La ciudad que educa: aprendizajes más allá de los espacios escolares

Ahora que hablamos de posconflicto vale la pena poner metas de alcance rápido: un camino posible para concretar la formación en ciudadana es proponer una sociedad basada en el respeto por las ideas del otro. Qué lugar más acertado para empezar este trabajo que la ciudad* 

Juan Felipe Aramburo Rodríguez
Juan Felipe Aramburo Rodríguez
Coordinador en Área de Educación Proantioquia
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02 de Mayo de 2017

Es innegable el rol privilegiado de la escuela para construir ciudadanía. Esta capacidad ha sido desarrollada, en buena medida, por la presencia permanente de los espacios escolares en todos los rincones del país. Sin embargo, y de manera recíproca, la ciudad es también un potente escenario para el desarrollo de aprendizajes.

Esto se da a través de la coexistencia de múltiples miradas y maneras de actuar. La ciudad, y en particular el espacio público, está dispuesto para la concertación, el sano disenso y la posibilidad del encuentro con el otro. Allí conviven los diversos sectores sociales y al ser un espacio dinámico, nos obliga a estar en formación permanente para habitarlo y apropiarlo.

Museos, parques, centros de apropiación, y hasta las tiendas del barrio pueden ser entendidos como espacios pedagógicos. En ellos, como no siempre ocurre en la escuela, hay una conexión directa con la ciudad y con la vida cotidiana. Estos escenarios sitúan la formación en la realidad social concreta, y ponen a conversar los saberes escolares con las necesidades del entorno en el que los estudiantes viven.

En esta misma línea, la experta argentina Silvia Alderoqui nos propone la comprensión de los espacios de ciudad como puntos de convergencia de saberes, prácticas, redes sociales y decisiones. El análisis de todos estos elementos posibilita una conciencia ciudadana que promueve los consumos culturales y la integración de actores sociales.

La ciudad ha avanzado en esa vía. Durante los últimos años hemos dotado nuestros municipios con espacios educativos distintos a las escuelas. Estas apuestas han consolidado escenarios culturales, de integración ciudadana y de recreación. Todos ellos son espacios para enseñar y aprender de los otros y con los otros. Si no trascendemos la idea de que la educación no sucede sino en las aulas nos seguiremos perdiendo de la realidad como fuente para la construcción de saberes y la innovación social.

La educación sucede todo el tiempo y en todos los lugares. Ciudades como Bogotá o Medellín han hecho esfuerzos grandes para la construción y dotación de infraestructuras novedosas y potentes para este fin. El rol ciudadano consiste en buscar la apropiación de estos espacios, pero tambien se requiere que las administraciones y líderes cuenten con políticas educativas claras. Cada acción debe estar intencionada desde una perspectiva de inclusión, aprendizajes localizados y profundos, y enfoques educativos sostenibles. No podemos quedarnos con una colección de infraestructuras sino con espacios  que potencian el aprendizaje.

Entre los diversos ejemplos que pueden citarse de estos “lugares educadores” queremos resaltar las Unidades de Vidas Articulada -UVAS. Estas espacialidades, construidas en diversos barrios de Medellín son espacios para el encuentro, la recreación y el aprendizaje. Su oferta va desde clases deportivas hasta cursos cortos de programación y robótica para jóvenes. La clave de su éxito radica en que se ubican en el centro mismo de los barrios, llevando a muchas zonas de la ciudad una programación cultural y formativa abierta a todo el público.

Esta es una invitación a entender que la ciudad educa. La tarea que nos compete ahora es lograr que los mensajes que ella transmita nos ayuden a construir una sociedad incluyente y respetuosa. Necesitamos entonces ciudadanos que incluyan las calles, los parques, los museos en sus agendas y consumos, y  a equipos educativos cualificados e interdisicplinarios que logren articularse en una apuesta de política de ciudad. Esta idea implica que diversos actores aporten desde sus propios saberes, pero desde la comprensión de que la educación innovadora no es una suma de saberes desarticulados, sino una construcción que se piensa conjuntamente y de manera interinstitucional.

Solo desde este compromiso multisectorial y ciudadano podremos hacer frente a los peligrosos movimientos mundiales que buscan instalarse, desconociendo que la diversidad es el sustrato insustituible de la cultura.

* Cuando hablamos de ciudad en este texto hacemos referencia a los lugares de asentamiento humano, no solo a los municipios de gran extensión y población