Francis Rodrigo Otero o el docente como esperanza

Tuve la oportunidad de seguir al rector Francis Rodrigo Otero en una tarde en la que debía participar de un conversatorio llamado “Relaciones armónicas y sana convivencia en la escuela”. Allí, tuvo la oportunidad de hablar de su experiencia laboral, de presentar los retos que ha superado y dio cátedra sobre la función docente mientras esperanzaba al público frente a su labor.

Juan Camilo Aljuri
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Educación
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06 de Octubre de 2017

El viernes 15 de septiembre en el hotel Intercontinental de Medellín, en el marco del lanzamiento de la estrategia Construyendo Juntos Entornos Protectores del Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), fue presentada una mesa que fue replicada en tres momentos en una misma tarde. Su propósito era hablar del tipo de relaciones que se espera que tengan lugar en las escuelas, pero lo que ocurrió fue mucho más interesante.

Comenzó Mónica Peñuela, Directora de Calidad del Ministerio de Educación Nacional, presentando el “lado institucional”, demostrando que el discurso de la institución que representa se ha ido volcando en los últimos años hacia la calidad y hacia cómo esta es un derecho y no un privilegio. Si bien esto parece casi una obviedad hoy en día, es poco usual escuchar ese discurso de manera tan apasionada.

Y ahí comenzó la intervención de Francis, pero antes, un paréntesis para contextualizarlo: este docente y rector, oriundo de Caquetá, dio un giro a su vida hace ocho años y se mudó a Manizales. Este cambio provino de una decisión pragmática: deseaba que sus hijas vivieran en una ciudad en la que pudieran acceder a una educación superior de calidad.

Su recorrido ha sido contado ya en varias oportunidades ( y ) y su reciente “fama” se debe a que fue galardonado con el Premio Compartir al Gran Rector 2017, gracias a la propuesta “Si yo cambio, todo cambia” (aquí se puede ver el video de Francis presentándola: ).

Cierro este paréntesis y continúo: comenzó la intervención de Francis y decidió dar inicio contando la travesía realizada para asistir al evento: su vuelo había sido cancelado y optó por viajar en bus de Manizales a Medellín, lo cual le tomó más de siete horas y lo obligó a llegar sobre el tiempo. Y añadió que cuando el ICBF lo invitó, él sólo preguntó el lugar y la fecha del evento, porque cómo diría que no a una institución que es su aliada en el territorio.

Esa afirmación fue complementada con una lista de aliados que, según él, tiene en su institución educativa: la Secretaría de Educación, la Policía de Infancia y Adolescencia, etc. Esto es un abrebocas perfecto para la caracterización de este docente y rector: su manera de operar está basada en la búsqueda y ofrecimiento de ayuda, dando por sentado que solos no podemos conseguir los cambios.

Y en este camino, el de la búsqueda de ayuda, dijo algo muy provocador: “les voy a decir cómo solucionar los problemas económicos de sus escuelas”. El auditorio calló atento. A continuación, relató varios ejemplos de cómo las necesidades de su institución educativa fueron solventadas a partir de un ejercicio aparentemente simple, basado en la identificación de necesidades, la búsqueda de formas para solucionarlas y el diálogo que intenta conseguirlo.

Por ejemplo, su institución necesitaba de una buena cancha de fútbol y teniendo el terreno, habló con la empresa que produce la grama sintética y los convenció de que le dieran una parte, habló con una empresa de pintura y logró la manera de delimitar las áreas y le dijo a una rectora de otro colegio que él le ayudaba a deshacerse de unos arcos viejos y oxidados que fueron pulidos y hoy contemplan grandes victorias y algunas derrotas deportivas.

Pero más allá de los ejemplos, el mensaje fue esclarecedor: “no hay que esperar que el Estado le resuelva a uno todo”. Más allá de la falta de fe que podamos tener en las instituciones públicas, es claro que la capacidad de ellas no va a permitir que atiendan todas las necesidades por las que pasan nuestras instituciones educativas… este mensaje me remonta unos años atrás y me recuerda a la ex Ministra de Educación, Cecilia María Vélez, decirles a los secretarios de educación del país que quería escucharles ellos cómo iban solucionar los problemas de sus contextos.

Francis duró algunos minutos hablando del tema, dio ejemplos y de manera sutil daba un mensaje hermoso en medio de la desesperanza que podía causar; el mismo mensaje que orienta a su institución educativa; el de “si yo cambio, todo cambia”:

(…) porque los verdaderos cambios de la escuela se consiguen si cada uno de sus actores pone su granito de arena para construir mejores realidades, la escuela es un espacio palpitante que convoca a todos a vivirlo, sentirlo y construirlo; más allá de los convencionalismos el mundo de hoy exige de niñas, niños y jóvenes felices que reflejen en sus acciones ser seres responsables, justos y buenos ciudadanos, los cambios se dan de manera paulatina y procesual porque ello implica reconstruir, reformar y transformar el pensamiento, los escenarios sociales, las visiones del mundo de manera holística.1

Otros temas eran tratados mientras el público en general quedaba fascinado. Pero la charla no terminaba ahí, continuaba con un grupo amplio (así fue en las tres oportunidades) de docentes que se acercaba a Francis para contarle lo que están haciendo, para preguntarle por problemas particulares a ver a él qué se le ocurría. Y él iba contestando con paciencia mientras regalaba sus datos a cualquier interesado.

Y así se fue la tarde mientras yo intentaba actuar como su chaperón, pero me quedaba unos pasos atrás viéndolo interactuar. Lo más gratificante fue la posibilidad de experimentar la manera abierta y generosa con la que se acerca a sus colegas para invitarlos a dialogar, a que le escriban o lo llamen, a que le escuchen lo que ha hecho, pero también para aprender de las experiencias ajenas.

Porque Francis es un ejemplo perfecto de cómo podemos volver a sentir esperanza en el sistema educativo. Esperanza que tanta falta nos hace a muchos de nosotros. Sobre todo, cuando recordamos que ese sistema es sólo la muestra de uno más amplio que representa nuestras vidas, día a día, allá afuera de la institución educativa… y que también podemos cambiar.

 

1: Francis Rodrigo Otero Gil, “Si yo cambio, todo cambia”. Bogotá, marzo de 2017, consultado en: