Ni los cristianos son homofóbicos ni la ideología de género busca destruir la familia

Los cristianos tienen razón en afirmar que en Colombia se está promoviendo un cambio cultural que se aleja de los principios divinos y están en su pleno derecho de defender sus convicciones de forma inquebrantable, no obstante yerran en no darse cuenta de que la validez de sus propias convicciones es relativa.

Ana María Araoz
Ana María Araoz
Investigadora en Cambio Cultural
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12 de Agosto de 2016

El debate que en las últimas semanas han planteado grupos cristianos al Ministerio de Educación ha sido tildado por muchos como un discurso homofóbico y retrógrado, mientras que estos sostienen que tan sólo están manifestando su rechazo a la "ideología de género" y a la educación sexual desde temprana edad.

Aunque estos temas parecieran ser el centro de la discusión, con frecuencia las argumentaciones entre estos dos grupos no logran llegar al más mínimo punto de encuentro, como si estuvieran circulando en órbitas paralelas imposibles de comunicar. En efecto hay un cierto carácter irreconciliable entre las dos posturas y, al fondo del debate, fuertes tensiones entre dos cosmovisiones y sistemas de valores muy distintas, que podríamos rotular de forma un poco caricaturesca como los religiosos y los postmodernos.

Los religiosos derivan todas sus posiciones políticas, opiniones y decisiones de la convicción fundamental de que la verdad, lo bueno, existe y está reflejada en la palabra divina que utiliza el lenguaje para representar la realidad. Platón, Kant y las religiones Abrahámicas sugieren la existencia de una naturaleza humana ya sea como una creación divina o en la forma de una capacidad de racionalidad dada al hombre para comprender la verdad. Esta premisa está a la base de mensajes que encontré en Facebook como estos:

- “¡A marchar Cristianos y Católicos y todos los que crean en los principios y fundamentos reales de la sociedad. Nos tocó marchar!”

- “No tiene que ver con religión sino con la naturaleza de nosotros como humanos.”

Desde la otra esquina, cuyos orígenes datan de mediados del siglo XIX, se defiende en cambio que no sólo hay una única forma de ser humano sino que ser humano también es un acto de auto-creación y que siempre podemos estar respondiendo de nuevas maneras a la pregunta sobre ¿Qué significa ser humano hoy? Dentro de esta cosmovisión, ser humano es el producto de procesos de socialización históricos y cambiantes, como lo muestra la transformación del rol de la mujer en la sociedad, el fin de la esclavitud en gran parte del globo, e incluso la libertad de cultos que ha facilitado la propagación del protestantismo en el mundo y en Colombia, por poner algunos ejemplos.

En este contexto puede comprenderse el concepto de género como una construcción social sin miedo de defraudar a la verdad, por no ser esta una pretensión suya. Esta visión reconoce como legítima e incluso deseable la existencia de múltiples, diversas, ilimitadas formas de ser humano hoy en día, entre las que está contenida la posibilidad de ser cristiano o scientólogo, al igual que la posibilidad de ser homosexual, bisexual o heterosexual.

La siguiente frase ilustra la mirada desde esta orilla.

- “Mi opinión es que la vida sería más vivible si no estuviésemos limitados por categorías que no nos funcionan. La tarea del feminismo, la tarea de la teoría queer y del activismo es, sin duda, hacer que sea más fácil respirar, más fácil moverse por la calle, más fácil obtener reconocimiento cuando lo necesitamos, más fácil tener una vida que podamos afirmar con placer y alegría, incluso en medio de las dificultades”(2). (Judith Butler)

Los cimientos de una sociedad donde puedan coexistir tantas formas de ser humano, tantos proyectos de vida, no serían entonces principios universales y eternos, sino normas y valores humanos y contingentes a favor de la tolerancia y la pluralidad, expresados en derechos y defendidos por el Estado. Esto resulta inaceptable para algunos grupos creyentes por considerar muchas de las formas de vida divergentes como inmorales o pecaminosas.

Quizás el miedo más grande que invade a los grupos religiosos es la degradación de la sociedad y la imposibilidad de mantener el orden por culpa de un relativismo incontrolable. Si el bien y el mal, lo bueno y lo malo, no están claramente demarcados, la gente se va a descontrolar y la sociedad será un caos. Sin embargo, contrario a la intuición, investigaciones culturales comparativas como la Encuesta Mundial de Valores muestran que los países que defienden con mayor determinación la religión, la clara distinción entre el bien y el mal, la prioridad de la familia y el respeto de la autoridad coinciden con ser los países con mayores tasas de violencia, homicidios, guerras y pobreza (Ver: Casas, Andrés. 2015). Incluso, sorprende que en países que promueven la llamada ideología de género como Suecia y países abiertamente religiosos como Israel, las cifras de población LGBTI (si bien no son directamente comparables por diferencias metodológicas) no son muy distintas.

En efecto, los cristianos tienen razón en afirmar que en Colombia se está promoviendo un cambio cultural que se aleja de los principios divinos y están en su pleno derecho de defender sus convicciones de forma inquebrantable, no obstante yerran en no darse cuenta de que la validez de sus propias convicciones es relativa, ya que buena parte de sus postulados sólo tienen lugar entre grupos que compartan sus premisas fundamentales, como la existencia de la verdad y de principios universales.

Por su parte, los postmodernos defensores de la diversidad yerran también al reducir el debate a homofobia cuando lo que está en juego son las convicciones más profundas de la cristiandad, que aún representa la cultura de una parte mayoritaria de la población colombiana, que afirma en un 99% creer en Dios y en un 85% que este es importante en su vida (1). Y la cultura (no me refiero a la religión) no es algo que uno elija o que se pueda moldear como plastilina.

En el fondo lo que está en tensión son dos cosmovisiones o sistemas de valores muy antipáticos entre sí y que cobran cada vez más fuerza y antagonismo en el país, debido al tono confrontativo con el que se abordan. El debate con argumentos no tendrá gran efecto porque es un camino sin salida. Más bien será el cambio cultural y generacional junto con la evolución de los juegos de lenguaje los que determinen si las futuras generaciones abrazarán diversas formas de ser humanos, o si perseguirán la verdadera naturaleza humana. La respuesta la dará el tiempo.

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Casas Casas, Andrés. 2015 Encuesta Mundial de Valores Colombia: Una mirada comparada de los resultados de la sexta ola de medición 2010-2012

Butler, Judith. Entrevista en el Clarín.