¡Nada de competencias blandas!

Es decir, nada más y nada menos que todas las habilidades que necesitamos para establecer relaciones de calidad en nuestro entorno y que nos permiten ser mejores seres humanos.

Natalia Linares
Natalia Linares
Gerente de Comunidades de Aprendizaje de la Fundación Empresarios por la Educación
132 Seguidores0 Siguiendo

0 Debates

2 Columnas

Columna

173

0

09 de Febrero de 2018

Hace unos meses estuve en una conferencia de una agencia de cooperación internacional sobre los retos de América Latina para mejorar sus sistemas educativos. El asesor mencionó diversos asuntos y hacia el final de su presentación, casi como un “bonus track”, sugirió que sería importante que cada país trabajara también en el fortalecimiento de las “competencias blandas”.

No era la primera vez que escuchaba esta expresión, pero me hizo el mismo ruido de siempre… ¿A qué se refieren con competencias blandas?

Se supone que en contraposición a las “competencias duras”, que tienen que ver con todo el conocimiento técnico y práctico obtenido durante el proceso de educación formal (pensamiento analítico, lógica, razonamiento, pensamiento científico, etc.), las llamadascompetencias blandas serían las relacionadas con el reconocimiento y manejo de las emociones, la capacidad para trabajar en equipo, la empatía, la conciencia ética, la creatividad, la escucha activa, la asertividad, etc. Es decir, nada más y nada menos que todas las habilidades que necesitamos para establecer relaciones de calidad en nuestro entorno y que nos permiten ser mejores seres humanos. Me pregunto entonces: ¿Por qué llamarlas blandas?

Creo que todo esto puede deberse a la influencia que sigue teniendo el positivismo lógico, una corriente filosófica que desde la primera mitad del siglo XX impactó profundamente la forma de producir conocimiento. Desde esta perspectiva, todas las teorías que se construyeran sobre la realidad debían ser validadas lógica y empíricamente. Así, lo que no fuera susceptible de ser medido y comprobado carecía totalmente de validez. Y aunque esta corriente de pensamiento tuvo y ha tenido duras críticas, pareciera que aún desde muchas apuestas se sigue manteniendo como faro a la hora de pensar las ciencias sociales y, en particular, la educación.

Es preciso dejar de catalogar como “blandas” a las competencias socio-emocionales o ciudadanas (como se abordan en Colombia, auqnue estas son más amplias), no sólo porque hoy sabemos que son fundamentales para convivir mejor, sino porque esta dicotomía: competencias duras vs competencias blandas, ha hecho que sea más difícil encontrar su articulación en las aulas de clase.

Por fortuna hoy en día hay varias iniciativas que muestran, por ejemplo, cómo fomentar la solidaridad y el trabajo en equipo mientras se aprende matemáticas, cómo desarrollar la empatía y la expresión de las emociones en clase de español, cómo promover la escucha activa y la creatividad en ciencias naturales, etc.

Y ese es precisamente el reto: Comprender que más allá de “cajones fragmentados”, todas las áreas del conocimiento son un sistema complejo. Es fundamental tener esta comprensión en los diferentes niveles del sector educativo, empezando por los hacedores de política pública, si queremos una educación que tenga sentido y dialogue con el mundo de la vida de niños, niñas y jóvenes.