Las noticias falsas llegaron para quedarse (II)

Aunque parezca contradictorio, las noticias como están concebidas de tiempo atrás, siempre dejarán la puerta entreabierta para la mentira y la manipulación. No es un problema del periodismo. Solo es la consecuencia de lo que hacen los reporteros muchos de los cuales consideran erroneamente que las noticias per se, son ciertas. 

Germán Ortiz
Germán Ortiz
Profesor en Universidad del Rosario
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20 de Noviembre de 2017

Continuando con la serie sobre las , al contrario de lo que se considera, el periodismo no busca la verdad aunque así lo parezca. Lo que busca en realidad, es la noticia que constituye otro asunto.

Las noticias en principio deben ser ciertas, pues provienen de la información obtenida de sucesos y datos aunque en la mayoría de las ocasiones se logre parcialmente ya que dependen de una actividad como el periodismo cuya esencia e importancia se encuentra en la valoración, la selección y la síntesis de una parte de la realidad física y social que le provee precisamente del insumo requerido para elaborar las noticias que se divulgarán.

De ahí la ironía, las noticias aunque como tales no sean la verdad en sí mismas, deben aludir a ella constantemente para alcanzar la credibilidad necesaria y dar cumplimiento a la tarea encomendada desde la sociedad - darle sentido común al presente que acontece – para optar por las mejores decisiones que le convienen a la mayoría de los ciudadanos.   

Ante el raudal de noticias falsas que circulan a diario, muchos sectores de opinión salen en defensa de las noticias verdaderas como si por ser noticias en principio, debieran ser siempre verdaderas a pesar de los inconvenientes que acarrea dicha concepción  para la propia práctica periodística.  

Los reporteros generalmente cubren los hechos de los cuales no son sus testigos directos. Su hacer se limita a lo que otros aportan dependiendo de las circunstancias que los ubican como fuentes directas e indirectas, relevantes u oficiales con lo que tales testimonios y pareceres adquieren naturaleza de credibilidad al ser equiparado su estatus de testigo ocular, presencial y en ocasiones moral, al hecho mismo sin poner en duda la existencia e incluso su “verdad”.

La consecuencia es que se termina cubriendo la fuente como la noticia misma y la versión que esta ofrece, como el hecho a seguir.   

El otro inconveniente es que precisamente por contar con esa urgida necesidad de abreviar la realidad, el periodismo requiere de una selectividad del mundo circundante que le permita organizarlo según sus propios intereses y conocimientos hasta alcanzar historias que hagan del conocimiento común todo aquello que configura el especializado;  de simplificar lo que en apariencia parece complejo; de resaltar lo interesante de lo que parece necesario  dejando por fuera del relato periodístico, detalles que a criterio del reportero resultan irrelevantes para lograr las buenas historias que ocuparán un lugar de privilegio dentro del escaso recurso de espacio precisamente con el que deben lidiar generalmente la mayoría de los medios de comunicación e información.

A su vez los hechos noticiosos en muchas ocasiones lo son porque captan la atención sobre todo de aquello que les resulta socialmente controvertible. No existe una sino varias formas de entender la justicia, la inequidad,  la violencia, el uso del poder, el libre albedrío, las dietas alimenticias, la práctica de la fe religiosa por nombrar  algunos de los múltiples asuntos que ganan en interés e importancia para las audiencias en proporción a la controversia social que desatan.  

Las versiones confrontadas se harán más llamativas para la prensa; de hecho los valores informativos suelen prevalecer lo polémico sobre otros temas  al asociarle con lo novedoso y actual más aún si el tema a debatir resulta de carácter coyuntural.

Finalmente para la teoría clásica de la noticia periodística todo aquello que sobresalga de la realidad  con matices noticiosos, deberá contar con criterios como la oportunidad o la proximidad que en todo caso, no parecen aludir  directamente a la verdad misma, aspecto de trascendencia y relevancia  si de noticias falsas estamos hablando.  

La Objetividad

Dentro de este escenario un tanto confuso aparecen dos términos para el periodismo - por ahora solo trataremos uno - que en un mundo como el actual resultan sustanciales para lidiar mejor la producción de noticias en una sociedad que pugna por ser parte o no (¿?)  de un nuevo tipo de orden mundial de la información o desinformación  según se conciba, el profundo impacto que causan  las redes sociales, los periodistas ciudadanos, los influencers con sus estilos de vida, los otros referentes morales de la realidad virtual y los nuevos líderes de opinión o youtubers contemporáneos.  

El primero de ellos - el de la objetividad - como un concepto que ha dado para todo tipo de discusiones en las cuales su denostación marca el sentido de importantes foros a los que asisten integrantes de muchos medios de información. Para nuestro caso, la discusión parte de la ciencia que ante la dificultad de alcanzar la verdad, se ha centrado en el llamado conocimiento objetivo.

En particular para el  periodismo la dificultad es aún mayor, porque como tal, no posee un objeto único de conocimiento sino que su atención se dirige a la realidad misma (física y social) y no a una parte de ella como sí ocurre con las diversas disciplinas científicas: las plantas para el botánico, la tierra para el geólogo, el cuerpo humano para el médico y así sucesivamente. 

El periodismo elabora presupuestos que a diferencia de las ciencias, no parecen postulados sólidos sobre los cuales se fijan criterios de verdad y referencia. Si a eso se suman las condiciones en torno a la noticia anotadas antes,  se comprenden las razones del por qué no podemos hablar de la verdad en el mismo así sea esta, la verdad, la que prevalezca en los enunciados y manuales deontológicos y de estilo y encabece la presentación de muchos diarios a lo largo del mundo.

La objetividad aludida que puede ayudarnos a entender cómo funciona mejor la realidad misma que el periodismo día tras día atiende para elaborar las noticias, es la llamada objetividad débil como propiedad de un discurso – más no de un objeto - cuya validez no depende del sujeto particular que lo enuncia (en este caso el reportero), sino de una cierta totalidad de sujetos que la ponen en consideración para su discusión pública.

En otras palabras, es más el producto de un ejercicio de intersubjetividades que llevan a un acuerdo entre las diferentes versiones y observaciones realizadas desde los diversos ángulos informativos como los grupos sociales, las instituciones, los investigadores y otros sectores de opinión con igual relevancia.  

Veámoslo con un ejemplo para mayor claridad: cuando se habla de la corrupción de la dirigencia política, algunos hechos concretos así lo deberían ameritar como por ejemplo, las investigaciones judiciales, los reportes de gastos y control de las instituciones encargadas, las denuncias de personas involucradas e incluso las percepciones ciudadanas al respecto. La prensa divulgará toda la información disponible que haya sobre el asunto en particular, aquella que considera noticiosa según los valores - noticia  referidos.

Si solo se atuvieran a las declaraciones de los personajes involucrados – lo que suele ocurrir con recurrencia en Colombia - las versiones irán a mostrar una muy reducida parte de la realidad compleja que enmarca el asunto de la corrupción.  

Los relatos así elaborados con afirmaciones como "dijo aquel" serán versiones cargadas de una amplia subjetividad que marca el sentido de la noticia y quizás lo peor, “la verdad” del relato mismo. Los detalles esenciales necesarios deberán esperar hasta que el reportero asuma por sí mismo el asunto, contextualice la información a partir de la valoración en  los distintos pronunciamientos, revise juiciosamente los detalles, sea acucioso con la precisión, seleccione y reconsidere el material de la noticia para publicar.

La cuestión es que eso requiere de tiempo y por tanto dinero para invertir que es precisamente lo que escasea en las salas de redacción paradogicamente de las grandes empresas periodísticas del mundo. Es tal el rebose de sucesos  que llegan a los escritorios de los reporteros, que la verificación se reduce al contraste de las fuentes para el mejor de los casos, dejando por fuera la posibilidad de la mirada validadora del periodista para que sea quien reconozca la importancia de la información verdadera (aunque suene reiterativo), como una cualidad que él, como el sujeto informador logre, y no del objeto como se espera ocurra con las noticias de manera errada, aquella frase de que los hechos hablan por sí mismos, por supuesto aquí no tiene cabida.

Esto es lo que se ha dado a llamar como veracidad – muy diferente a la verdad que se alude con insistencia – la cual compete más a quien difunde la información y no al objeto del cual se desprende la misma.  

Por ahora solo queda la imagen edificante del periodista que ante el peligroso mundo de las noticias falsas que acechan, se sienta cada día en su lugar de trabajo para dar inicio a la jornada noticiosa con la mente puesta en el hermoso proverbio de los cantares del maestro Antonio Machado: ¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela.