Educación para la Esperanza

Uno de los grandes retos de los educadores es enseñar a los estudiantes a cuestionar sus realidades, de manera crítica, con el fin de que sean capaces de iniciar y participar en procesos de cambio. Esto se puede lograr a través de procesos de concientización.  Poder leer primero nuestro propio mundo para poder leer el mundo externo. Casi siempre empezamos al revés. 

Camila Díaz Samper
Camila Díaz Samper
Coordinadora del programa RESPIRA en Colombia
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13 de Julio de 2017

La educación y su relación con el cambio social es un área  en donde todavía surgen más preguntas que respuestas. Muchas de las discusiones alrededor de políticas públicas educativas se mueven alrededor de los resultados, estadísticas y del área cognoscitiva. Aunque en estos años hemos visto una tendencia hacia la exploración y medición del área formativa de la educación, todavía falta mucho. Es necesario hacer énfasis en un concepto más holístico de las necesidades individuales y colectivas de las personas. En las experiencias de vida. Es importante retar las tendencias educativas tradicionales como la competencia, y enfatizar en temas como la empatía y la creación de ambientes de aprendizajes en donde la compasión, el cuidado y el auto-conocimiento sean las piedras angulares.  Ambientes en los que se promocione la imaginación, la curiosidad, y la esperanza. En donde las experiencias estén por encima del conocimiento.

Paulo Freire habla mucho sobre la esperanza. Dice que la esperanza es una necesidad ontológica. Cuando sentimos desesperanza nos paralizamos, nos volvemos fatalistas y se nos hace más difícil sacar la fortaleza que necesitamos para poder aportar prácticamente al mundo que queremos construir. La esperanza es esa idea de que las cosas pueden ser distintas, que somos capaces de romper viejos discursos y tomar acción para transformar. Es ver las situaciones de la vida como oportunidades y no como algo que ya esta determinado. Es vernos como agentes de cambio y no como sujetos. Es por esto que la esperanza está profundamente relacionada con nuestra voluntad para actuar. La esperanza entonces debe estar anclada en la práctica, debe ser construida diariamente.

Creo que uno de los grandes retos de los educadores es enseñar a los estudiantes a cuestionar sus realidades, de manera crítica, con el fin de que sean capaces de iniciar y participar en procesos de cambio. Esto se puede lograr a través de procesos de concientización.  Poder leer primero nuestro propio mundo para poder leer el mundo externo. Casi siempre empezamos al revés. Enseñando todo lo externo, y midiendo que tanto sabemos.

La educación no puede reducirse únicamente a estadísticas y conocimientos que sean medibles. El foco principal debería ser en la humanidad de cada persona. El bienestar y el crecimiento individual requiere que los procesos educativos tengan en cuenta las necesidades y particularidades de cada individuo para poder crear ambientes en donde cada uno pueda nutrir sus propios procesos de sanación y auto-conocimiento. Esta es la base para que pueda crecer la esperanza.

Esta  ´Educación para la Esperanza´ primero piensa en el bienestar de cada individuo. Propone que los procesos de educación promocionen la curiosidad y la imaginación, y den espacio para que las personas puedan hablar de sus experiencias y necesidades desde la práctica y no desde la teoría. La esperanza es muy importante para el cambio, el bienestar es fundamental para la esperanza, y el cambio social solo puede darse con cambios en los comportamientos y actitudes y retando los viejos discursos que tenemos. Solo se puede dar cuando estamos en contacto con nuestras propias experiencias de vida.

Es necesario tener nuevas generaciones que no pierdan la esperanza en el cambio para que puedan contribuir al mismo. Y no como una utopía, sino como un proceso práctico y experiencial. Como dice Freire “Para vivir necesitamos una esperanza crítica , así como los pescados necesitan agua limpia¨.