Cada una tiene su selva

Ocurre con el concepto de maternidad como con el de selva, se describe hasta el cansancio, pero solo se comprende cuando se está inmerso en ella. Esta es una conversación con Clare Weiskopf, directora de Amazona un documental que se estrena esta semana en Colombia y que se toma el tiempo para aceptar la madre y la hija que cada una es y llega a ser.

Catalina López
Catalina López
Directora Fundación Promedio
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21 de Agosto de 2017

Catalina López: ¿Es Amazona una película innovadora?

Clare Weiskopf: Yo creo que desde dos puntos de vista resulta innovadora. Primero, en el proceso de hacer la película empecé siendo una y terminé siendo otra. Empecé la película sin familia y luego siendo madre, que es un cambio dramático en la vida de toda mujer.

En ese sentido fue una reformulación de mi misma y de mis miedos, empezando por el de ser mamá, porque así uno lo desee, apenas recibe la noticia del embarazo uno se pregunta: ¿De verdad yo quiero ser mamá?, ¿Me va a cambiar completamente la vida, quiero esto? Llega toda la incertidumbre junto con la memoria de toda su familia y la película sucedía al tiempo que todo eso. Segundo, creo que la película rompe con todos los moldes que la sociedad nos ha impuesto al hablar de una mamá y  que han obligado a pensar en la buena madre.

Así, verla abre el espacio para darse la libertad de hablar sobre temas que no se hablan y que tienen que ver con que las mujeres que se vuelven mamás no solo son mamás. Ese miedo al qué dirán y esa falta de apoyo mientras se juzga, hace que sea muy difícil que las mujeres hablen sobre lo que sienten y es mal visto, y creo que la película activa un espacio social para que sea posible hablar de esas cosas con profundidad, sensibilidad y libertad.

C.L: ¿Qué decisiones importantes tomaste para hacer tu trabajo documental de esta manera y no de otra?

C.W: Fueron siete años porque en vacaciones grabamos con Nico. Los dos nos metimos en esto sin saber bien en qué nos estábamos metiendo, pensamos que en un año salía la película, pero hacer un documental es precisamente eso, es encontrar la clave universal para contar una historia personal y encontrar esa clave toma mucho tiempo. Poder tomarse el tiempo fue una decisión muy valiosa para que saliera la escencia de la narración. Ese tiempo incluyó el embarazo y el nacimiento de nuestra hija y así pudimos ir entendiendo lo que estábamos haciendo: meternos de lleno a contar lo que quería contar con Nico como fotógrafo y codirector. 

C.L: ¿Cómo es tu selva?

C.W: Yo no sé si soy la buena hija para mi mamá, pero es la que me tocó y la que me formó, soy lo que soy y ella es la que es, y es lo que cuenta la película, el duro encuentro de esos dos mundos, esa confrontación que es como la selva y el sentido de supervivencia estando ahí, en el lugar donde unos se comen a otros para sobrevivir sin piedad. La selva puede ser romántica, pero a mi me gusta más verla como Herzog, como un infierno agreste, fuerte, retadora, la madre naturaleza jodida. La selva no es para nada amigable, puede resultar encantadora pero es invasora.

C.L: ¿Cómo resulta trabajar con el esposo sobre un tema familiar, tan íntimo?

C.W: Yo no hubiera podido hacer esta película sola, tenía que haber una tercera persona y para hacerla así, esa persona tenía que ser muy cercana. Eso de meterse en dinámicas tan íntimas solo lo hace el marido, él me dio el impulso, la disciplina, el juicio y la organización que yo no tengo.