El oficio del maestro: entre la mediación y la comunicación asertiva

Innegablemente los retos que la educación plantea para el siglo XXI son inéditos. Además de las clásicas dimensiones que determinan los procesos de enseñanza y aprendizaje, nuestra época presenta una singularidad que debe considerarse: vivimos en la edad de la información.

Juan Felipe Aramburo Rodríguez
Juan Felipe Aramburo Rodríguez
Coordinador en Área de Educación Proantioquia
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10 de Julio de 2017

Esta condición, como plantea el reconocido antropólogo Marc Augé, nos conduce a vivir la historia sin poder reflexionar sobre ella. En palabras más simples, la televisión, la internet y los medios nos generan tanto flujo de información que no tenemos tiempo para pensar en el pasado ni para proyectar el futuro. Lo realmente importante de la anterior situación es que nunca como antes habíamos tenido tanto para contar, pero tan poca asertividad para contarlo.

En este sentido cobra importancia apuntar a la formación de maestros en estrategias de comunicación. Cada acción de la función docente, desde lo didáctico hasta lo socioemocional está lleno de mensajes que se construyen, transmiten y redimensionan. Por tanto, el ejercicio pedagógico debe entenderse como un proceso en el que se intercambian sentidos y significados.

Ahora bien, desde la experiencia que venimos desarrollando en el Programa Ser+Maestro de la Fundación Proantioquia, pensamos que hay dos dimensiones fundamentales de la comunicación cuando se trata de la función docente: la mediación y la asertividad.

Frente al tema de la mediación, entendemos a la escuela – y sus ambientes de aprendizaje- como escenarios  que se disponen para el desarrollo de conexiones y significados que producen y favorecen aprendizajes. Esto se logra a través de reflexiones, experiencias e indagaciones, tanto individuales como colectivas, que permiten la apropiación del conocimiento. El maestro juega justamente el rol de mediador, quien está en capacidad de poner en escena saberes, didácticas, materiales y metodologías que propician las conexiones antes mencionadas.

De otra parte, pero en directa relación con lo anterior, la dimensión de la comunicación asertiva incide directamente en el ejercicio educativo. Las formas como logramos relacionarnos con los otros desde la palabra y la acción, configuran las relaciones interpersonales, y por lo tanto, los vínculos entre los actores de las comunidades educativas. La asertividad entonces permite consolidar espacios de inter-relación, intencionados y respetuosos, en los que se puede trabajar de manera colaborativa para construir saberes.

Así pues, si los ambientes de aprendizaje permiten mediaciones que conducen a apropiar conocimientos, la comunicación asertiva conduce a prácticas en las que se construyen o resignifican saberes. Esta mezcla entre la forma como aprendemos y los procesos en los que producimos más conocimientos se basan en la comunicación de ideas y enfoques.

Se hace necesario que nuestros maestros apropien, cada vez mas, herramientas y prácticas concretas en las que la educación se entienda permanentemente como un proceso comunicativo, que en todo caso se construye de forma participativa y multidireccional. Al final de cuentas debemos entender que todo acto educativo es un acto comunicativo.

Desde Proantioquia continuaremos avanzando en la creación de espacios de formación en comunicación desde las perspectivas anteriores. Ya hemos llegado a 17 municipios del país con una propuesta para repensar estas prácticas en el aula. Celebramos y acompañamos las ideas que nos ayuden a avanzar en una formación contundente en mediación para nuestros maestros y agentes educativos.