La bioseguridad y las políticas de Estado

En Colombia no existe a la fecha ningún laboratorio de bioseguridad de nivel 4 (BSL, 4). Esta es la expresión de la improvisación y la ausencia de planes y proyectos de largo alcance en ciencia y tecnología en el país. 

Carlos Maldonado
Carlos Maldonado
Profesor en Universidad del Rosario
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05 de Noviembre de 2017

Hablando de bioseguridad, esto es, de laboratorios de seguridad dedicados a la investigación y la defensa de patógenos peligrosos, en Colombia no existe ninguno de la más alta calidad. En general los laboratorios biológicos se clasifican en cuatro niveles, así:

 

  • Los laboratorio de nivel de seguridad 1 son aquellos que trabajan microorganismos bien caracterizados que no son nocivos ni para los seres humanos ni los animales.
  • El nivel 2 hace referencia al trabajo con agentes patógenos que no son nocivos para los seres humanos, los animales o el medioambiente, pero que podrían implicar un nivel bajo para los individuos y acaso moderado para las comunidades.
  • Un laboratorio de nivel 3 trabajan sobre agentes patógenos que pueden producir serias enfermedades en seres humanos y animales pero que no se transmiten necesariamente de una persona a otra.
  • El nivel 4 se ocupa de patógenos que producen serias enfermedades en humanos, animales, plantas o medioambiente y que son de fácil transmisión. El riesgo de mortalidad es alto. De menare general no existen medidas preventivas ni tampoco tratamientos efectivos.

 

En Colombia existen laboratorios de los niveles 1 a 3 y se encuentran usualmente en universidades, en institutos públicos o privados de investigación. les 1 a 3. Sin embargo, no existe en el país ningún laboratorio de nivel 4. Se trata de aquellos laboratorios que trabajan, investigan o tratan enfermedades relacionadas, por ejemplo, con el Ébola, y distintos grupos de virus altamente peligrosos.

 

Las guerras biológicas, particularmente, pero también las químicas, se encuentran en la base de la creación y clasificación de los laboratorios de seguridad biológica.

 

La inexistencia de laboratorios de seguridad 4 (BSL 4, como son designados técnicamente) pone en evidencia por lo menos dos cosas: de un lado, que el estado no tiene la capacidad de anticipación de escenarios posibles de ataques con armas biológicas, o también, que no existe una conciencia crítica acerca de los peligros de los peligros de las fiebres hemorrágicas, los Arenavirus, y otros patógenos, ya sean bacterias, virus, hongos o parásitos.

 

Desde luego, Colombia no es un país tan importante como sus dirigentes lo creen, como para que Colombia sea alguna vez objeto de ataques químicos o biológicos. Pero, en rigor, no es necesaria que haya una guerra en la geografía nacional; sencillamente, los agentes patógenos no conocen de geografías, y podrían llegar al territorio nacional exactamente por motivos medioambientales.

 

Es una obligación moral y científica del Estado anticipar eventos probables, y tomar medidas al respecto. Lo que se viene haciendo en materia de preparación ante sismos y terremotos está bien. Pero en el conjunto de escenarios posibles yd responsabilidad ante la ciudadanía, es perfectamente insuficiente.

 

Los ciudadanos no tienen por qué anticipar situaciones catastróficas, pero sí es la obligación del Estado anticipar situaciones posibles para garantizar la vida y el bienestar de los ciudadanos, nacionales o extranjeros. Es una exigencia al mismo tiempo moral e intelectual que define por lo demás la legitimidad de un gobierno o sistema político.

 

En el mundo sólo quince países tienen laboratorios de seguridad 4, y en América Latina, únicamente Argentina.

 

La ciencia debe encontrar en la política las garantías de su desarrollo, y en la política la principal responsabilidad recae sobre el Estado; claro, sin desconocer la importancia de sector privado; por ejemplo de las universidades privadas. Previsión y anticipación son los nombres d la buena política; y de la mala política, sufrimiento humano, dolor y muerte.

 

Los ciudadanos viven, en su mayoría, en el día a día; con sus planes y proyectos, habitualmente a corto plazo. Al final del día, sencillamente, la gente hace lo que puede; y aguanta. Pero los dirigentes –políticos, económicos, militares y otros-, sí tienen la obligación moral, por decir lo menos, de cuidar lo escenarios posibles y probables de la vida en el territorio nacional.

 

Las políticas de ciencia y tecnología emergen exactamente en el centro de este reconocimiento acerca de las obligaciones morales por el cuidado de la vida y del medioambiente. Pero en Colombia, la ciencia y la tecnología jamás han sido plenamente reconocidas por parte de cualquier gobierno nacional. Ha primado habitualmente el cortoplacismo, la improvisación, la indolencia ante el conocimiento, la educación y la ciencia.

 

En los marcos de un mundo diferente de suma  cero; o de la sociedad de la información y la sociedad del conocimiento; o de la sociedad de redes; o también, igualmente, de la cuarta revolución industrial en curso, la preocupación por la ciencia y la investigación expresan, exactamente, la inteligencia o no de un gobierno, o de un sistema o régimen políticos.

 

La ecuación es entonces elemental: al descuido de la investigación científica y tecnológica de punta le corresponde bajos niveles de inteligencia y de altura moral. Algo que se demuestra, como por efecto Doppler, por corrupción galopante, púbica o privada.

 

¿Son suficientes los laboratorios de seguridad biológica 1, 2 y 3 existentes en el país? ¿Por qué razón no existe ningún plan o proyecto por crear o impulsar un SBL 4? ¿es que todo, en Colombia y en América Latina, nos llega tarde, hasta la muerte – como con agudeza sostenía Vallejo, el gran poeta peruano?

 

Anticipar eventos probables, proyectar el presente en escenarios distintos posibles y probables, prevenir en la medida de lo posible incluso lo inevitable: todos, rasgos de la buena ciencia, y de una política inteligente. Y sí, la política inteligente sólo puede nutrirse de la buena ciencia. A condición de dos cosas: que la ciencia sea posible, y que la política logre aprender de la investigación de punta en ciencia y tecnología.

 

En países como Colombia, estas dos condiciones no se cumplen necesaria ni suficientemente; hasta la fecha.