‘La victoria sobre el conflicto’

Con esa frase resumió un ludotecario el logro que tuvo un grupo de profesionales en Bogotá al ayudar a los habitantes de unidades gratis a convivir en sana armonía. Una experiencia de la que se pueden extraer aprendizajes para educar en la convivencia.

Angela Constanza Jerez Trujillo
Angela Constanza Jerez Trujillo
Gerente de Responsabilidad Social
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27 de Junio de 2017

Sigo con mi idea de persistir en hablar de convivencia. Un asunto que considero de la mayor trascendencia porque implica que las personas pueden “vivir en buena armonía”, como define la palabra convivencia el Diccionario de uso del español, de María Moliner. Algo que definitivamente se requiere en este país.

Hace poco estuve visitando los conjuntos residenciales Las Margaritas y San Luis, el primero ubicado en el suroccidente de Bogotá y el segundo, en Pasto, donde sus habitantes están precisamente aprendiendo a vivir en armonía. Muchos de ellos por primera vez tienen una vivienda propia, la que les dio el Gobierno con el programa de vivienda gratis. Son personas en condición de pobreza, con niveles bajos de educación y con culturas diferentes, ya que provienen de distintas zonas del país. En el grupo también hay víctimas del desplazamiento con lo que ello implica: dolor, desarraigo y rabia.

Con estos “ingredientes” la convivencia en Las Margaritas y San Luis prometía ser difícil, como efectivamente lo fue en un comienzo. Los dueños cuentan que los conflictos entre vecinos se resolvían con amenazas y gritos; las mascotas parecían no tener dueño porque nadie recogía los excrementos y los niños dañaban las plantas, respondían mal y se quejaban de aburrimiento debido a su encierro. Los parques eran habitados por viciosos y delincuentes que los obligaban a permanecer en sus apartamentos.

Hoy su situación es otra, si bien reconocen que les queda mucho por mejorar, puesto que los comportamientos tan arraigados no se cambian de un día para otro, sienten que tienen unos niveles mejores de convivencia.

“Nos respetamos los unos a los otros y ya sabemos qué se debe hacer y qué no. Por ejemplo, que no se puede perturbar a los vecinos y eso es fácil de que suceda porque se escucha todo de apartamento a apartamento”, me dijo Blanca López para explicar los cambios que han logrado gracias a la intervención que realizaron el Fondo Nacional de Vivienda (Fonvivienda) y la Corporación Juego y Niñez, con un proyecto de fortalecimiento del tejido social.

Por un año, los residentes de estos dos conjuntos, así como los de Madrid etapas III y IV, en Villavicencio, participaron en el proyecto que consistió en valerse de actividades lúdicas, inicialmente dirigidas a los niños y después a las familias, para enseñarles las normas mínimas de convivencia y ayudarlos a apropiarse del territorio.

Esto último se evidencia perfectamente con lo que me dijeron varios niños y sus mamás, sobre como actualmente los parques son aprovechados por ellos y no por viciosos y delincuentes.

Un total de 3.400 familias compartieron torneos deportivos, karaoke, fogatas, mingas y  películas, entre muchas otras actividades, para conocerse y comprender qué significa vivir en propiedad horizontal. Don José Braussin es de los que no se pierde las películas -que siempre tienen mensajes de cómo convivir de manera pacífica-, sagradamente acompaña a sus nietos Juan Camilo, de 10 años, y Yesica, de 4 años, a las proyecciones.

Pero no siempre fue así; él, como muchos otros residentes de los tres conjuntos, puso resistencia a las actividades porque no comprendía cuál era su propósito. Por eso, los ludotecarios (profesionales de la Corporación Juego y Niñez a cargo de la tarea de mostrarles cómo convivir) durante tres meses tuvieron que conocer el contexto y sus habitantes para idear maneras de cautivarlos. “A punta de teléfono, visitas puerta a puerta, reuniones, agua de panelas y tomas de calle logramos convocar a niños y adultos. Poner un palo en la leña del fogón que hacemos y charlar sobre lo que pasa en el día es cohesión social”, me dijo Édgar Portilla, coordinador local de las actividades en Pasto.

Creo que tiene toda la razón y gracias a eso los habitantes de estas unidades de vivienda gratis tienen una manera diferente de cohabitar con sus vecinos. Ricardo Valenzuela, coordinador en Las Margaritas, lo resume muy bien: “ha sido difícil, pero hemos logrado que los habitantes de estas unidades comprendan que hay situaciones que afectan la estabilidad social. Que hay otras formas de resolver los conflictos sin golpes, amenazas, insultos o gritos. Podemos decir que hay duelos resueltos y una vida comunitaria que se valora. Es la victoria sobre el conflicto”.

Seguramente los conflictos en estos conjuntos seguirán sucediendo, pero también es seguro que sus habitantes los tramitarán de otra manera, con lo cual podrán convivir en paz. Un grano de arena en la cotidianidad del país, que ayudará a la construcción de la Colombia que muchos soñamos. Esa que hoy, 27 de junio, dejó las armas para hacer uso de la palabra.