¿Es el proceso de paz sinónimo de innovación para la solución de conflictos en Colombia?

Locos son quienes vuelven a repetir una formula fallida una y otra vez, esperando un resultado diferente. ¿Y si empezamos a pensar que lo que no se había intentado antes, pueda funcionar?

Juanita Díaz Torres
Juanita Díaz Torres
Empresaria dedicada al sector social, Fundadora/CO I de Insistencia, artista visual y activista
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15 de Agosto de 2017

Tal vez la innovación en el caso de Colombia con respecto al proceso de paz implica no utilizar formas tradicionales para la solución de conflictos. En mi opinión, nuestro país utilizó la guerra para intentar llegar a acuerdos y ésta se convirtió en el pretexto de los partidos políticos, quienes competían entre si, a ver quién era capaz de ponerle fin.

La guerra se volvió el centro de atención y el pan de cada día, lo que nos llevó a acostumbrarnos a ésta. Puedo decir que desde mi infancia, lo que veía traducido en los noticieros era algo así como: Con más guerra se combate la guerra; pasaron los años y ésta fórmula nunca funcionó. Locos son quienes vuelven a repetir una formula fallida una y otra vez, esperando un resultado diferente.

En lo personal, yo no veo al proceso de paz como un acto simbólico de un presidente o el fruto para un Nobel de Paz, tampoco lo veo como un punto a favor de un partido político en particular. No sé cuál haya sido el interés real del partido ni del presidente, creo que nunca lo voy a saber.

Fuera de los premios y los acontecimientos 'simbólicos' del proceso en mención, yo lo veo como una oportunidad de solucionar conflictos de una manera distinta; para mí éste proceso de paz es un vehículo para poder llegar acuerdos como gente civilizada y abierta a un nuevo comienzo, con obstáculos, pero con nuevas posibilidades para el presente y futuro de la gente colombiana. No estoy queriendo decir que sea el proceso perfecto y único para llegar a la paz; nadie tiene la certeza de si éste va a funcionar o no.

Lo que he podido ver últimamente, es que desde que éste comenzó, hay menos militares heridos en el Hospital Militar de Bogotá, hay menos sangre en nuestro país y menos secuestrados. No nos digamos mentiras: hablemos desde los resultados.

Démosle una cabida a un proceso sin armas que nunca se había intentado en nuestra historia. ¿Quién quita? ¿Qué tal que éste cambio dé resultados positivos a mediano o largo plazo? Un nuevo capítulo está a punto de abrirse y todos nosotros podemos aportar en algo para que funcione.

Existe la opción de empezar a aceptar, en vez de juzgar, y, en algunos casos, discriminar, la realidad es que la mayoría de nosotros queremos lo mejor para Colombia. Por primera vez en la historia no estamos en el camino fácil, sino en el difícil.

No resulta sencillo perdonar y aprender a vivir con ex guerrilleros; a ellos tampoco les encantaría a aprender a vivir con quienes no tenemos sus mismos ideales. La utopía de la paz es imposible para cualquiera de los bandos, pero, de a pocos podemos optar por quitarnos las etiquetas y dejar de ser parte de la polarización. 

Consideremos que todos somos seres humanos y que no podemos seguir viviendo desde el miedo. Valiente es el que realmente escucha las opiniones de los que antes fueron sus enemigos y se atreve a llegar a consensos con ellos. No significa que todos estemos de acuerdo; significa que podemos ser capaces de respetar nuevas ideas, porque cuando éstas aparecen, surge también una gran oposición a su paso, que no es mala en tanto no aumente el conflicto.

Es claro que aún nos falta un larguísimo camino por recorrer; se necesitan muchas manos con un mismo objetivo para la construcción de un gran sueño. Ojalá que podamos vivir por fin en un país sin guerra y esperemos que ésta meta no sea de pocos, sino de todos.