Educar a los niños para la paz

Es imperativo hacer una pausa como individuos que tenemos una responsabilidad con la sociedad en la que vivimos. Reflexionemos críticamente sobre lo que les estamos enseñando a los niños en los colegios y en las casas. ¿De qué paz les estamos hablando?

Camila Díaz Samper
Camila Díaz Samper
Coordinadora del programa RESPIRA en Colombia
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12 de Diciembre de 2016

Hoy más que nunca tenemos una responsabilidad enorme en Colombia y un amplio campo de acción para enseñar a nuestros niños a transformar los ciclos de violencia en ciclos virtuosos, en donde actos de tolerancia, paciencia, empatía,  respeto y  compasión sean los que lideren sus vidas y su actuar en la sociedad. Pero primero tenemos que empezar por nosotros mismos.

Los eventos trágicos históricos y recientes de violencia que han llenado de luto a Colombia, nos muestran un arraigo profundo de nuestra sociedad a una cultura de violencia. Somos un país en donde las generaciones de los últimos 50 años han sido testigos de que aquí impera la ley del más fuerte.  Que la vida vale poco. Que el fin justifica los medios. Unos han vivido la violencia más de cerca, como victimas directas, otros desde lugares más lejanos, pero en distintos niveles y con distintas intensidades nos ha tocado vivir esta realidad a todos y crecer en un país en donde el mandamiento del ojo por ojo, ha dejado a varios ciegos.

Pedimos a gritos que queremos un país en paz, sin ser conscientes de que de muchas maneras  perpetuamos la violencia cada día con el trato que le damos a los demás, con lo que escribimos, con la manera de hablar y de referimos a los otros y con nuestros actos. Esto es lo que les enseñamos a los niños, quienes crecen pensando que todo vale, y que así funciona el mundo. Qué contradicción.

Cada vez que pasa una tragedia, nos convertimos en jueces. Condenamos en las redes sociales y exigimos que maten a los asesinos. Con miedo, odio y rabia pedimos venganza. Respondemos  a la violencia con más violencia. Si no somos coherentes y conscientes de la manera como somos y actuamos, seguiremos alimentando en generaciones futuras esos ciclos viciosos de guerra y dolor.

Es imperativo hacer una pausa como individuos que tenemos una responsabilidad con la sociedad en la que vivimos. Reflexionemos críticamente sobre lo que les estamos enseñando a los niños en los colegios y en las casas. ¿De qué paz les estamos hablando?. Tenemos que  darles las herramientas para que proactivamente puedan cultivar prácticas necesarias para que desde chiquitos puedan ser partícipes en la construcción de un país en donde la paz deje de ser una idea abstracta y lejana. Mostrémosles desde nuestro ser y actuar coherente que la paz empieza primero por nosotros y por ellos, como individuos.

Enseñémosles a los niños a responder ante el mundo con amor y compasión, y no con venganza y con miedo. A reconocer sus emociones para que aprendan a regularlas y a responder sin agresión ante las distintas situaciones de la vida. Enseñémosles a ser agradecidos y a tratar bien a las personas. Enseñémosles que la vida vale mucho. Enseñémosles a mirar hacia adentro.

Tenemos la responsabilidad de educar a nuestros niños para la paz y estamos ante una oportunidad histórica de hacerlo. ¿Qué estamos esperando?.