La formación inicial de los maestros: un desafío inconcluso

Hablar sobre la importancia de los maestros en la educación parece llover sobre mojado. Sin embargo, al acercarnos a los aspectos que rodean este rol, empiezan a surgir tensiones y desacuerdos. Uno de los debates más profundos es sobre las características de la formación inicial para ser maestro.

Diana Paola Basto
Diana Paola Basto
Directora de Educación de Proantioquia
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28 de Junio de 2017

Dos acontecimientos han incidido en la discusión: el decreto 1278, que permitió que profesionales no licenciados pudieran entrar a la carrera docente(1) y el artículo 222 de la ley 1753 que obliga a los programas de licenciatura a obtener acreditación de alta calidad antes del 9 de junio del 2017.

Sobre lo último, el rector de la Universidad Pedagógica Nacional expresó en El Espectador que ésto(2) constituye una “masacre de las licenciaturas”, que disminuiría la cobertura nacional en educación superior(3) y, a su vez, podría derivar en una escasez de maestros puesto que muchos de los programas no alcanzarían a cumplir los plazos señalados y deberán cerrar su oferta.

Para ampliar esta discusión, valdría la pena también considerar que los licenciados egresados de las universidades con acreditación de alta calidad aportan un porcentaje muy pequeño de los docentes que están vinculados al sistema. Por ejemplo, la Universidad de Antioquia aporta menos del 7% de las plazas del Departamento y el 95% se encuentra en las instituciones educativas de los municipios más cercanos a Medellín o pertenecientes a su área metropolitana(4).

El panorama no es alentador. Los docentes formados en los programas que se consideran de mejor calidad por parte del Ministerio son una mínima parte del total de maestros y a su vez están concentrados en zonas urbanas.

El problema entonces no es mantener una generosa oferta de cupos para la formación de docentes, sino asegurar que esta oferta cumpla con los principios de calidad requeridos en un oficio central para la sociedad. En esta medida, es necesario entender que la acreditación no solo posibilita filtros académicos, sino que garantiza unos niveles mínimos de pertinencia y coherencia en la formación inicial.

Si queremos transformaciones estructurales en educación no podemos trivializar el proceso de profesionalización de los maestros y la discusión no puede darse solo en términos de cobertura, sino, ante todo, de calidad. Solo teniendo los mejores maestros en las zonas que históricamente han estado más abandonadas, lograremos superar las enormes brechas que hemos ido construyendo desde nuestra formación como nación.

Urge entonces construir programas que den respuesta a los desafíos particulares del país, que tengan como eje de debate las ruralidades en Colombia, la mediación pedagógica entre los contextos y el saber a enseñar; el dialogo intercultural; la gestión de las comunidades y la construcción de escenarios de paz, sólo por mencionar, algunos de los más apremiantes retos que enfrenta la institución escolar hoy en Colombia.

Es justo aquí donde la universidad debe apelar a su capacidad académica para plantear las reformas necesarias, liderar el debate a nivel nacional y alinear sus planes de formación para desarrollar en los maestros las capacidades que requiere un ciudadano en el siglo XXI.

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1 Aún hay debate sobre el escalafón docente porque cerca del 25% de las plazas nacionales están asignadas a profesionales no licenciados () asunto que pone de manifiesto que se requiere también considerar la formación mínima exigida a dichos profesionales y las rutas más pertinentes para la cualificación en servicio de estos, según los contextos de la institución a la que son asignados.
2 Para conocer la columna:
3 Según el estudio de la Universidad Pedagógica de las 501 licenciaturas que hoy se ofrecen en Colombia, la mayoría se encuentra concentrada en los centros urbanos de la región andina [Bogotá (33.71 %), Antioquia (13.48 %) y Boyacá (11.24 %) para un total del 58, 43% del total de las licenciaturas].
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