La filosofía política es indispensable para la paz

La sociedad colombiana necesita tomar consciencia de su propia tradición filosófica. Por fatal desidia e ignorancia podemos estar perdiéndonos la oportunidad de aprovechar sus aportes para la construcción de un país políticamente viable y en paz.

Enver Torregroza
Enver Torregroza
Profesor de la Universidad del Rosario
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27 de Noviembre de 2017

La sociedad colombiana necesita tomar consciencia de su propia tradición filosófica. Merece conocer los aportes de sus más grandes filósofos y apropiárselos. Por fatal desidia e ignorancia podemos estar perdiéndonos la oportunidad de aprovechar sus aportes para la construcción de un país políticamente viable y en paz.

No podemos darnos el lujo de ignorar las respuestas meditadas y metódicamente elaboradas de los filósofos colombianos a las grandes cuestiones sociales, éticas y políticas que nos afectan. Sobre todo porque históricamente y en la práctica las hemos respondido mal, es decir, con violencia.

Es urgente que los colombianos estudiemos nuestra propia tradición filosófica y nos apropiemos de sus enseñanzas, reflexionemos sobre las preguntas que nos plantea y aprendamos a discutir críticamente sus propuestas.

Un país políticamente viable requiere de una sociedad y ciudadanía fortalecida capaz de argumentar con solidez y plantear preguntas de fondo. Una sociedad que no le tenga miedo al pensamiento. Pues el letargo en que nos sume la pereza de pensar es la puerta de entrada de muchos males sociales y políticos: la manipulación mediática, el sentimentalismo de masas que alimenta el discurso barato del populismo, la sensación colectiva de que nada se puede arreglar.

Los corruptos y todos los demás bandidos viven de ello: de una sociedad floja, débil, que no tiene fuerzas para responder o reaccionar. Que no escucha ni respeta sus propias voces.

La filosofía infunde la fortaleza que necesita la sociedad y en particular la filosofía política. Por eso es esencial que en la formación escolar y universitaria de un país que quiere ser democracia y vivir en paz la filosofía no sea nunca eliminada. Su estudio incluso debe ampliarse y profundizarse. Hay que promover desde la filosofía para niños hasta la enseñanza obligatoria de la lógica, pues la enseñanza de la ética sin lógica es lo mismo que nada.

Es un deber combatir el relativismo ramplón, el subjetivismo y consecuente egoísmo con que se suele argumentar en Colombia. Los colombianos merecen descubrir los distintos y fascinantes caminos de la racionalidad filosófica para resolver pacíficamente conflictos, para enriquecer y ampliar su visión de mundo y para reconfigurar nuestra escala de valores tan maltratada por el consumo, el debate político empobrecido y los dogmáticos discursos moralistas que están de moda.

Necesitamos enfrentar esa forma vulgar de vivir la moral, que Nietzsche llamaba “moralina”, por una formación ética responsable, consciente de escalas de valores, o al menos consciente de la existencia de valores como fuente de criterio para tomar decisiones. Las decisiones no son asuntos meramente subjetivos y la moral no es simplemente un punto de vista cualquiera y útil para hablar mal de los demás.

En el actual contexto histórico de construcción de paz, la filosofía política, que incluye también la ética y la filosofía del derecho, la teoría política y la filosofía de la historia, no puede ser ignorada.

Tenemos que conocer nuestra propia tradición filosófica no solo por la importancia que tiene para un país conocer su propia historia y su historia cultural sino porque la posibilidad misma de construir un país políticamente viable depende de qué tan en serio nos tomemos la filosofía política.

Colombia ha dado muchos buenos filósofos. Cayetano Betancur, Estanislao Zuleta, Danilo Cruz Vélez, Rafael Guitérrez Girardot, Guillermo Hoyos Vásquez. Filósofos universales, como el genial Nicolás Gómez Dávila.

Y son muchos más, pues aquí sólo menciono algunos del siglo XX. Hubo filosofía en la Nueva Granada durante la Colonia. Hay muchos filósofos vivos hoy en Colombia, en el siglo XXI, publicando y aportando, filósofos que la sociedad colombiana debe aprender a escuchar y valorar, para pensar con ellos, aceptar el reto de sus preguntas y cuestionar con sustento sus respuestas, pues ese es un modo de pensar país. La mayoría de los filósofos colombianos ha hecho aportes a la filosofía política.

La filosofía política nos enseña cómo encontrar referentes sólidos para orientar nuestras vidas en comunidad y no solo como individuos. Tiene una función orientadora.

La filosofía política nos enseña cómo educar en valores, cómo afrontar conflictos de valores y en qué se fundamentan nuestras creencias en los valores. Tiene una función ética.

La filosofía política nos enseña cómo formar ciudadanos fortalecidos, inteligentes política y socialmente, capaces de vivir en el disenso, lograr consensos y de construir paz. Tiene una función pedagógica.

En suma, la filosofía política nos ayuda a responder los grandes interrogantes de nuestra sociedad. No es una empresa diseñada únicamente para resolver dudas personales, en reemplazo de la religión. Al contrario, la filosofía no sólo no reemplaza la religión ni pretende hacerlo, sino que nos enseña cómo poner a dialogar religiones o posturas religiosas distintas. La filosofía por ello tiene una vocación política y social.

Las grandes preguntas de las sociedades latinoamericanas, que son las de todos los colombianos, no se distancian mucho de las preguntas que en todas partes del mundo los seres humanos se formulan. ¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? ¿Qué debemos hacer mientras tanto?

La filosofía política colombiana nos ofrece herramientas, si queremos pensar el sentido de nuestro pasado histórico y evaluarlo; pensar qué significa para nosotros hoy en día la conquista europea de América, la colonización española, la creación de los estado-nación independientes latinoamericanos, el desarrollo de la sociedad colombiana contemporánea, cada vez más urbana y con los pies en el siglo XXI.

Si queremos pensar, cuestionar o comprender mejor los problemas y retos que el mundo moderno le presenta al ser humano, entender los conflictos que la modernización le ha planteado a nuestro país y a nuestras tradiciones culturales hispánicas, afrodescendientes o indígenas, la filosofía política colombiana nos traza un camino.

Más allá de las posturas de derecha e izquierda, la reflexión filosófica no reconoce en sí misma partidos. Volcada a la vida social y política, la filosofía se piensa sin embargo más allá de las posiciones políticas. Y por ello las cuestiona al mismo tiempo que las enriquece y alimenta.

Una sociedad que estudia su propia filosofía puede tener un debate público enriquecido, sólido, que apela a argumentos de fondo. Es una sociedad que entiende que detrás de las posturas políticas hay cosmovisiones y razones humanas que las sustentan y que no pueden ser el resultado de meros caprichos, de seguir al corriente, de acoger modas o de responder con miedo a las amenazas de los mensajes políticos mediáticos manipuladores.

En las puertas de las campañas políticas presidenciales y parlamentarias tratemos de no acoger los chismes de salón y las campañas sucias de Facebook como criterio para apoyar candidatos.  Recordémosle a los políticos que los altos índices de abstención también son el resultado de la forma empobrecida como tratan a los electores y de la pobreza de sus discursos y argumentos. Tienen un reto grande, frente a una sociedad escéptica, cansada de la corrupción y decepcionada por la superficialidad de sus propuestas.