Cualquier cosita es cariño

Toda acción pequeña, por más insignificante que parezca ante la avalancha de realidad aplastante, se vuelve una chispa que mantiene encendido el motor de burbujas tornasoladas que nos dedicamos a soplar, como si estuvieramos perdiendo el tiempo.

Catalina López
Catalina López
Directora Fundación Promedio
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28 de Noviembre de 2016

Basta observar la perfección del cuerpo humano: la porción del alimento diario es equivalente a la porción de sus desechos. La imagen puede resultarle a unos asquerosa pero es perfecta y podría ser un buen punto de partida, el más cotidiano, personal e indicador del buen o mal estado de salud, para comprender el término sostenibilidad. Si pasamos de esa imagen a la de los rellenos sanitarios en nuestras ciudades con esas chimeneas por la que salen amenzantes gases, o hacemos un tour por los ríos urbanos mal llamados caños, o si dejamos una semana sin vaciar las canecas revueltas de nuestras cocinas, podríamos captarlo: que negamos nuestros desechos y que la imagen de la cantidad de basura que producimos versus lo que nos da vida, es equivalente a la vergüenza de la gula: que no se alimenta sino que traga compulsiva, enferma.

La imagen que les comparto a continuación es el paquete de desechos inorgánicos que produjeron Mariana y su chico en casa desde febrero hasta noviembre este año. El texto que la acompaña lo compartió la semana pasada en su cuenta de Facebook y me sugirió muchas preguntas que ella ya se ha formulado desde los siete años y que desde entonces se contesta experimentando.

"Este es nuestro más reciente paquete de basura. El anterior lo sacamos el 27 de febrero de este año, hace 9 meses... Es decir: ¡superamos con creces nuestro récord! 

Y ahora estoy lista para el siguiente paso: vamos a hacer el experimento de no tener basurera en casa, sólo espacios para recolectar los materiales que son aprovechables (orgánicos y reciclables). Sí tendremos algún recipiente pequeño y transparente, que nos permita ver lo que vamos poniendo ahí. Que no esconda su contenido. Que nos lleve a entender mejor la basura que todavía generamos.

Esta decisión va por tres cosas: 1) Creo que es urgente que los humanos dejemos de esconder nuestra basura. Ojos que no ven, corazón que no siente... y si la vemos creo que no nos quedará más opción que buscar otras maneras de lidiar con ella (¡dejando de crearla, por ejemplo!). 2) Generamos tan poca basura en casa que ya no es práctico tener un basurero grande, que atrapa mucha mugre durante mucho tiempo. 3) Creo que este ejercicio de hacer visible lo que normalmente queremos esconder tiene una profunda relación con la etapa de la vida que estoy viviendo. Me he acostumbrado a acumular, guardar y esconder para ver cómo resuelvo mis asuntos después, y 

claramente eso no es sano. No es sano para mí ni para nadie, y evidentemente no es sano para el planeta. Así que esto será, también, algo así como un proceso terapéutico.

Me da pesar despedirme de este paquete de basura, no porque quiera guardarlo, sino porque sé a dónde va a parar: a un (mal llamado) relleno sanitario, a ocupar espacio que le quitaron a los árboles y los animales, a mezclarse con toda la basura que sale de Medellín, que chorrea cosas feas que finalmente contaminan la tierra, el aire y el agua.

Así es la vida: cuando no aprendemos a lidiar con nuestras cosas, terminamos por hacerle daño a otros cuando ya no nos queda más remedio que sacarlas.

Por eso me pone contenta mi nuevo experimento. A ver qué tanto más somos capaces de reducir nuestra huella de basura -observándola y entendiéndola- en un mundo en el que lo normal es esconder lo que no nos gusta, y cruzar los dedos para que no tengamos que lidiar con ello después". 

* * *

Pd: si tienes curiosidad y quieres saber cómo hemos logrado reducir nuestros residuos, aquí está la publicación en la que lo explico con detalle. Es viejita, ya hemos avanzado mucho más, pero todo lo que explico ahí sigue siendo válido: 

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