Formar para el liderazgo en educación

Cada vez es más visible la necesidad de formar para el liderazgo para la educación y de crear nuevos caminos para lograrlo. No se trata  de largas sesiones magistrales, sino de crear metodologías que resalten el valor de la experiencia. La experiencia tendrá mayor impacto si se vive en colectivo.

Catalina Ángel
Catalina Ángel
Equipo de Liderazgo educativo de la Fundación Empresarios por la Educación
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12 de Diciembre de 2017

Una búsqueda desprevenida en Google con la frase “formación para el liderazgo en educación” arroja 4.180.000 resultados. Si a la búsqueda se le aumenta “en Colombia”, aparecen en pantalla 2.550.000. Los títulos de las primeras páginas hacen referencia a estudios sobre la importancia de la formación para el liderazgo, el papel del liderazgo en el mejoramiento de la educación, la relación entre el liderazgo y la innovación y la necesidad imperante de formar líderes con las competencias que exige el nuevo siglo.

Otros títulos tienen que ver con la oferta de procesos de formación. Una parte de ellos fija su interés en los directivos docentes -rectores y coordinadores – a quienes reconoce un papel determinante en la consecución de los logros escolares. La mención al fortalecimiento de competencias es un enfoque recurrente. Se resalta también la formación administrativa, y la mención a perspectivas de formación centradas en el desarrollo humano – en competencias personales y valores– desde la perspectiva del coaching y la mentoría.

¿Qué pasaría si hace 20 años hubiésemos tenido la posibilidad de hacerle a Google la misma pregunta? ¿Tendríamos ante nuestros ojos esta cantidad de respuestas? Seguramente no. Desde finales del siglo XX la figura de los directivos ha sido notable. Inicialmente, la resonancia estaba dada por la necesidad de modernización del sistema educativo que venía de la mano de reformas de orden fiscal y, por supuesto, organizativo. Ante esta tarea, el sistema requería administradores y gerentes.

Es evidente que el interés por el liderazgo en la educación ha aumentado desde los primeros años del siglo XXI. Aunque siguen pendientes deudas por saldar con la modernización de los sistemas educativos, otros retos empiezan a ganar terreno en la escena educativa. Ya no es suficiente concentrar los esfuerzos en la buena administración de los recursos; sino que la interacción social y las buenas relaciones humanas como base para el aprendizaje, la orientación pedagógica, la creación de alianzas de la escuela con otros actores y la apertura de escenarios para la participación de las familias en las decisiones sobre el curso pedagógico de los colegios, se ponen en el primer lugar de prioridades para la dirección de un colegio.

En el estudio publicado en el 2014 Liderazgo Escolar en América Latina y el Caribe: experiencias innovadoras de formación de directivos en la región, UNESCO, citando a Pont (Pont et al., 2008), señala que, "la formación y el desarrollo profesional continuo de los directores de escuela ha adquirido una posición central dentro de las políticas educativas dirigidas al liderazgo educativo. En esta área, las recomendaciones de política generadas desde organismos internacionales como la OCDE apuntan a la necesidad de entender al desarrollo directivo como una secuencia y la entrega de oportunidades de formación para distintos momentos de la carrera de los líderes (…) con especial énfasis en metodologías experienciales que han sido probadas como efectivas."

Ante estas recomendaciones, afirmamos la necesidad de formar para el liderazgo en la educación y de crear los mejores caminos para lograrlo. No se trata solamente de largas sesiones magistrales, sino de crear metodologías que resalten el valor de la experiencia, pero esa experiencia no tendrá el mismo impacto en la transformación de la realidad si la vive solo una persona o si la extendemos a un colectivo.

El liderazgo está de moda. Es hora de revisar con ojo agudo la masiva aparición de ofertas para su formación que, cuenta entre sus haberes, procesos de formación virtual, presencial, formal y no formal. Será necesario avanzar en la documentación, seguimiento y evaluación de las experiencias que están en curso, abrir posibilidades para conversar, para aprender juntos y gestionar los conocimientos logrados por una y otra experiencia.

El camino está abierto para concretar proyectos que convoquen a diferentes sectores del país que hagan de la formación para el liderazgo un asunto con prioridad y el rigor que la escuela colombiana merece.