Un caminar

La tutoría es un caminar y por eso de tanto en tanto deberíamos hacerla mientras damos un paseo.

Javier Caballero Sánchez
Javier Caballero Sánchez
Docente Investigador
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02 de Junio de 2017

Cerré el texto anterior, como quien termina una conversación inconclusa; con una cita de un poema y una que otra nota pendiente por incluir. Lo hice para compartir mis reflexiones sobre la tutoría, como una metáfora de . Al fin y al cabo, como exclama Byung, las metáforas son el aroma que desprenden las cosas cuando entablan amistad.

La cita es del Poema Piedra de Sol de Octavio Paz, publicado por primera vez en septiembre de 1957, en la colección Tezontle del Fondo de Cultura Económica de México. Las versiones posteriores eliminaron una nota que fue incluida en la edición conmemorativa por el cincuenta aniversario de su primera edición. Esta edición, que llegó a mis manos gracias al casino de la supervivencia; en medio de una conversación con el profesor Giraldo, mientras esculcábamos entre las librerías de la carrera octava con diecisiete, incluyó nuevamente la nota original, acompañada de una antología de lecturas críticas. En una cajita color rojo escarlata. En la nota, Paz describe la portada del libro, en la que aparece la cifra 584 escrita con el sistema maya de numeración. Los 584 endecasílabos del poema. “Los seis últimos no se cuentan porque son idénticos a los seis primeros”; con los que vuelve a empezar el poema. Por eso habla del fin de un ciclo y el principio de otro.

En vez del punto final, el poema termina con el signo de la continuación, de la continuidad. Piedra de Sol, como la Piedra del Sol que le da el nombre, el Calendario Azteca, no tiene comienzo ni fin sino la fluidez de la vida y el girar de la rueda de los días; es la memoria de los “soles” o épocas que precedieron al Quinto Sol bajo el cual vivimos (Pacheco)

No sabría elegir los versos con los que empiezan y terminan las tutorías. Cada quien escribe los propios. Lo que sí sé y eso lo he ido aprendiendo con el paso del tiempo, es que no cesa el día de la sustentación. No es raro que un estudiante, ya graduado, se comunique con su tutor para compartirle los avances de su trabajo o para enviarle un texto que acaba de escribir y de esta manera, la conversación continúa. Ocurre lo mismo con los estudiantes de la educación media quienes no ven el momento de salir del Colegio pero, con cierta nostalgia quisieran seguir ligados a éste. Muchos esperan impacientemente que se acabe el año escolar para luego desear que todo sea como antes. Otros, al finalizar la tutoría concluyen que habrían podido hacer el mismo trabajo sin el apoyo de su tutor. O incluso, que han llegado a puerto, a pesar de éste. El estudiante que traza su propio camino logra cierta independencia difícil de describir. Como el viajero que lleva en un folleto para guiar sus pasos que, de hecho sabe nunca usará, porque confía en que el camino se irá mostrando al ritmo de sus propias expectativas. Thoreau exclamó. “Si alguna experiencia poseo que juzgo preciosa, seguro estoy de que nada han dicho de ella mis mentores”.

La tutoría es un caminar y por eso de tanto en tanto deberíamos hacerla mientras damos un paseo, para acompañar la conversación con la complicidad de los árboles, como los eucaliptos que observo desde esta ventana. Por cierto, los buenos libros son como los árboles, que aguardan pacientemente por aquel lector que practica la pedagogía del mirar. En una de sus cartas, Octavio Paz le escribió a Elena Poniatowska “creo en la pedagogía de los árboles y del viento más que en la moral de los profesores” Pero hoy en día la tutoría parece zambullirse ante la avalancha de correos o en la corrección inexpresiva del control de cambios. Conozco algunos textos, que no sé cómo, pero han logrado sobrevivir al control de cambios. Éste lo permite todo; incluso hacer comentarios sobre algo que no se ha leído con atención. Internet es al mismo tiempo la cámara de los horrores y el retablo de las maravillas, señalaba José Emilio Pacheco, mientras recibía el Premio Cervantes.

Creo que algo le falta a la tutoría que se priva del diálogo. Nada atenta contra la pedagogía del mirar como los trabajos que no se subrayan en voz alta. La métrica del tiempo riñe con la mística de la conversación. Nunca es suficiente, sobre todo cuando de preparar la defensa se trata. Steiner, en cuestiones educativas, se pregunta ¿Cuánto tiempo más podrán mantener los vitales lujos de las tutorías cara a cara, de los trabajos escritos semanales que se piden y se juzgan individualmente?

Conozco lugares en los que reina la versión instrumental de las tutorías. Allí lo importante no es el diálogo sino el acta que se firma, o la lista de asistencia que se registra diligentemente. Como quien toma nota de un suceso poco importante. Paz, en el Laberinto de la Soledad lo advertía: “Vivimos en un mundo de técnicos (…) El gobierno de los técnicos, sería así el gobierno de los instrumentos. La función sustituirá al fin; el medio al creador. La sociedad marcharía con eficacia, pero sin rumbo” ¡Qué falta nos hacen los estudios sobre la tutoría en esta sociedad del cansancio! Que profundicen en el desencanto de los estudiantes esperanzados por un acompañamiento más profundo o en el cansancio de los maestros que se derrumban cuando ven que sus alumnos parecen no soportar la mirada por más de treinta segundos sin sucumbir en la tentación de revisar su celular. ¿Es esa la Universidad que nos espera?

Los primeros versos del poema Piedra de Sol resuenan en mi cabeza como una canción de Caetano Veloso que se desiste a desaparecer. Entre tanto, me ha ayudado a darle alcance a la música de la conversación y a su caminar. “un caminar de río que se curva, avanza, retrocede, da un rodeo y llega siempre:”

Javier Caballero Sánchez

Posdata:

Yo, que apenas me asomo al cuarto de un aprendiz de historias, quisiera hacer un brevísimo homenaje a Elena Poniatowska por acompañarme durante estos años de lectura de Octavio Paz. Ella, sin saberlo, ha sido en varias ocasiones como una lámpara en la mesita de noche, que acompaña mis inquietudes como lector infrecuente.

Notas:

  1. Chul-Han, Byung (2015) El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse. Herder. Barcelona.
  2. Pacheco, José Emilio (2007) Descripción de Piedra de Sol. Fondo de Cultura Económica. México.
  3. Paz, Octavio. (2014). El laberinto de la soledad. Posdata Vuelta a “El laberinto de la Soledad” Fondo de Cultura Económica. México.
  4. Paz, Octavio. (1957). Piedra de Sol. Colección Tezontle del Fondo de Cultura Económica. México.
  5. Poniatowska Elena. (2015) Las Palabras del Árbol. Seix Barral. México.
  6. Steiner, George (2008). Cuestiones educativas, en “Los libros que nunca he escrito”. Ediciones Siruela. México.
  7. Thoreau, Henry David. (1945) Walden o la Vida en los Bosques. Emecé Editores S.A.