Se necesita un/a maestro/a

En esta época necesitamos profesores y profesoras que cumplan unos requisitos en cuanto a su ser (no solo a su saber) . ¿Se atrevería a construir un decálogo del profe o la profe ideal? Aquí va una propuesta.   

Miriam Cotes
Miriam Cotes
Proyectos de Educación Señal Colombia-Colombia Diversa
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15 de Junio de 2017

Cuando estaba en el colegio, eso hace ya varias décadas, a las profes (estudiaba en un colegio de solo niñas con solo profes mujeres) les gustaba leernos un texto que se llamaba Se necesita un muchacho, cuyo autor desconocía en esa época y sigo desconociendo hoy.

En ese tiempo no se hablaba en los colegios ni de la equidad de géneros ni del feminismo de la diferencia, ni siquiera de que el género era una construcción cultural pese a que Simone de Beauvoir había publicado desde 1949 su revolucionario El segundo sexo.

Aunque entre nosotras no había ningún muchacho, la profesora que nos infligía el texto, nos miraba como diciéndonos que el muchacho que se necesitaba también podría ser una muchacha, si se le hacían ciertos ajustes a las peticiones, claro está.

Decía el texto:

Se necesita un muchacho; un muchacho que se pare recto, que obre con rectitud, que hable con sencillez.

Un muchacho que escuche atentamente cuando se le hable, que pregunte cuando no entienda y que no pregunte sobre lo que no le importe.

Un muchacho cuyas uñas no tengan luto, cuyas orejas estén limpias, cuyos zapatos estén lustrados, cuya ropa este cepillada, cuyo cabello no esté en desorden y cuyos dientes estén bien cuidados.

Un muchacho que se vea alegre, que tenga una sonrisa para todo el mundo y que nunca esté huraño.

Un muchacho que sea respetuoso y atento con todos, y sobre todo con sus mayores.

Un muchacho que ame su colegio y lo haga quedar bien en todas partes por su conducta intachable.

Un muchacho que nunca se atreva a garabatear o a escribir groserías en las paredes o el mobiliario.

Un muchacho que sea amigo de las plantas y que nunca maltrate a los animales.

Un muchacho que sea tan puntual en sus obligaciones como el sol que nunca se atrasa.

Un muchacho que no fume y que tampoco tenga deseos de aprender. Que no le gusten los licores.

Un muchacho que cuando no sepa una cosa diga: “no sé” y cuando cometa un error diga: “me equivoqué” y cuando se le pida que haga una cosa diga “voy a hacerla”.

Un muchacho que hable con la frente alta y diga siempre la verdad, cueste lo que cueste.

Un muchacho que demuestre interés en hablar bien su lengua.

Un muchacho que guste de leer libros buenos y sanos.

Un muchacho que sea bueno con su madre y tenga más intimidad para con ella que con nadie.

Un muchacho cuya presencia inspire confianza.

Un muchacho que no sea hipócrita ni pedante, si no franco y agradable feliz y lleno de vida.

 

Ese texto se me quedó grabado de tanto que nos lo repitieron. No creo haber cumplido, a mucho honor, con ese ideal que desde que era niña ya me parecía como anticuado, pero recordándolo se me ocurrió que uno podría escribir, tal vez como una pequeña y dulce venganza (ja, ja, ja, no hablo en serio), un texto similar sobre los maestros/as actualizándolo a la época y tratando de pensar en lo que se requeriría de la educación a ver si todos no terminamos como un personaje de Black Mirror o un habitante del barrio más pobre y delincuencial de Nairobi (no se quiere ofender a  nadie en Nairobi).

Aquí va mi intento, con la propuesta de que entre tantos educadores buenos que hay que hay en el país, tantas personas pensantes y tantos estudiantes pilos (aunque no se ganen becas) construyamos un decálogo del profesor ideal:

1.    Se necesita un/una profe que sea honesto, que obre con honestidad, que hable con sencillez.

2.    Un/a profe que escuche atentamente cuando se le hable, que pregunte cuando no entienda.

3.    Un/a profe que se vea alegre, que tenga una sonrisa para todo el mundo cuando sea pertinente y que no esté huraño con tanta frecuencia.

4.    Un/a profe que sea respetuoso y atento con todos, y sobre todo con sus menores.

5.    Un/a profe que sea amigo de las plantas y que nunca maltrate a los animales.

6.    Un/a profe que sea tan puntual en sus obligaciones como el sol que nunca se atrasa.

7.    Un/a profe que cuando no sepa una cosa diga: “no sé” y cuando cometa un error diga: “me equivoqué”.

8.    Un/a profe cuya presencia inspire confianza.

9.    Un/a profe que guste de leer libros.

10. Un/a profe que no sea hipócrita ni pedante, si no franco y con una vida satisfactoria.

Tal vez esto sea mucho pedir en un país donde los profesores/as casi, casi pertenecen a la casta de los dalitss (parias, invisibles) y donde tienen que hacer paros de más de un mes sin posibilidad de acuerdo para que les reconozcan condiciones mínimas de salario y trabajo… Pero soñar no cuesta nada y como dijo Jesucristo: ¡Pedid y se os concederá!

Pero, ¿cuál sería su decálogo de profesor/a ideal?