La investigación científica y el progreso del conocimiento

Existe una magnífica vitalidad en la investigación. Un ejemplo notable es la profusión de artículos científicos que se publican permanentemente. Una mirada reflexiva se hace necesaria.

Carlos Maldonado
Carlos Maldonado
Profesor de Ciencias de la Complejidad
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12 de Febrero de 2018

La investigación científica se plasma de muchas maneras: artículos científicos (papers), capítulos de libros, libros, registros, patentes, ponencias, seminarios, conversatorios, congresos, distinta clase de eventos, videos y otras expresiones.

Concentrémonos aquí, por razones de espacio, en una de estas expresiones: los artículos científicos.

De acuerdo con distintas fuentes, la revista Science actualiza su página web cada 17 segundos. Por su parte, la revista Nature –que tiene varias secciones: así por ejemplo, Nature, Nature Physics, Nature Biology, Nature Chemistry, y muchas más-, publica alrededor de 2000 artículos al año. A esto habría que agregar numerosas otras revistas prestigiosas: Lancet, JAMA, PLos, Plos One, Plos Medicine y varias otras de su serie, los Proceedings de la PNAS, la serie de Physical Review Letters (A, B, C, etc.), y muchas otras. La lista se torna, literalmente, cada vez más compleja.

Bajando en la escala, podemos llegar finalmente a las revistas que en el esquema Isi-Scopus descienden del primer cuartil hasta el cuarto, y aun más “abajo”, las revistas, por ejemplo, en Colciencias, que son A1, A2, B y C., e incluso, siendo generosos, hasta aquellas revistas académicas que comienzan y no están indizadas todavía.

De acuerdo con distintas fuentes, un artículo académico en una revista A1 es leído en promedio por entre 3 y 7 personas, no más. A su vez, una revista en primer cuartil, digamos, ha sido rechazado siete veces antes de ser aceptado y publicado, lo cual puede significar que su vida antes de la publicación oscila alrededor de los dos años.

En cualquier caso, sin ambages, existe una impresionante profusión de publicaciones científicas y académicas hoyen día. Ello, globalmente, considerando además que la inmensa mayoría de revista son disciplinares. Así que suponiendo que alguien tenga intereses interdisciplinarios, o quiera pasearse entre ciencias y disciplinas distintas, la terea se torna magníficamente más complicada.

Existe una vitalidad maravillosa en el orden del conocimiento, comunidades científicas y académicas que constituyen un mar vibrante de producción, discusión, vitalidad. Pero nada de esto, o demasiado poco, en el mejor de los casos sale a la superficie: esto es, a la gran prensa, a la base de la sociedad – en el sentido más amplio y generoso de la palabra.

A la gente la manejan con informaciones literalmente triviales, pasajeras, con noticias que son editadas, producidas y post-producidas. Sin mencionar la censura y la autocensura. Y la gente normal cree que eso es “la realidad”.

La increíble vitalidad del conocimiento por parte de las comunidades científicas y académicas constituye un ejemplo conspicuo de progreso en el conocimiento. Sin embargo ello requiere una mirada más cuidosa.

En verdad, es evidente que existe un avance en el conocimiento; en ciencias tanto como en humanidades, en ciencias sociales tanto como en ciencias humanas, en ingeniería o en ciencias de la salud, por ejemplo. Pero lo cierto es que si se mira con detenimiento los artículos publicados –una tarea que requiere tiempo y de mediano plazo-, la inmensa mayoría de las publicaciones son minimalistas por técnicas.

Se trata, en efecto, de avances puntuales, acaso acumulativos, en terrenos muy específicos del conocimiento. Y es que ese es uno de los modos como existe la ciencia, no hay nada qué hacerle.

Sin embargo, lo que se observa es que hace falta una gran capacidad de síntesis, de visión de largo alcance, el big picture, si se quiere, que cruce o integre los avances técnicos, es decir, minimalistas en la investigación. Esa es la labor, digamos, de los Grandes. Quienes no lo son, hacen lo que pueden, publican, investigan, muchos hacen simplemente la tarea, pero muy pocos se dan a la tarea de pensar lo que acontece.

Quisiéramos sugerir que nuestra época, la vitalidad misma del conocimiento, el progreso y las mejoras de la sociedad hacen imperativa la realización de una síntesis. Aun cuando hay indicios de varias que emergen en un lugar y otro.

La interdisciplinariedad, por llamarla de alguna manera, sigue siendo un tipo de actividad alternativa, y en muchos lugares, contestataria e indeseable. Pues es evidente en prácticamente todos los terrenos prima la disciplinarización del conocimiento.

Las síntesis son de varios tipos: se trata de encontrar pautas en áreas y dimensiones diversa; o bien, de ver los denominadores míos comunes, de distintos marcos, por así decirlo; o acaso, igualmente, se trata de buscar en las fronteras de diversos ámbitos, aquello que ha pasado inadvertido para la gran base de la comunidad académica y científica.

En el pasado la tarea de llevar a cabo síntesis era la labor de un gran filósofo o científico (“que andaba sobre hombros de gigantes”). Pero puede ser igualmente factible que, dada la profundidad y la anchura del conocimiento de punta actual pueda ser, asimismo, la labor de varias manos trabajando aunadamente.

Existe, manifiestamente, una vitalidad impresionante de la investigación. Que la base de la sociedad se entere de esos progresos es, en primer lugar, la tarea del periodismo científico. Pero varias otras escalas de la sociedad deben sentirse igualmente interpeladas. Asimismo, esa vitalidad avanza de manera desagregada, especializada, técnica. Adicionalmente, debe ser posible una síntesis en medio de esa especialización.

Al fin y al cabo, las revoluciones científicas tienen lugar, no solamente mediante rupturas e identificación de anomalías, sino, igualmente, mediante síntesis creativas. Eso: la síntesis, una forma notable de creatividad.

Nota: Las fuentes y datos de este tetxo provienen en su mayoría de la revista Scientometrics