La noticia falsa más tonta

La noticia falsa más tonta que se ha regado en los últimos años es que la verdad no existe. Pero he aquí una verdad: el relativismo extremo es una amenaza que pone en peligro la libertad y la felicidad. Debemos combatirlo. No todo vale lo mismo, no todo da igual. No es cierto que cualquier cosa pueda ser verdad.

Enver Torregroza
Enver Torregroza
Profesor de la Facultad de Ciencia Política, Gobierno y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario
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07 de Enero de 2018

Enseñar a respetar opiniones diferentes no implica renunciar a la verdad. Es un error confundir tolerancia con relativismo. Una opinión no se hace válida simplemente porque alguien la defienda.

Llevamos años escuchando por todas partes que debemos respetar las opiniones ajenas. Semejante deseo nace de la necesidad de proteger a las personas: no es justo que se sientan amenazadas o con miedo simplemente por pensar diferente a la mayoría. Si añadimos que hemos vivido en guerra muchos años, se entiende porque el discurso de la tolerancia se ha convertido en un afanoso imperativo.

Pero nos hemos excedido con la defensa de la tolerancia. La idea buena por principio de permitir que todos expresen lo que piensen y de impedir que cualquiera sea agredido por sus ideas se ha terminado convirtiendo en una amenaza para la libertad. Al llevarla al extremo resulta que no se puede cuestionar mi criticar nada y el respeto por las ideas ajenas ha degenerado en hipócrita condescendencia o cruel indiferencia.

La mayoría entiende por tolerancia aguantarse sin queja pública las opiniones de los demás para luego escupir a sus espaldas y en privado. Nadie se dice nada de frente y si alguien lo dice es señalado de inmediato como alguien intolerante y agresivo. Un pecador.

Sin embargo, el respeto por las ideas ajenas pasa por el cuestionamiento. Quien realmente escucha a otro tiene dudas y las plantea. Formula preguntas y argumenta en contra. Expresa su incomodidad y no se queda callado.

No me gusta la palabra "tolerancia". Aunque tiene defensores ilustres desde Voltaire, en el lenguaje de todos los días significa casi lo mismo que resignación. "Tragarse un sapo", eso es lo que llamamos tolerancia.

Por eso prefiero hablar de respeto. El respeto implica ser cuidadoso con el otro y con su pensamiento: escuchar y estar dispuesto a aprender. Pero también estar dispuesto a cuestionar y señalar incongruencias, errores, contradicciones.

El que todos podamos equivocarnos significa que debemos siempre estar atentos porque fácilmente podemos caer el error. A todo el mundo se le ocurren estupideces. Cualquier cosa que se nos ocurra no es per se defendible y no tiene porque ser “tragada” por los demás.

Estamos acostumbrados lamentablemente al discurso del “todo vale”. De que todas las opiniones y posturas caben. Sin distinguir las mejores de las peores, las más cercanas a la verdad de las más lejanas. Pero eso es un craso error.

Pero es que no hay verdad, me dicen. Lo cierto es que no hay una verdad sino muchas. Hay verdades. En plural. Que no haya verdades humanas absolutas no implica que no haya verdades en absoluto.

La gente se está quedando sin criterio. Las nuevas generaciones necesitan ser educadas en valores, necesitan aprender a cultivar criterios para juzgar las cosas. Para tomar decisiones, para escoger, para saber si están frente a una verdad o no.

Los criterios de verdad son variados: la coherencia interna, la claridad, la adecuación a lo que percibimos, la conformidad con lo que hacemos, la belleza. Son criterios compartidos, razonables, que trascienden épocas y fronteras. No son arbitrarios ni son “subjetivos” o individuales. 

Hoy en día impera un absolutismo de la opinadera. El discurso hegemónico dice que cada cual tiene su verdad, que todos los puntos de vista deben ser aceptados. Que es intolerante quien los critica.

Se habla por un lado de estimular la capacidad crítica y por otro, de forma abiertamente contradictoria, se obliga a las personas a aceptar a ciegas las posiciones de otros, para no ser intolerantes y no herir su sensibilidad.

Todo eso es un error. Los criterios son indispensables, las escalas de valor existen, no todo es válido y no todo es verdad. Ese cuento chimbo de la “postverdad” no es sino una justificación teórica aparentemente sofisticada de las noticias falsas y la tiranía de la bobada en las redes sociales.

La noticia falsa más tonta que se ha regado en los últimos años es que no hay verdad. Pero he aquí una verdad: el relativismo extremo es el riesgo que constantemente hay que enfrentar, la amenaza que hay que combatir cotidianamente, el precio que debemos pagar por proteger la diversidad y la libertad.