¿Qué es la paz?

Pensar la paz sólo como un fin puede inducir a algunos a fomentar la guerra con el fin de conquistarla: un fin tan noble puede merecer los medios que sean necesarios. Por eso también hay que insistir en que la paz es un medio: un camino, distinto a la guerra, para lograr el país que queremos.

Enver Torregroza
Enver Torregroza
Profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario
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21 de Diciembre de 2017

Pensar la paz sólo como un fin puede inducir a algunos a fomentar la guerra con el fin de conquistarla: un fin tan noble puede merecer los medios que sean necesarios. Por eso también hay que insistir en que la paz es un medio: un camino, distinto a la guerra, para lograr el país que queremos.

El problema es que no estamos siempre de acuerdo con respecto al país que queremos. Muchos quisieran un país sin conflictos, donde la confrontación está ausente, donde todos se comportan y piensan de una sola forma. Pero justamente esa forma de entender la paz —y el país— es la que causa la guerra.

La paz no debe ser definida como una paraíso de perfección y orden en el que no cabe conflicto alguno. Semejante reino de la paz implicaría eliminar a todos aquellos que no están de acuerdo con uno: el infierno totalitario —de izquierda o de derecha, da igual.

La paz no puede ser idealizada, convertida en el sueño de un país en el que todos piensan lo mismo. Eso es absurdo. Construir un país en paz es educar para aprender a vivir y disfrutar el disenso. Aprender a aceptar el conflicto, no rechazarlo.

Quien rechaza el conflicto y desea suprimirlo de raíz, termina en realidad reprimiéndolo, porque nunca se puede eliminar de verdad. Termina ejerciendo violencia. No importa el medio como la ejerza, con la actitud, las palabras o las armas.

La realidad es que los seres humanos no podemos estar de acuerdo en todo. Que somos seres conflictivos, que no estamos tan dispuestos a aguantarnos al vecino por que sí. Y no tenemos por qué hacerlo. La convivencia implica conflicto. Entender la cultura de paz como la obligación de sonreírle y decirle que sí a todo el mundo es forzar el alma humana mediante la violencia para que se trague lo que siente y piensa. Todos sabemos que la represión es un camino seguro hacia más violencia.

Por ello la paz no es un asunto de buenos y malos: en una esquina los buenos que quieren la paz, en la otra los malos que aman la guerra. En realidad, hay tantas y tan buenas razones para hacer la guerra como para no hacerla. Incluso la paz puede ser, para algunos, una excelente razón para hacer guerras.

La guerra generalmente es un medio para lograr un fin superior: un desorden necesario para lograr el orden, violencia para eliminar la violencia. Sólo en pocas ocasiones la guerra es un fin en sí mismo: en las culturas de la guerra, sociedades en las que la guerra es una costumbre avalada por la tradición y la razón de ser de todos.

La guerra puede ser por ello causada por una comprensión equivocada de lo que significa la paz. No es solo que existan distintos medios o caminos, pacíficos o violentos, para conquistar una paz unívoca, la misma para todos, una paz que no existe. La cuestión es que “respirar en paz” puede significar cosas distintas para distintas personas. Visiones de la paz que están en conflicto.

El problema principal al que se enfrenta la construcción de paz es el predominio de los discursos que entienden la paz de una sola forma o la idealizan.

¿Cómo construir un país sobre la base de la paz y no sobre las bases de la guerra? ¿Cómo pasar de una cultura de la guerra a una de la paz? Depende en principio de qué entendamos por paz. Depende de que aceptemos la conflictividad humana y de que asumamos la paz como un medio para vivirla.

Depende de qué decisiones tomemos con respecto al lugar de la guerra en nuestras vidas.

En Colombia hay dos maneras de entender la paz: la primera es la supresión radical del enemigo, la eliminación del otro que no es como nosotros. Por ejemplo, la supresión radical de los actores armados ilegales, es decir de la violencia que es ilegítima para el Estado y la sociedad que abriga. O por ejemplo –y es el mismo tipo de paz— la destrucción del Estado injusto y la sociedad que protege, ilegítimo a los ojos del rebelde. Según este punto de vista la causa del problema está en el actor de la guerra, no en el libreto. Se cree que eliminando el actor se cambia la obra.

La otra manera de entender la paz no pasa por la eliminación del otro. Según la segunda manera de entender la paz ésta no se logra cuando el enemigo muera sino cuando los miembros de la sociedad logran ser enemigos sin matarse. Tremendo reto, pues vehicular el miedo, la rabia, el odio, el desprecio o incluso la hartera que nos producen otros, sin intentar matarlos, implica un esfuerzo. Aceptar que tienen lugar en nuestra sociedad y voz y que merecen ser escuchados, es otro esfuerzo.

Aceptar pacíficamente el conflicto permanente es más difícil que la búsqueda inacabada de su eliminación mediante la guerra. La paz como medio, que se construye día a día, exige trabajo. Es demandante. Es una dificultad. Si no, que lo digan los que han sido víctimas directas del conflicto armado en Colombia y están en el trabajo de perdonar. Hay que ser muy valientes para ese tipo de paz.

Hay miles de colombianos que sin ser víctimas directas del conflicto odian tanto a los excombatientes que no están dispuestos a perdonar. Están indignados con esa paz que parece premiar a los excombatientes. No les parece justo. Lidiar con esos sentimientos requiere tiempo y no es fácil.

El odio hacia los violentos nos ha conducido durante años a más violencia. La solución no es reprimir ese desacuerdo obligando a todos a apreciar y valorarlo todo. Eso no es cultura de paz, sino represión. La ira y la indignación que han generado años de violencia tiene que ser expresada libremente. Y el difícil trabajo de la paz es aprender a escuchar y hacerse escuchar sin ejercer la violencia.

La paz no es sólo un trabajo. La paz es sobre todo es una decisión. La paz entendida como la aceptación del conflicto entre los seres humanos, el disenso constante, la contradicción y el desacuerdo. Una paz que no quiere un mundo en el que todos sean como yo y estén de acuerdo conmigo.

El que quiere un país "perfecto" en el que todos se comporten, hablen y piensen a su propio acomodo imaginará siempre la propia paz como el asesinato y entierro del otro, no como la aceptación de lo que somos: seres diferentes.

El filósofo y jurista alemán Carl Schmitt pensaba que la política la definía la distinción entre amigos y enemigos. Creo más bien que el difícil arte de la política de paz debe ser buscar el justo medio entre la amistad y la enemistad plenas. ¿Cómo mantener el desacuerdo en el acuerdo? ¿Cómo acordar algo en medio del desacuerdo?

Nos pueden desesperar los vecinos, parecernos insoportable lo que piensan los del partido opuesto. Nos pueden desagradar hasta el tuétano las costumbres de los otros. Así somos los seres humanos. Pero esta en nuestra decisión no matarnos. Expresar nuestro desacuerdo e inconformidad sin violencia.