La normalización de una epidemia

La discriminación y la violencia de género en Colombia parecen ser una epidemia. 
Crear consciencia preventiva es clave para disminuirla. 

Juanita Díaz Torres
Juanita Díaz Torres
Empresaria dedicada al sector social, Fundadora/CO I de Insistencia, artista visual y activista
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08 de Agosto de 2017

La discriminación y la violencia de género en Colombia parecen ser una epidemia. Casos como los de Stella Conto, magistrada del Consejo de Estado, las futbolistas profesionales que aparentemente no reciben salario y los presuntos casos de abuso sexual en las instituciones de educación superior, infortunadamente hacen parte de nuestra realidad cotidiana.

Mientras esperamos decisiones de los jueces teniendo en cuenta las falencias que esta rama aún representa en la mayoría de casos, no podemos pretender disminuir la violencia de género, cuando no hemos intentado transformar patrones, hábitos, creencias y conductas desde la infancia y nuestro entorno más cercano: el hogar.

La solución no radica solamente en castigar la manifestación del problema y/o reparar a la víctima luego de los hechos ocurridos, sino corrigiendo comportamientos desde su origen.

El país debe empezar a crear consciencia preventiva con perspectiva de equidad de género desde una formación temprana. Nótese que no se trata solamente de formación académica, habrá que construir dicha conciencia desde el nicho familiar. Centrarse únicamente en el tratamiento de este tipo de violencia, no va a impedir que continúe sucediendo.

Ahora bien, es cierto que algunos ciudadanos, fundaciones y entidades se esfuerzan día a día en la misión de construir equidad de género e inclusión, pero no olvidemos que la transformación sólo es posible cuando todos nos apersonamos de ella. ¿Es el Estado el único responsable? ¿Qué estamos haciendo los demás? El derecho de los ciudadanos a tener una vida sin violencia se ha vuelto un ideal y no una realidad.

Sin perjuicio de ello, existen  voces que comienzan a agitarse, empoderando a la masa en medio de tanta carga cultural patriarcal normalizada.

Lamentablemente una inmensa minoría somos quienes enseñamos a desaprender hábitos violentos en nuestras casas y tratamos con esfuerzo y literalmente “con las uñas”  hacer eco de justicia, denunciando a aquellos que en contravía de los principios más básicos de humanidad se empeñan en soslayar  la evidente violencia de género que nos rodea.