Mínimos éticos desde el aula

Con motivo de la inauguración del Centro de Integridad de la Universidad Eafit, pudimos compartir con la reconocida catedrática y escritora Adela Cortina. Su ponencia: “Educación desde el Ser: el sentido de la ética en la construcción de una sociedad justa e incluyente”, generó sentimientos contradictorios entre la tristeza y la esperanza.

Diana Paola Basto
Diana Paola Basto
Directora de Educación de Proantioquia
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06 de Marzo de 2017

La primera, llega al entender cuánto nos falta en el país y en el mundo para lograr eso que ella llama una sociedad justa y que se refiere a darle a cada quien lo que le corresponde en términos de derechos humanos a través de dos asuntos fundamentales: libertad e igualdad. La segunda, sin duda la transmitió en cada palabra de su discurso cuando evidenció la educación como principal camino para lograrlo. Una apuesta en la que muchos seguimos trabajando.

 

De acuerdo con Cortina, las sociedades deben ocuparse de desarrollar en las personas la capacidad de construir planes de vida en pro de la felicidad. La explicación la entregó desde dos conceptos: el de Ser persona, que indica que todos somos individuos en relación y, por lo tanto, nuestra felicidad también está afectada por la felicidad del otro; “no podemos ser felices si hay quienes siguen padeciendo en el mundo la desigualdad y la exclusión”.  Y el de Bienser, una palabra creada por ella misma para expresar que el bienestar apunta al beneficio y a los propósitos individuales pero que fácilmente se contradicen con los de otros y pueden generar conflictos de justicia.

 

De su valioso discurso pueden extraerse además mensajes clave para los maestros y otros actores de la escuela que quieren promover una educación para la justicia y la felicidad:

  • El aula debe ser el espacio privilegiado en donde se garanticen los derechos de libertad e igualdad. Ningún sujeto en ese espacio debería sentirse menospreciado o excluido por alguna condición o situación. El maestro debe integrarlos a todos como sujetos que tienen mucho por recibir y entregar (reciprocidad).

  • Las prácticas pedagógicas y la relación del maestro con el estudiante deben buscar el cultivo del carácter desde la excelencia; esto es, el desarrollo de las virtudes de cada quien puestas al servicio del colectivo y llevadas siempre a un mayor nivel. Atrás deben quedar las competencias en donde el logro personal está asociado al fracaso ajeno. La excelencia implica superarse a sí mismo, asumir los propios retos y trazarse metas en las que el otro puede vincularse desde la solidaridad. Esto representa para el maestro una misión importante y es el acompañamiento cercano a los estudiantes, de modo que vaya comprendiendo qué tipo de reconocimiento y plan de trabajo necesita cada uno.

  • Trabajar en la clave de la justicia social que es el reconocimiento mutuo como seres de dignidad. Esto puede lograrse, por ejemplo, creando acuerdos de grupo para la convivencia, analizando casos reales de vulneración de derechos que suceden en el mundo y donde se requeriría actuar desde la compasión, construyendo proyectos de transformación del entorno circundante, conformando equipos para la solución conjunta de problemas, realizando actividades que impliquen reconocer al otro desde su historia de vida, sueños, necesidades, proyectos y virtudes, generando cadenas de favores entre los estudiantes, posibilitando  la libertad de expresión en el aula frente a asuntos comunes, entre muchas otras formas.

 

Justamente, en esa misma lógica, la categoría de experiencias significativas de los , plantea que la escuela debe pensarse desde su encargo social y científico, pero especialmente, desde lo humano, lo que implica construir mundos posibles donde lo ético, lo político y lo estético, permitan acoger al otro.

 

Valdría la pena que todos los maestros, de cualquier área, revisen las experiencias postuladas y ganadoras en la categoría Luis Fernando Vélez Vélez, para encontrar allí algunas luces sobre cómo trabajar los mínimos éticos desde el aula y aprovechar así  las reflexiones de Adela Cortina. Retos valiosos, que si bien no son desconocidos, podemos todavía considerarlos como tareas pendientes para la educación.