La práctica hace al maestro

Una buena formación inicial hoy - y por supuesto, una buena formación en servicio-, se verá reflejada en sociedades más justas y equitativas en el futuro

Luz Yesenia Moscoso Ramírez
Luz Yesenia Moscoso Ramírez
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24 de Noviembre de 2017

“Además del calendario de clases, tienes a cargo una dirección de grupo, en la que dictarás ética y valores. Están también tu hora de reunión de área y la hora de atención a padres. Ademásdebesbuscar espacios para ver cómo se articulan tú área de matemáticas y la de ciencias naturales. Y, obvio, debes ajustar tu malla curricular con la coordinadora académica”.Así me recibieron en mi primer trabajo como docente a los 24 años, recién graduada.  Había hecho algunos remplazos mientras estudiaba en un par de colegios pero… ¿Dirección de grupo? ¿Articulación entre áreas? ¿Ética y valores? ¿Atención a padres?

Un sinnúmero de investigaciones muestranque contar con ‘docentes bien formados’ impacta significativamente los aprendizajes de los estudiantes. Por mi parte, estaba convencida de que mi universidad había hecho un buen trabajo, de hecho aún lo creo, sobre todo en la dimensión disciplinar  y pedagógica. Pero claro, los retos y las necesidades de este ecosistema dinámico llamado escuela son enormes y me superaban, como pasa con muchos docentes recién graduados o incluso con experiencia.  

Un reciente estudio de Unesco (2016) revela que “el 79% de los estudiantes de tercer grado es atendido por docentes que poseen un título de profesor de nivel post-secundario o más. Este porcentaje varía desde 99% en Chile hasta 20% en Guatemala. Cuatro países (Ecuador, Guatemala, Honduras y Nicaragua), están bajo la media regional. Para estos países, y muy especialmente para Guatemala y Nicaragua, es un desafío pendiente asegurar que una mayor proporción de sus docentes pueda obtener un título de profesor de nivel post-secundario”.

Si bien el panorama de contar con maestros con título universitario es crítico en la región, no podemos dejar de lado la reflexión sobre “ser docentes bien formados”. En contextos como los de los países latinoamericanos: diversos, multiculturales, pluriétnicos, rurales, con enormes inequidades y brechas sociales, existen aún muchas debilidades en la formación inicial.

Una buena formación inicial hoy - y por supuesto, una buena formación en servicio-, se verá reflejada en sociedades más justas y equitativas en el futuro. Lo anterior implica, entre otras cosas, considerar aspectos que van más allá de lo disciplinar y pedagógico: implica ahondar en las profundidades del complejo mundo de la institución educativa como escenario de convivencia y aprendizaje constante de todos los miembros de la comunidad educativa -incluidas las a las familias-, donde confluyen emociones y procesos que dan vida al ejercicio educativo en su máxima expresión.

Para lograrlo, las prácticas en la formación inicial son de vital importancia. Dentro de los retos de los programas de formación docente en América Latina está, entre otros, incluir el desarrollo deprácticas que integren y articulen la universidad, la escuela y los practicantes mediante la generación de espacios de observación de aula, reflexión consciente, inmersión y sistematización, que permitan el flujo de conocimiento entre los distintos actores: laescuela, la universidad y los practicantes.De esta manera, se reconoceríanel saber de los maestros en ejercicio y de la escuela misma, se dejarían de lado  los egos y se construiría en la diversidad y en pro de nuestros niños, niñas y jóvenes.

Finalmente, se tratade proveer un espacio de práctica integral, vivencial, reflexiva y humana, que lea el entorno escolar, aprenda a  conocer a sus estudiantes, a reflexionar y evaluar el propio ejercicio docente en función de los aprendizajes y desempeños de los estudiantes, y que permita desarrollar habilidades para el trabajo colaborativo, en equipo y con las familias.

Como bien lo expresa Valliant, un estudiante de licenciatura que conozca a cabalidad los modelos pedagógicos, use las referencias teóricas y pueda reconocer la dimensión sociocultural de la educación, puede que tenga las competencias necesarias, pero no suficientes.¡No en vano se dice por ahí que la práctica hace al maestro!