Autoevaluación: condición clave para el mejoramiento*

Identificar cómo valoran los distintos actores educativos la evaluación y qué concepción tienen de ella, es importante, porque como la conciben, así la ejecutan.

Diana Paola Basto
Diana Paola Basto
Directora de Educación de Proantioquia
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12 de Junio de 2017

En Colombia la Ley General de Educación (1994) y el Ministerio de Educación Nacional – MEN- (2008) indican que toda institución educativa debe efectuar una evaluación institucional. Para ello, se expidió la "Guía N°34 para el Mejoramiento Institucional: De la Autoevaluación al Plan de Mejoramiento", que busca, de manera participativa, deliberante y con información confiable, que la comunidad escolar determine los avances y desafíos que la realidad le plantea, con el propósito de mejorar sus procesos y los resultados de aprendizaje de sus estudiantes. Para ello, el análisis debe centrarse en las áreas de gestión y sus procesos, identificar y llevar a un Plan de Mejoramiento sus retos y construir un Plan de Acción que permita lograr esos desafíos.

No obstante, las claridades técnicas y organizativas, en muchos casos el ejercicio de autoevaluación no sigue ni los procedimientos sugeridos, ni logra su propósito, convirtiéndose en un requisito más que el rector cumple ante la secretaría de educación, para lo cual, de acuerdo con algunos testimonios: “el rector se encierra con su asistente a hacer la autoevaluación, para cumplirle a la Secretaría” o “la realizaba con el equipo directivo y los docentes no se daban cuenta (…) no había una devolución a la comunidad educativa (…) el análisis y los planes de mejora, todo se quedaba en el equipo directivo”(1)

La situación no es espontánea, al contrario, obedece a la manera como se concibe la evaluación y su sentido. Adicionalmente, esta cultura de la evaluación se refuerza porque la autoevaluación institucional, en la mayoría de los casos, solo es solicitada por las secretarías de educación, en procesos de inspección y vigilancia, con la idea de verificar que lo han hecho, independiente de cómo lo hicieron y si les ha servido o no. Por ello, a pesar de la potencia que un buen ejercicio de autoevaluación bien hecho puede tener, éste pierde importancia para las escuelas.

Urge propiciar y fortalecer una cultura positiva de evaluación institucional, que implica por supuesto un ejercicio genuino de participación democrática de los diferentes estamentos de la comunidad escolar. Para ello, es fundamental contar con información útil, confiable y relevante; con liderazgo distributivo, visión de conjunto, propósitos compartidos y capacidad de autocrítica que permita estar abiertos a que se valoren los resultados de la gestión; en otras palabras, estar dispuestos a rendir cuentas.

Con el propósito de fortalecer esta cultura positiva, la Secretaría de Educación de Medellín, desde hace tres años, ha impulsado un proceso de autoevaluación institucional que pudiéramos llamar asistida. Rueda (2010) la define como aquella que “requiere del acompañamiento de otros actores como estrategia para resolver las dificultades planteadas por la autocomplacencia o la exigencia desmedida”, dado que tiene en su diseño elementos de contraste y validación que llevan a las comunidades educativas a revisar qué tan autocomplacientes o exigentes son con su propia evaluación.

Siguiendo esta ruta, es posible identificar instituciones que desarrollan de manera adecuada el proceso, construyen su autoevaluación de acuerdo con las recomendaciones que les da la Secretaría y logran convertir su plan de mejoramiento y de acción en herramientas útiles para optimizar procesos y aprendizajes en los estudiantes, avanzando a su vez en la consolidación de una cultura positiva de la autoevaluación.

Sin embargo, aún queda camino para seguir avanzando en la consolidación de este proceso, convocando a otros actores sociales y académicos para que sumen, no solo a las discusiones necesarias para mejorar las herramientas de recolección y registro de información, sino para acompañar los procesos de mejoramiento de las instituciones y acelerarlos, pero esto solo será posible si existe voluntad explícita de rectores y de las secretarías de promover la publicación de dichos resultados y el trabajo interinstitucional para acompañar la mejora de las instituciones educativas.

*Este texto fue co-escrito con Luz Celina Calderón, quien lidera la implementación de las estrategias de mejoramiento educativo desde Proantioquia.

(1)Testimonios recogidos en el trabajo de campo de una investigación realizada en Proantioquia sobre el Premio ciudad de Medellín a la calidad de la educación. 2015