¿Es posible enseñar la paz?

Así como la ética se cultiva actuando, día a día, mediante la experiencia, la paz se logra actuando pacíficamente. Esto significa que el único modo de aprender la paz es haciéndola, lo que no es fácil cuando no has vivido en paz.

Enver Torregroza
Enver Torregroza
Profesor de la Universidad del Rosario
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25 de Octubre de 2017

Al plantearnos esta pregunta de inmediato nos damos cuenta de que la paz no es un tema ni un objeto. Podemos enseñar a construir la paz, a hacer la paz, eso sí, pero la paz no puede ser tema de una materia ni una asignatura.

No falta poco para que el Ministerio de Educación obligue a incluir en los sílabos la palabra paz, con la habitual habilidad del Estado para convertir cualquier cosa viva y esencialmente creativa y poética en un triste y gris requisito burocrático.

Muchos dudan de que sea posible enseñar la ética, por ejemplo. Después de todo a punta de discursos sobre cómo ser bueno nadie se hace bueno, como decía Aristóteles.  La única forma de educar éticamente parece ser dar ejemplo, no sentar cátedra. ¿Ocurre lo mismo con la paz?

No me cabe duda de que la paz se puede enseñar, lo mismo que la ética. Después de todo la ética que se enseña no es otra cosa que un mapa de orientación para la vida, que señala caminos, horizontes y metas, que no reemplaza la experiencia misma de viajar por las tierras riesgosas de la interacción humana. Algo análogo pasa con la enseñanza de la paz.

Pero una cosa es la enseñanza de la paz y otra la educación para la paz. La primera muestra, la segunda forma. Y ésta última no puede hacerse solo “haciendo llamados” para hacer el bien y recriminado con quejas lacrimosas en el discurso las malas conductas. La paz está hecha de acciones, conductas, comportamientos. Está hecha del mismo material del que está hecha la ética.

Así como la ética se cultiva actuando, día a día, mediante la experiencia, la paz se logra actuando pacíficamente. Esto significa que el único modo de aprender la paz es haciéndola, lo que no es fácil cuando no has vivido en paz.

Como dice el verso de la canción Walk On del grupo de rock irlandés U2, que recientemente nos honró con un concierto en Bogotá: “Home, hard to know what it is if you've never had one”. "Es difícil saber qué es el hogar si nunca has tenido uno".

El líder de la banda, Bono, habló, como buen irlandés amante de la política, de la paz en su país tras años de conflicto. No podía evitar hablar de eso justo en Colombia. Y repitió sin cansancio que la paz es “compromiso”.

La paz no cae del cielo, o mejor dicho, la paz de los vivos no es la que cae del cielo. Requiere compromiso y atreverse a vivir en paz, comportarse pacíficamente, aprender a hacer la paz así no se la haya vivido por décadas o generaciones.

¿Qué puede hacer un maestro de escuela para enseñar la paz, entonces? Lo mismo que puede hacer un maestro de ética: dar ejemplo en clase, en su trato con sus alumnos y darles la oportunidad, ya que él se sabe imperfecto, de que aprendan con él a conducir su vida correctamente, de que aprendan a aprender a ser buenos o felices.

Cuando educamos creyendo que lo único que hacemos es trasmitir conocimiento o ser meros facilitadores del proceso autónomo de estudiantes que sólo "investigan", nos olvidamos de la función principal e inevitable de la educación: formar moralmente a las personas, ya sea mediante el ejemplo o mediante el tipo de relación que establecemos con los educandos o que les incentivamos a tener entre ellos. Y esto es desde el preescolar hasta el postdoctorado.

Creo que vale la pena que la paz sea una asignatura en los currículos de todo el país, porque hay que dar oportunidad al aprendizaje de la paz. Pero ese aprendizaje sólo se puede dar si el maestro invita a sus estudiantes a vivir la paz, a hacerla, a construirla todos los días. Y si el maestro se ha hecho esa invitación a sí mismo y la ha aceptado.

Construir la paz en clase no requiere estudios avanzados en pedagogía, sino más bien sentido común, intuición y amor por el arte de formar personas. Se trata de darle a oportunidad a los estudiantes de aprender a dialogar, escuchar a otros, ponerle atención a sus razones y sentimientos y estar dispuesto tanto a construir consensos como a valorar y respetar los disensos.

La "tolerancia" puede ser peligrosa si se la entiende sólo como un "dejar hacer, dejar pasar", pues fácilmente se convierte en un "aguantarse" al otro mediante el procedimiento poco pacifista de ignorarlo por completo.

Por supuesto que aprender no es lo mismo que enseñar, es más difícil. Pero nada impide que enseñemos cómo se aprende a hacer paz y permitamos como educadores que otros aprendan a vivir pacíficamente, educando para la paz.

En suma, es posible enseñar a “hacer paz” si nos atrevemos a aprender a vivir en paz, si desaprendemos a querer la guerra.

La reflexión teórica sobre la moral, es decir la ética filosófica, así como la teoría sobre la paz, son harina de otro costal, aunque igualmente valiosa. La teoría es algo muy importante para hacer un tiempo después de que algo hayamos aprendido sobre cómo vivir felices en sociedad (ética) o sobre cómo vivir pacíficamente en sociedad. Pero actuar, como siempre, es más urgente.