entre biología del desarrollo y la evolución de una especie. Todos objetivos de gran envergadura.

Sin embargo, los círculos más conservadores de la sociedad, la ciencia y la investigación elevan sus gritos de alarma y rechazo a investigaciones semejantes. Finalmente, el argumento de base es que los seres humanos no pueden entrometerse en las formas como la naturaleza misma regula sus procesos, todo lo cual termina conduciendo, más pronto que tarde, a argumentos de tipo religioso y teológico, pues detrque corresponde propiamente s a la ciencia y la investigacicual termona conduciendo, mrs humanos no pueden entrometerse en las fás de la palabra “naturaleza” quiere escucharse la voz de "dios".

Y claro, los argumentos que se esgrimen son variopintos.

La verdad es que los rechazos a la ciencia y la investigación en campos de frontera forman parte de una tradición muy larga en Occidente, que corresponde propiamente a la logofobia: el miedo al conocimiento, al pensamiento – nuevo, diferente, creativo.

Desde luego que nunca hay garantías aseguradas de antemano. Pero es igualmente cierto que los científicos ya no necesitan de voces externas para ser conscientes de sus pasos, métodos, logros  posibilidades.

Sociológicamente cabe un observación puntual: la primera clonación tuvo lugar en Escocia; y esta última en China. Sin ambages, la periferia del mundo, los resquicios o los intersticios: allí donde siempre se ha introducido la innovación y la diferencia: nunca en los llanos planos consolidados. Que es lo que se conoce justamente como la corriente principal de pensamiento (mainstream science).

En efecto, China constituye un marco cultural perfectamente distinto al típica y clásicamente occidental. Y entonces, claro deciden dar el salto que nadie se había atrevido a hacer hasta la fecha: clonar primates, lo más cercano a los seres humanos.

Y políticamente surge otra observación puntual: la China parece estar tomando la delantera también en este campo; un motivo de alarma para el chovinismo occidental. (Tácitamente, una traducción posible podría ser: “nosotros pudimos o debimos haber dado ese paso primero”).

Asistimos a un fenómenos apasionante de avance en el conocimiento que incumbe a varias áreas estratégicas: la medicina y por tanto a la salud, la biología, la genética y la tecnología. En cualquier caso, los alcances de la clonación de los monos es algo que aún queda por descubrir, más adelante, en el tiempo.

Cabe aquí la mención explícita y directa de un imperativo bioético: todo lo que sea tecnológica y científicamente posible es éticamente imperativo.

Es decir, todos los avances, experimentaciones, intervenciones e hipótesis que sean técnica y científicamente posibles para afirmar, posibilitar, engrandecer y exaltar la vida, son éticamente imperativos.

Manifiestamente que con la clonación se trata de investigación básica: la más fundamental, sensible e importante de todas las formas de investigación. Ya lo decía Von Braun: “Yo hago investigación cuando no sé a dónde voy con lo que hago”. Ya la investigación aplicada y la experimental podrán descubrir y aprovechar los descubrimientos y las luces logradas, en este caso, con la clonación de monos.

Una tercera observación puntual se impone: si hay algo que ponga nerviosos a los más conservadores es la investigación básica. Esto es, aquella que no busca inmediatamente y no en términos efectistas éxitos evidentes y metas mensurables. La investigación básica trabaja con heurísticas propias, que nada tienen que ver, prima facie, con eficiencia, eficacia, cálculo y aprovechamiento directo.

La investigación básica implica libertad –mucha libertad- de investigación, juegos con fantasías, imaginarios y espacios de fase posibles, en fin, intuición, creatividad, capacidad de apuesta y de riesgo muy elevados. Y claro, todo ello genera temores y recelos por parte de quienes quieren y necesitan seguridades de antemano, garantías y seguridades.

El mundo necesita más y mejor ciencia, más y mejor información, más y mejor conocimiento, más y mejor investigación. Vivimos, literalmente, una época de luz:  jamás había habido tantos ingenieros, científicos y académicos como en nuestros días. A ello se refiere la idea de sociedad de la información y sociedad del conocimiento. Pero ello sucede con el telón de fondo de una tradición que le tiene temor a lo que no controla o domina.

Es de desear que el gran público tenga acceso a algunos de los avances más interesantes en curso en diversos campos de la investigación científica. Una tarea de valor moral.