Del idealismo a la estrategia: Educación para la sostenibilidad

Ser idealistas es algo que nos caracteriza a los que trabajamos en temas de sostenibilidad. Creemos y estamos convencidos de que es posible cambiar el mundo con pequeñas y con grandes acciones. 

Julio Andrés Rozo G
Julio Andrés Rozo G
Director de AISO- Academia de Innovación para la Sostenibilidad
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09 de Abril de 2017

Ser idealistas es algo que nos caracteriza a los que trabajamos en temas de sostenibilidad. Creemos y estamos convencidos de que es posible cambiar el mundo con pequeñas y con grandes acciones. Soñamos con que más pronto que tarde, la generación de empresarios conscientes sea mayor que la de aquellos que siguen encaminados en hacer las cosas como se han venido haciendo siempre. Nos imaginamos un mundo en donde sus habitantes puedan satisfacer sus necesidades sin tener que explotar y malgastar los recursos naturales. Nos autoconvencemos de que vale la pena seguir trabajando en generar conciencia entre ciudadanos y empresarios para transformar hábitos de consumo y de producción.

Si, todas estas motivaciones constituyen un gran punto de partida para para quienes tenemos interés en este tema. Son a la vez manifiestos que nos invitan a seguir trabajando y a profundizar en el conocimiento de la diversidad de variables que condensan lo que la teoría llama “el balance entre lo ambiental, lo social y lo económico”. El idealismo con el que trabajamos se puede describir como:

 

  • Gratificante como complejo: Y lo es, porque no hay nada más sabroso que regresar a casa sabiendo que con una charla, una asesoría o una simple recomendación se está educando y generando conciencia sobre temas que como ciudadanos y consumidores damos por hecho y que por lo tanto nos hace indiferentes. Sin embargo, cuando con responsabilidad se entra a indagar los efectos y los impactos que un hecho genera en un nuevo escenario, es inevitable dejar de reconocer que el llevar a cabo una estrategia de sostenibilidad merece un análisis más profundo de variables. En otras palabras, no se trata de “soplar y hacer botellas”.

 

  • Un abismo entre el “dicho” y el “hecho”: Pareciera que emitir conceptos sobre la sostenibilidad fuera a garantizar su apropiación y mucho más importante, la implementación de los mismos por parte de quien recibe el mensaje, sea este un emprendedor, un empresario o un consumidor. Para ponerlo en palabras de ejemplo: cuando uno predica en alguna clase o sesión de capacitación “no utilizar materiales tóxicos en el desarrollo de sus productos”, la realidad es que serán numerados los casos en los cuales las empresas aplican esta recomendación. Como si esto fuera tan fácil de hacer y de mantener.

 

  • Frustrante pero inspirador: Cuando se trabaja en el campo de la sostenibilidad pareciera que no pasara nada o que las soluciones y el cambio en la sociedad estuviera demasiado alejado en el tiempo. Lograr que alguien comprenda la importancia y las oportunidades alrededor de una estrategia en sostenibilidad, que luego aprenda cómo hacerlo, hasta el momento en el que se logren evidenciar los impactos reales (sobre todo los económicos), es algo que toma tiempo, aún así uno como profesional esté día a día “martillando” por un cambio.

Alguna vez alguien me dijo que si queremos lograr una sociedad en donde se pueda afirmar que existen consumidores y empresas sostenibles, lo más posible es que debamos esperar hasta el año 2050 para presenciarlo. Cuando escuché esto, sentí un desasosiego muy intenso y un sentimiento de impotencia al darme cuenta que mi energía y mis esfuerzos como profesional no generaban un resultado tangible y sobre todo, estructural. Fue entonces cuando aquella persona me lo explicó de tal manera que logré entender por qué el 2050 podría ser el año mágico:

“quienes habitamos el planeta hoy, en el año 2010, tenemos hábitos de consumo definidos y muy alineados hacia prácticas de sobreconsumo. Nuestra cosmovisión, planes de vida y los sistemas de producción como los conocemos, giran en muchas de nuestras sociedades, alrededor del paradigma de la posesión y la acumulación de los productos materiales. Es por ello, que por más que queramos ser consumidores sostenibles, a la fecha, siempre habrá algo que limite nuestro deseo por conseguirlo.

No obstante, el tener un cierto nivel de conciencia sobre un cambio de nuestros hábitos de consumo y al mismo tiempo, el cambio paulatino de los modelos de negocio y formas de producción de las empresas (debido a la escasez de los recursos y a la inestabilidad de los precios), permitirá que tanto el ejemplo que le inculquemos a nuestros hijos y nietos, ciudadanos adultos para el año 2050, como las posibilidades técnicas y sistémicas, genere en ellos no solamente el chip de querer ser sostenibles, sino también les brinde la posibilidad de serlo”.

Si bien es posible generar victorias tempranas y resultados inmediatos que conlleven a la generación de conciencia y al cambio de nuestros patrones de consumo y de producción, en la gran mayoría de los casos, los resultados en masa parecerán invisibles. Sin embargo, sin angustias, así los cambios parezcan pequeños, van generando el colchón para cambios más estructurales que se reflejarán en el mediano y en el largo plazo, ¡y ahí es cuando se siente una satisfacción!

Trabajar en promover la sostenibilidad y sobre todo, en cambiar paradigmas y formas de ver nuestra relación con el entorno, merece algo más que solo pasión. Impregnar cada estrategia, cada mensaje y cada acción con un grado de estrategia es lo que permitirá que todo aquel que aún no entienda lo que es la sostenibilidad, se interese, se convenza y se motive a sumarse.

En este libro abordaremos varios aspectos de estrategia para lograr transformar hábitos de consumo y de producción, pero también para incidir en un cambio de las organizaciones con el objetivo de que su quehacer en el mercado y en el entorno sea más ético, responsable y consecuente con el objetivo de lograr un futuro más sostenible en términos ambientales, sociales y económicos.

Julio Andrés Rozo