¡Más tareas escolares por favor!

El único modo de aprender a aprender es hacer las cosas uno mismo. Ese es el propósito esencial de las tareas escolares. Sin tareas es muy difícil, si no imposible, que los escolares aprendan algo significativo.

Enver Torregroza
Enver Torregroza
Profesor de la Universidad del Rosario
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10 de Noviembre de 2017

El único modo de aprender a aprender es hacer las cosas uno mismo. Ese es el propósito esencial de las tareas escolares. Sin tareas es muy difícil, si no imposible, que los escolares aprendan algo significativo.

Los niños en edad escolar necesitan del tiempo y el espacio propios para enfrentarse al reto de hacer las cosas ellos mismos. Necesitan la oportunidad de equivocarse para aprender. Necesitan aprender a asumir responsabilidades propias. Todo ello se los provee las tareas para la casa.

Las tareas escolares producen incomodidad e inconformidad en muchos niños y adultos y es normal que eso suceda. Nadie ha dicho que hacer tareas es fácil o sencillo. Es un trabajo que toma tiempo, requiere esfuerzo y dedicación.

Pero dejarle tareas a los niños no es ninguna violación de los derechos humanos. Antes bien, no ponerles tareas atenta contra su derecho a la educación, pues es no darles una de las oportunidades más valiosas e importantes para aprender. Quitarle las tareas a los niños es negarles una ocasión para aprender.

Las tareas son necesarias sobretodo para aprender cosas profundamente necesarias que una sociedad como la nuestra, perezosa e irresponsable, necesita corregir. Quien diga que las tareas son malas o inútiles per se es simplemente alguien perezoso que quiere obtener todo en la vida por el camino más fácil, servido en bandeja y sin ningún esfuerzo propio.

Algunos adultos valorarán la desidia y la irresponsabilidad. Otros tendrán traumas de infancia con las tareas. Pero más allá es estos casos límite que requieren en un caso educación y en el otro psicoterapia, está el hecho indiscutible de que las personas tienden a preferir que no se las rete ni confronte.

Las tareas confrontan y retan, obligan a reconocer las propias limitaciones y a esforzarse más, ponen en evidencia nuestras fortalezas pero también nuestras debilidades. Las tareas escolares son un sistema de evaluación y aprendizaje permanente, donde ambas cosas se conjugan de manera maravillosa.

Hacer de las evaluaciones ocasiones de aprendizaje es algo que se logra con las tareas. Fomentan la libertad y la desarrollan, al cultivar la autonomía y la responsabilidad.

La palabra disciplina tiene hoy en día poca acogida en nuestra sociedad. Todo lo que esté asociado al deber, al rigor, al trabajo, al esfuerzo, no tiene mucha propaganda y se lo valora poco. Es el síntoma enfermizo de una sociedad corrupta en la que ni siquiera los magistrados dan buen ejemplo.

Si hemos de corregir el camino como país, no puede hacerse acabando con lo poco bueno que hay, como las tareas escolares. No entiendo la tendencia colombiana a resolver los grandes problemas destruyendo las pocas cosas que sí son buenas, útiles y funcionan.

Si los padres se ponen a hacer las tareas de sus hijos el problema no es de las tareas sino de los padres sobreprotectores. Si es tedioso evaluar tantas tareas, el problema es de los maestros perezosos que no quieren hacer su trabajo.

Argumentar que las tareas quitan tiempo es estúpido. El trabajo quita tiempo. El aprendizaje también toma tiempo. No queda claro qué cosa más valiosa pueda haber que gastar el tiempo aprendiendo como para que prefiramos gastar el tiempo en otra cosa. 

No creo que haya un sistema escolar que imponga tantas tareas que los niños no puedan dormir. El problema no son las tareas sino el trato que se les da por maestros y padres, cuando éstos últimos irresponsablemente las utilizan como mecanismo de presión o control de los niños y no las asumen como un espacio necesario y libre para que los niños crezcan.

Las tareas además no se oponen al juego. ¿Por qué no poner de tarea inventarse un juego? Tampoco se oponen al placer: resolver problemas matemáticos o tareas de química o física puede ser muy placentero, una actividad entretenida y divertida. Lo mismo que leer, escribir o pintar en casa.

Los niños son niños y necesitan orientación. Ponerles tareas escolares para hacer en casa es darles la oportunidad de aprender cosas nuevas, de asumir retos difíciles, de confrontarse con ellos mismos, de crear y de pensar. Algo que necesita urgentemente nuestra sociedad como remedio a tanta televisión e internet.

Internet es un medio, y como toda herramienta puede ser mal usada. Decir que ya “todo está en internet” no sólo es el argumento de los que no se quieren esforzar ni crecer sino que además es falso. No todo está en internet. ¿Está en internet la corrección afectuosa de los padres cuando el niño se equivoca? ¿Está en internet el estímulo que le infunde el maestro al estudiante? ¿Está en internet la emoción del autodescubrimiento?

El teorema de Pitágoras no sólo está en internet. También en los libros. Pero eso nunca reemplazará la emoción del aprendiz que logra por sí mismo demostrar el teorema así otros miles de seres humanos lo hayan hecho antes. Es la misma emoción que siente el niño al meter un gol en el recreo. ¿A quién le importa que otros miles de goles se estén marcando al mismo tiempo si a fin de cuentas el que importa en este instante es el mío?

Quitarle las tareas escolares a los niños y adolescentes es suprimirles por ello una ocasión de dicha, la posibilidad de disfrutar del aprendizaje autónomo.

Decir que no tienen tiempo para compartir en familia es falso. La verdad es que la mayor parte de los padres están trabajando u ocupados en otras cosas. Si no hay tareas, los niños y adolescentes terminarán gastando todo su tiempo en televisión o en internet viendo pornografía.

Hay tareas absurdas por supuesto. Pero la culpa la tienen los malos profesores que ponen esas tareas. No las tareas mismas. La mayor parte de ellas son sencillas y normales. Quejarse de eso no tiene ningún sentido.

No veo ningún argumento por el cual tenga sentido suprimir las tareas escolares, aparte de la desidia de los maestros y las instituciones que quieren dejarle la carga de formar en disciplina a los padres, aparte del desinterés de muchos padres perezosos que les da hartera acompañar a sus hijos en sus deberes escolares. Pero es evidente que estos son argumentos pésimos, antipedagógicos y hasta inmorales.

Es más, todo lo que veo son argumentos muy buenos para que haya tareas. ¡Más tareas por favor señores! El problema de la mala de educación no está en dejar tareas, está en los malos educadores, en las malas intenciones con que se educa o en los malos contenidos que se enseñan. También en las malas enseñanzas. Quitar las tareas es una mala enseñanza: es decirle a toda una generación que no lea, no escriba, no pinte, no crea, no piense, no haga nada, porque es “terrible” y “harto”. Mejor criar cientos de seres humanos ignorantes, idiotas consumidores, perfectos votantes manipulables, clientes ideales para iglesias de garaje.