Tres lecciones de los mejores ‘profes’ del mundo

Como lo señalaron los expertos presentes en el Tercer Congreso Internacional de Escuelas Nuevas (III CIEN), Colombia tiene dificultades con la cobertura y la calidad de la educación, pero al mismo tiempo tiene la solución: Escuela Nueva. Y es así porque ha demostrado logros al poner al estudiante en el centro del cambio pedagógico. Otras enseñanzas que dejó el evento.

Angela Constanza Jerez Trujillo
Angela Constanza Jerez Trujillo
Gerente de Responsabilidad Social
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15 de Noviembre de 2016

En los últimos dos años, Andy Hargreaves ha estado entre los diez académicos con mayor influencia en el discurso educativo de Estados Unidos, donde nació. Su nombre aparece en la lista de los 200 investigadores seleccionados entre 20.000 docentes universitarios dedicados a analizar la educación. La clasificación la hace un comité del más alto nivel integrado por 26 personalidades. Al escucharlo se entiende por qué está entre los académicos top. Sus argumentos son fáciles de comprender y los comunica con una buena dosis de humor.

Asegura que el sistema educativo es arcaico porque los maestros siguen enseñando como ellos aprendieron y aprendieron sus maestros, pero no lo hacen porque quieran mantener esas viejas metodologías, sino porque no los dejan innovar y en gran parte se debe a las pruebas estandarizadas. Por eso pide que dejen a los maestros explorar nuevas formas de enseñanza y a los profesores que no tengan miedo a hacerlo. Es más, los motiva a pensar en nuevos métodos para que generen verdaderos impactos en sus alumnos, pues los aprendizajes profundos, que dejan huella en el alma, son los que quedan para toda la vida.

“Cuando a un estudiante le presentan experiencias importantes para el resto de la vida, sube el promedio de calificaciones. Ese aprendizaje que cambia las relaciones con las asignaturas beneficia al estudiante y nos beneficia a todos”, dijo en el Tercer Congreso Internacional de Escuelas Nuevas (III CIEN), convocado por la Fundación Escuela Nueva Volvamos a la Gente (FEN) y respaldado por el Ministerio de Educación Nacional, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y la Secretaría de Educación de Bogotá.

Hargreaves es director del Departamento de Educación Thomas Moore Brennan en el Lynch School of Education del Boston College (EE.UU.), estuvo en Colombia por primera vez para compartir sus puntos de vista con otros expertos internacionales y nacionales de educación, 36 en total, que vinieron de diferentes partes del mundo: Canadá, Inglaterra, Uruguay, Argentina, México, Japón, Estados Unidos, Chile… Estuvieron, por ejemplo, Michael Fullan (Canadá), asesor de varios gobiernos de América en reformas educativas; Angela Little (Inglaterra), consultora en educación de Unicef y el Banco Mundial; Ernesto Schiefelbein (Chile), doctor en Educación de la Universidad de Harvard y exministro de Educación de su país, y Beryl Levinger, profesora distinguida y presidenta del Programa de Práctica y de Política del Desarrollo en el Middlebury Institute of International Studies of Monterey (EE.UU.). Ha trabajado en más de 90 países con organizaciones como el Banco Mundial, Acnur, Usaid, Save the Children y el BID.

Me atrevo a señalar las tres enseñanzas que me dejó el Congreso con estos importantes ‘profesores’.

1. Colombia tiene la solución. En repetidas ocasiones, como lo señaló recientemente Unicef en su informe sobre la situación de América Latina (El aprendizaje bajo la lupa: Nuevas perspectivas para América Latina y el Caribe), los diferentes panelistas insistieron en que Escuela Nueva, el modelo pedagógico creado en el país en los 70 para dar educación primaria en el campo, se erige como la solución para asumir los desafíos en calidad y cobertura en educación, no solo en Colombia, también en América Latina. De igual forma, indicaron que es uno de los métodos de aprendizaje para el posconflicto.

Entre sus razones están que valora el aprendizaje cooperativo, democrático y relevante. Mejora la autoestima, el sentido de pertenencia y las habilidades de convivencia de los estudiantes. De igual forma, que en los 90, cuando Escuela Nueva tuvo fuerza en el sector rural, junto con Cuba, Colombia logró los mejores resultados en calidad en la educación de esta zona, pero también ha demostrado que el aprendizaje que alcanza no solo es en escuelas rurales, igualmente lo es en las urbanas. Además, posibilita aprendizajes profundos porque los estudiantes interactúan, son co-creadores de conocimiento y, como lo han evidenciado estudios (Rosario y Universidad de Londres), desarrolla habilidades para la paz y la reconciliación. Finalmente, Escuela Nueva no solo ofrece lecciones para cambiar las escuelas sino también para cambiar la cultura del sistema que va desde el Ministerio de Educación hasta el aula.

2. El aprendizaje profundo debe ser el principio de la enseñanza. Los panelistas insistieron que antes que cualquier contenido, la escuela debe pensar en cómo lograr una relación buena y fuerte con el estudiante, porque eso le permitirá formarlo y ayudarlo en su desarrollo humano. En ese sentido, el maestro y la escuela deben entender el “patrimonio” del alumno, de dónde viene y para dónde va. Deben recibirlo con todo lo que llega  sus vidas. Deben darle nuevas experiencias y más intensas para lograr un aprendizaje profundo y en eso es clave tener una excelente narración que logre engancharlo, vincularlo, comprometerlo, así como compartir las experiencias, mostrar al estudiante que lo que está aprendiendo es relevante (dijo Levinger a manera de ejemplo: “para mí es relevante mi celular porque tengo mis fotos, mi registro musical, mis archivos, está personalizado, a eso me refiero con relevante”) y permitir el aprendizaje en lugares diferentes al salón.

3. La escuela puede y debe ayudar a construir la paz. Si bien las exigencias de la enseñanza y el ejercicio de la democracia y la paz superan la escuela, es indispensable que ayude en ello. Una tarea que le queda difícil porque la educación es segregada: los pobres estudian con los pobres y los ricos con los ricos y otros no tienen posibilidad de ir a la escuela. Se requieren entonces encuentros genuinos en la diversidad para que se pueda construir democracia y paz. En otro nivel se debe insistir en la construcción de un currículo que enfatice un contenido de competencias y capacidades socioemocionales y ciudadanas, que pasa por la construcción de la identidad y el respeto por la de los demás, por lograr empatía, y por una educación para la reconciliación, el perdón y memoria. También por la atención superior a la educación rural rezagada históricamente por el olvido del Estado.