Cortapisas y caminos

Hoy nuevamente y después de dos años del último paro del magisterio se volvió hablar de la educación en Colombia, de la falta de infraestructura, alimentación, transporte, salidas pedagógicas, condiciones económicas de los educadores, bibliotecas escolares, útiles, etc.

Yesid González Perdomo
Yesid González Perdomo
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08 de Junio de 2017

Como es costumbre en el país, los grandes temas para el futuro del mismo solo llegan a la agenda pública con paros, movilizaciones y mítines.

Hoy nuevamente y después de dos años del último paro del magisterio se volvió hablar de la educación en Colombia, de la falta de infraestructura, alimentación, transporte, salidas pedagógicas, condiciones económicas de los educadores, bibliotecas escolares, útiles, etc., la realidad es que son muchas las variables que permiten un buen proceso pedagógico en las escuelas; y lejos estamos del sueño santista de ser los más educados en el 2025.

Para lograr ese sueño, es necesario pensarse un sistema educativo que responda a las necesidades más sentidas de la población colombiana, situación compleja si tenemos en cuenta las particularidades y riqueza cultural que nos caracteriza. 

Las condiciones materiales de vida en el Chocó no son las mismas que las de Bogotá o Antioquia. Esas particularidades deben ser tenidas en cuenta para poder consolidar un sistema educativo que rompa las cortapisas que el establecimiento ha introducido para perpetuar la inequidad social. Para nadie es un secreto que el sistema capitalista funciona como un embudo donde solo muy pocos logran acceder plenamente a una vida digna.

Así pues, si se realiza un barrido por los países de América Latina, nos encontramos que Colombia no está dentro de los 5 primeros puestos en inversión del PIB para educación, y aunque es cierto que la destinación del presupuesto nacional para este año en el sector educativo es superior al de defensa por primera vez en la historia, no cabe la menor duda que es insuficiente, la buena educación necesita más recursos para materializarse.

Pero, si a la necesidad de inversión le sumamos que buena parte del presupuesto se va para despliegues mediáticos exagerados y una crónica contratitis de los amigos que rodean el MEN y las secretarías de educación, que proveen la pésima alimentación, la lenta implementación de redes y acceso a la internet, los mismos pupitres de hace dos siglos, las consultorías que copian modelos sin tener en cuenta el contexto colombiano como se hizo con el ISCE[1], el nuevo contrato de refrigerios en Bogotá, cambiado para mejorar sus bolsillos eliminando la fruta del menú, los únicos que no ven un buen negocio en la educación son los padres y madres de  familia, el cuerpo docente y nuestros estudiantes, quienes sufrimos la dictadura legal de ministras y secretarias, que evaden la mirada ante los enormes casos de corrupción en el secto.

Para concluir, mientras que la dirección de la educación del país continúe en cabeza de tecnócratas, abogadas o economistas, seguiremos teniendo los mismos problemas que nos aquejan desde la propia colonia, es necesario reorientar urgentemente  la educación en el país  en tiempos de pos acuerdo, un gran encuentro nacional por la educación debe ser convocado para que todos los actores involucrados, inicien un dialogo constante que permita en un lapso razonable, proponer una alternativa que supere de una vez por todas la crisis educativa colombiana.


[1] Índice Sintético de la Calidad Educativa.