Ser Pilo Paga: universidades públicas o privadas, un falso dilema

La mayor virtud o resultado más relevante del programa Ser Pilo Paga es que logró mostrarle al país la seria problemática que tienen las Universidades Públicas con relación a su financiamiento, la percepción que se tiene de ellas y la urgente necesidad de dar soluciones a esto.

Hernando Bayona Rodriguez
Hernando Bayona Rodriguez
Profesor, Facultad de Educación, Universidad de los Andes
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08 de Noviembre de 2017

El programa Ser Pilo Paga (SPP) tiene resultados “impresionantes”, aunque algunos muy obvios. Por ejemplo, uno de los resultados más sonados es que SPP ha aumentado la cobertura en el segmento de estudiantes más pobres. Lo cual resulta ser una obviedad, pues si se aumentan los recursos para financiar la matrícula, particularmente a los que no podrían ir a la universidad por falta de recursos, es natural que el número de estudiantes matriculados en este segmento aumente. Incrementar los recursos a la educación superior se podría haber hecho de muchas formas; por ejemplo, aumentando la financiación a las universidades públicas y con seguridad el aumento de cobertura también se hubiera dado.

Pero no quiero discutir en esta columna las inmensas bondades que se han venido publicando del Programa, y a las cuales se les ha dado una enorme publicidad en la búsqueda de convertir a toda costa a SPP en una . En lugar de esto, quiero enfocarme en uno de los resultados que considero más destacables del Programa y que no se ha discutido desde esta perspectiva. SPP logró mostrarle al país la seria problemática que tienen las universidades públicas con relación a su financiamiento, a la percepción que se tiene de ellas y la urgente necesidad de dar soluciones a esto.

¿El libre mercado opera en el “mercado del servicio de educación”?

SPP ha generado un gran debate entre universidades públicas y privadas, y como es de esperarse, cada uno defendiendo sus propios intereses. Los que defienden a capa y espada SPP tienen como uno de sus principales argumentos la competitividad. Se espera que si el “mercado del servicio educativo” funciona, como dicen los libros de texto de economía, las universidades buscaran mejorar su “servicio” (calidad) y de esta manera competir por mayores clientes (estudiantes). El problema de este supuesto es que en realidad el sistema educativo no funciona como un mercado de libre competencia debido a las barreras de la regulación, entre otras tantas características propias de la educación superior en Colombia.

SPP mostró lo difícil que les queda a las universidades públicas ajustarse al mercado de oferta y demanda del servicio educativo. I) Mientras la universidad privada rápidamente entendió que el cobro de la inscripción era una barrera de acceso para sus potenciales aspirantes provenientes de SPP (exceptuando a la Universidad de los Andes que nunca ha cobrado inscripción), la universidad pública no pudo reaccionar, y no ha reaccionado con relación a este tema. Por ejemplo, aún en la universidad pública se siguen haciendo exámenes de admisión y cobrando los formularios de inscripción. II) La universidad privada no tiene problema con la creación de nuevos cupos; por ejemplo, la tasa de crecimiento de la matrícula antes de 2014 era cercana al 6%, con SPP esta tasa llegó a más del 24% para las universidades privadas (SNIES, 2017). Para esto, las universidades privadas tienen flexibilidad de contratar nuevos profesores, que esperamos sean de la misma calidad de los que habitualmente tiene, y construir nueva infraestructura o alquilar edificios. Por su parte, la universidad pública cuenta con una planta profesoral congelada desde los 90s y una gran dificultad para hacer inversiones importantes, solo se puede contratan un profesor de planta cuando otro profesor deja el puesto. III) Las universidades privadas pueden incrementar el valor de su matrícula por arriba del IPC (Ley 30 de 1992, Decreto 0110 de 1994). Por ejemplo, la Universidad de los Andes aumentó la matrícula de $10.095.000 en el 2010 a 15.600.000 en 2017, lo que implica un crecimiento del valor de la matrícula de 52,6% en ese periodo. Por su parte, las universidades públicas tienen atado su presupuesto a un crecimiento constante y los ingresos por matrículas, que dependen de la situación económica de las familias, están atados al aumento del salario mínimo.

La pregunta es ¿qué genera la poca maniobra que tienen las universidades públicas? La respuesta es corta: la Ley 30 de 1992. Esta determina el crecimiento del presupuesto de las universidades públicas en el país, el cual está enlazado al IPC. Esto significa que las universidades públicas no pueden crecer a la velocidad que se requiere. Esta Ley, pertinente para su tiempo, no consideró los retos actuales de la universidad. Por ejemplo, las universidades modernas son intensivas en infraestructura tecnología, que requiere toda una inversión en telecomunicación, bases de datos de revistas, entre otras. Adicionalmente, hoy se les exige a los profesores universitarios mayor formación (doctorado) y publicaciones e investigaciones, lo cual está alineado con los temas de calidad. Todo lo anterior implica una mayor inversión y costos de funcionamiento, que tampoco contemplaba la Ley.

 

Los estudiantes del programa SPP no necesariamente van a las mejores universidades.

Ya son 45 universidades acreditadas de alta calidad en Colombia, esto es otro posible logro de SPP, pues antes del Programa solo había 33. Es probable que el Programa hubiera incentivado a que las universidades realizaran los procesos de acreditación de alta calidad para poder aumentar su matrícula con recursos del Estado. Sin embargo, no todas las acreditaciones son iguales pues los años de acreditación oscilan entre 4 y 10 años, lo cual está asociado a la calidad de la universidad. En este momento tan solo 12 universidades tienen acreditación de alta calidad con vigencia de 8 a 10 años, lo que representa tan solo el 27% de las universidades acreditadas de alta calidad con esta vigencia.

 

Por otro lado, Colombia tiene universidades públicas de talla mundial como la Universidad Nacional de Colombia, Universidad de Antioquia, Universidad del Valle y Universidad Industrial de Santander (UIS). Según el ranking estas instituciones hacen parte del grupo de las diez universidades colombianas que están entre las primeras 1.000 del mundo y entre las primeras 100 de Latinoamérica. Las universidades privadas destacadas en este ranking son en orden: Universidad de los Andes, Universidad Externado de Colombia, Pontificia Universidad Javeriana, Universidad De La Sabana, Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario y Fundación Universidad Del Norte.

 

Luego de revisar los rankings internacionales y compararlos con el tiempo de acreditación, se encontró que las primeras 10 universidades del país tienen mayor periodo de acreditación de alta calidad, entre 8 y 10 años. Esto muestra que el tiempo de acreditación está relacionado con la calidad de la universidad. Esta revisión también permite concluir que hay una gran variabilidad de calidades entre universidades, incluso al interior de las denominadas acreditadas de alta calidad. Es posible que los beneficiarios de SPP estén yendo a universidades no tan buenas pensando que la señal de “acreditación de alta calidad” es suficiente. Por ejemplo, las primeras diez universidades del país tan solo atienden el 34,43% de los beneficiarios de SPP, 28,15% en el sector no oficial y 6,28% en el sector oficial. Esto significa que la mayoría de los beneficiarios de SPP están asistiendo a universidades privadas de inferior calidad por el hecho de estar reconocida como de alta calidad.

 

Se debe destacar que las universidades públicas vienen desarrollando una tarea igual a la del programa SPP desde siempre, pero con menos recursos y visibilidad, . Las IES públicas atienden población altamente vulnerable que, sin los programas de estas universidades, les sería imposible soñar con ir a la universidad. Por ejemplo, la Universidad Nacional tiene programas especiales de admisión para comunidades indígenas y afros, también cuenta con programas de alimentación y subvención para estudiantes de escasos recursos.

Conclusiones

No es que la universidad pública no quiera competir, pues siempre lo ha hecho, lo que la universidad claramente requiere es una reforma seria sobre su forma de financiación. Si se quiere que la universidad pública “compita”, se requiere desatarle las manos y darle unos mínimos grados de libertad. Por ejemplo, se requiere una nueva estructura de financiamiento que le permita a la universidad pública moverse con las necesidades del país en materia de calidad y cobertura; una posibilidad es que sus ingresos estén determinados por estudiante atendido o número de créditos matriculados por estudiante y no un presupuesto global como pasa actualmente.

La acreditación de alta calidad ya no es una señal diferencial entre IES, ojalá todas lleguen a ser de alta calidad y que este sea el mínimo racero para poder funcionar como IES en Colombia. Se requiere otra medida que señale la calidad de las universidades, y que de continuar SPP puedan aplicar a los recursos. Por ejemplo, los rankings internacionales o el tiempo de acreditación de alta calidad podrían ser las señales que se requieren.

Son indudables los efectos positivos que SPP tiene sobre las familias de los beneficiados que son exitosos en el Programa; sin embargo, dado lo prematuro del Programa, aun es difícil hacer conclusiones sobre el efecto global que este tendrá. Por lo tanto, surgen varias preguntas que por ahora quedarán abiertas ¿Cuáles son las consecuencias para los SPP que no logran ser éxitos y salen del Programa? ¿Cuáles son las externalidades del Programa para las universidades públicas? ¿Qué pasa con los que no son SPP? ¿Los beneficiarios SPP regresarán a sus regiones? y de no ser así ¿Cuál será el efecto para la región?

 


Estadísticas - Sistemas información. (2017). Mineducacion.gov.co. revisado 25 July 2017, de 

Universidad de los Andes. (2017). Valores Matrícula 2017. Matriculas.uniandes.edu.co. Revisado 25 July 2017, from

Noreña Jaramillo, F., Mejía Alfaro, G. E., Agudelo García, R. A., Fong Lozano, J., Arias Orozco, F. H., Noguera Serrano, J. A., ... & Rincón Laverde, T. (2012). Desfinanciamiento de la Educación Superior en Colombia: La realidad de la crisis en el sistema de financiación de las Universidades Estatales.

Respuestas al Debate (2)

Jorge Riveros

08 de Noviembre

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De acuerdo con que es necesario actualizar los mecanismos de financiación de ...+ ver más

De acuerdo con que es necesario actualizar los mecanismos de financiación de las universidades del sistema estatal; sin embargo, debemos propender por que estas tengan unos mejores sistemas de gobierno corporativo. La alerta la emite la Corporación Transparencia por Colombia en su índice, el cual revela los riesgos de corrupción en las diferentes Instituciones de Educación Superior públicas ​ http://indicedetransparencia.org.co/ITN/EducacionSuperior 

Henry Castro Gerardino

09 de Noviembre

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Es un buen análisis. Le añadiría lo siguiente: muchos calificados en el pro...+ ver más

Es un buen análisis. Le añadiría lo siguiente: muchos calificados en el programa SPP no logran ni la universidad ni la carrera que desean y su clasificación solo les sirve para una sola ocasión, de tal manera que de no acceder a una universidad, en el semestre correspondiente, se quedan con un sabor amargo de saber que son buenos alumnos pero condenados a quedar por fuera de la educación superior. Comparto su criterio en el sentido de que las universidades públicas deben tener facilidades para manejar mayores recursos, destinados a el programa SPP. Aún con el riesgo de la corrupción que rodea el manejo de los recursos públicos. El programa es bueno y ayuda a muchos buenos estudiantes, de paso promueve el esfuerzo individual, e incentiva la autoestima familiar, pero su implementación nos ayudó a visualizar una arista de la marginación social.