Cinco consejos que la teoría en emprendimiento no le dice a los emprendedores

Mucho de lo que predica la teoría del emprendimiento, es útil, pero no tanto si un emprendedor lo quiere aplicar en su día a día.  

Julio Andrés Rozo G
Julio Andrés Rozo G
Director de AISO- Academia de Innovación para la Sostenibilidad
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29 de Abril de 2016

Quiero compartir los siguientes 5 (cinco) aprendizajes que he tenido y que también comparto en mi libro  30 cosas sobre emprendimiento que nadie me enseñó en la universidadErrores recurrentes durante los primeros años del emprendimiento y recomendaciones para evitarlos:

1) Lo primero que me echo al bolsillo:  Cuando uno comienza su empresa, el afán y la angustia porque el dinero ahorrado va desapareciendo, lo lleva a uno a adoptar una posición de vendedor compulsivo. Si bien el objetivo es vender, la estrategia para hacerlo no es necesariamente forzar a que el primer acercamiento desemboque en una transacción inmediata. Uno de los principios en la vida del emprendedor sostenible, es lograr crear relaciones interpersonales que se mantengan en el tiempo. Un caso particular es con los futuros clientes o consumidores.

Cuando empecé a darme cuenta que los negocios iban resultando, reflexioné el por qué y me di cuenta que primero había construido una relación de confianza con quien ahora es mi cliente. En otras palabras, había logrado primero “echarme al bolsillo” a la persona, luego al cliente, y con el tiempo, la venta se había dado una y otra vez. En resumen: invierta en construir relaciones de confianza, toma tiempo, sea paciente con ello, pero la probabilidad de lograr no solo una, sino varias ventas, ¡aumentará!

2) Mi principal activo como emprendedor: Yo solía decir en mis clases y asesorías en emprendimiento que los principales activos de un emprendedor eran los contactos, los recursos financieros, los sistemas de crédito, los títulos académicos y el conocimiento. Si bien son muy importantes para emprender, con el tiempo y a medida que iba pasando el tiempo, me di cuenta que el más importante de todos es el estado de ánimo.

Fueron varias veces durante mi primer y segundo año como emprendedor (2013-2014) que a diario llegaba frustrado, aburrido, con ira, defraudado o me sentía engañado e incomprendido. En la vida del emprendedor, cada día es una experiencia: me cancelaron una reunión, me incumplieron una promesa de contrato, la persona que contraté me quedó mal, mi pareja me terminó porque yo andaba “en los rines” como decimos en Colombia (es decir, sin dinero) o mi cabeza estaba más en el emprendimiento que con ella, etc., etc.,etc. Si me preguntaran qué es emprender, podría decir que es sencillamente una sopa de emociones. Varias veces sentí ganas de abortar y emplearme para minimizar esa inestabilidad que supone ser emprendedor (bueno, luego de ver como dos buenos amigos perdieron recientemente su trabajo, reconozco que ser empleado tiene una inestabilidad incluso mayor). Sin embargo, cuando me di cuenta que el éxito del emprendimiento en sus primeros años es gestionar las emociones, la cosa empezó a fluir a mi favor y al de mi empresa.

Soy una persona positiva y busco siempre estar rodeado por personas así. Evito tomarme las circunstancias del día a día como algo personal, simplemente acepto que hace parte del negocio, ya no me dejo afectar por ello. Salgo a bailar, a cine, a teatro, estar con mis amigos, con mi pareja, con mi familia. En resumen, busco que mi energía esté al máximo para que pueda amortiguar cada pequeño traspié que inevitablemente siempre va a estar presente cuando se decide empezar una empresa.

3) El enfoque lo es todo: Cuando comencé mi empresa, llegaban a mi cabeza mil ideas sobre nuevas líneas de negocio: un día me entraba la euforia por hacer talleres presenciales en cómo crear productos sostenibles, al otro día me convencía que la mejor manera era no hacerlo presencial sino vía e-learning, y una semana después empezaba a crear una estrategia de asesoría y consultoría en emprendimiento sostenible. Luego de 7 meses revisé mis apuntes y tenía 34 diferentes líneas de negocio y me había dado cuenta que no había concretado ninguna de ellas. Para hacer corto el cuento, perdí tiempo, energía y recursos. Decidí entonces depurar, filtrar y empezar con una, concretarla, validarla y luego seguir con la otra. Y si, la parte emocional juega un papel aquí. A veces me daban ganas de saltar a una nueva idea puesto que estaba convencido que el camino era por ahí. Pero hice el esfuerzo de disciplinarme y ser consecuente con un plan de trabajo. Bien, luego de 14 meses, empecé a ver resultados concretos.

4) ¿Insistir, persistir y nunca desistir?: Este consejo lo veo muy frecuentemente en memes o lo escucho en conferencias de emprendimiento. La verdad es que a veces si aplica y a veces no. Hay momentos en los que definitivamente el mercado no está listo o no quiere aceptar lo que ofrecemos, o en otras en el que el marco institucional no lo permite. En esos casos amigos emprendedores, es mejor no insistir, no persistir, sino más bien, repensarse.

5) Hay que saber cuando ceder: En el emprendimiento es muy importante dar para luego poder recibir. En la vida del emprendedor muchos olvidan aplicar esta estrategia debido a la presión que significa el necesitar flujo de caja de manera inmediata.

En mi caso, habían situaciones en las que el daba asesorías o entrenamientos en sostenibilidad de manera gratuita si tenía la sensación de que la organización que las iba a recibir, se iba a enganchar y posteriormente comprarle paquetes de entrenamientos más grandes. Aunque hay que aceptar que a veces esta técnica funciona y a veces no, vale la pena intentarlo como estrategia de venta, pero también de posicionamiento de marca.

Feliz día

Director de AISO