Las causas de la corrupción

La corrupción arranca en el alma, en la mentalidad permisiva de una sociedad que no solo tolera sino que valora positivamente el delito. Hay corruptos porque su sociedad los engendra y permite. Mientras se sigan estimulando desde la infancia las conductas irresponsables y corruptas, no habrá manera de derrotar la corrupción en Colombia. Necesitamos un cambio cultural.

Enver Torregroza
Enver Torregroza
Profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario
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09 de Diciembre de 2017

La corrupción arranca en el alma, en la mentalidad permisiva de una sociedad que no solo tolera sino que valora positivamente el delito. Hay corruptos porque su sociedad los engendra y permite. Mientras se sigan estimulando desde la infancia las conductas irresponsables y corruptas, no habrá manera de derrotar la corrupción en Colombia. Necesitamos un cambio cultural.

Es un error decir que la pobreza genera corrupción. Es al revés. La pobreza, como la ignorancia, no son causas de la corrupción sino excusas. Malas excusas. Ser pobre o ignorante no te hace corrupto ni te obliga a hacerlo. No son justificaciones válidas para hacer un mal, pues el mal no tiene justificación.

La corrupción genera pobreza. Es violencia que genera más violencia. Un verdadero obstáculo para la paz. El desacuerdo o el disenso no son obstáculos para la paz, sino el pésimo ejemplo que dan los magistrados corruptos o la corrupción que todos los días se ve en la calle.

Cuando los colombianos atribuyen la causa de sus males a los demás o al “sistema”, terminan abriéndole la puerta a la corrupción. El corrupto se justifica diciendo que no es su culpa, que el sistema es así, que así le enseñaron a hacer las cosas desde niño y que si no lo hace así, otros lo harán. Se pintan como víctimas inocentes de un sistema ajeno y perverso. Nada más perverso.

La corrupción nace de la perversión del alma y se cultiva desde chiquitos, cuando los padres impulsan a sus hijos a ser "avispados", esto es: a ser abusadores y aprovecharse injustamente de los demás. Cuando el colombiano admira la "berraquera" de su padre por haber "tumbado" a alguien, por haber coseguido "gratis" algo, por haber evitado que lo “atraparan”, se hacen evidentes las causas de la corrupción. Una cultura que educa para la corrupción. Que convierte el vicio en virtud.

¿Qué virtud hay en la "malicia indígena", si esa malicia no es otra cosa que buscarle el hueco a la ley, hacer la trampa y escapar? ¿Por qué los colados en transmilenio sonríen con orgullo y gozan, como la gente que se sube feliz empujando y pisando a los demás? "Lo logramos", parecen decir sus rostros resplandecientes de orgullo. Como el equipo de fútbol que gana quemando tiempo y embolatando el partido con argucias y marrullerías. Vaya victoria.

La corrupción nace de una cultura tolerante al delito y que ama la ilegalidad. No declarar renta, no pedir ni entregar recibos, pasarle plata al policía y al portero, saltarse los semáforos y meterse en contravia: los ejemplos son innumerables y todos justificados con la frase colombiana para impulsar la corrupción: "eso.. ¡hágale! que no pasa nada", “que nadie se da cuenta”. Un modo de comportamiento que no sólo es corrupto sino estúpido.

La frontera entre el mal y la imbecilidad es delgada. “Robarle” al Estado, dañar los bienes públicos, abusar de los recursos de todos, todo eso es igual a dañar las cosas de la propia casa y abusar de sí. Hacerse daño a sí mismo.

"Hágale" que no lo pillan, "hágale" que los demás lo hacen, "hágale" que usted es un macho. "Hágale" que si no, es un cobarde. Cuando el valiente es en realidad el que se comporta bien, el que respeta las normas, el que es justo.

Nunca he entendido la permisividad para la trampa de la sociedad colombiana. Y su desprecio por la autoridad y la ley. ¿Por que cada vez que hay un escándalo y la Policia aparece para establecer el control nadie respeta a los policías? Frases como "policía no sea abusivo", "no se lo lleve no se lo lleve" o "pero si tiene hambre", son los síntomas de una cultura corrupta.

Por supuesto también hay corrupción en la policía. Lo que es aberrante, pues si la autoridad es corrupta resulta dicífil educar nuevas generaciones con el buen ejemplo.

El aparente beneficio inmediato que genera la acción corrupta y estúpida pronto se ve eficazmente compensado con la destrucción del medio ambiente en el que se vive. Los ecosistemas no son reservas ajenas a los ciudadanos alejadas de la vida urbana: a decir verdad vivimos en uno de ellos, nuestra sociedad, que depende de los bienes públicos y privados para funcionar bien. Depende de la confianza y la buena fe, del autocuidado y la responsabilidad de todos.

El corrupto destruye su propio medio ambiente, mina las condiciones de posibilidad de una vida buena. La corrupción es autodestructiva.

El corrupto se expone a imponer como ley el robo. Además de robarse a sí mismo y a su familia e hijos, le está dando permiso a los demás para que hagan otro tanto con él.

Las causas de la corrupción habitan en la mentalidad de la sociedad, en los patrones de comportamiento de muchos, en los juicios de valor de todos. Mientras la educación no combata justamente esas creencias, mientras no se eduque en el sentido común, en el autocuidado y el cuidado de lo otros y del medio ambiente social y natural, político y económico en el que vivimos, la corrupción seguirá reproduciéndose indefinidamente, pues estará avalada moralmente por el “hágale que eso no pasa nada”.

La corrupción no es un fenómeno distante, exclusivo de funcionarios públicos o de políticos, de grandes empresarios y consorcios económicos. Hay “carteles” por todas partes, como el de los pañales, o el de la toga. Pero el hecho de que se los llame así, con una expresión populachera que no se sabe si es un elogio o un insulto, denuncia hasta qué punto nos hemos fatalmente acostumbrado al delito. Y esto es porque la corrupción está presente en todos los momentos y dimensiones de la vida cotidiana de los colombianos. Hay que atacarla a todo nivel.

Propongo una sociedad con gente menos “avispada”, menos “abeja” y más responsable. Gente correcta. Que trabaje como las abejas de verdad. Que haga las cosas al derecho. Desde el principio y como costumbre.

Estudiar para los exámenes. Hacer uno mismo sus trabajos. Devolver lo que no es propio. Dar correctamente las vueltas. Pagar el pasaje de transmilenio. Pagar impuestos. Responder. Todas estas conductas son formas de respetarse a sí mismo. De cuidarse. De valorar y respetar lo propio. De trazar límites y no permitir que otros pasen por encima.

Mientras la conducta corrupta es cobarde y vil, la honesta es valiente, corajuda.