Preguntas y respuestas para comprender el debate con respecto a la educación de la sexualidad

En las últimas dos semanas el país ha estado debatiendo acerca de la pertinencia de la “educación sexual” en los niveles de preescolar y primaria.  El grupo Familia y Sexualidad del Departamento de Psicología de la Universidad de los Andes, responde los interrogantes que se han planteado frente al tema.

Marta Carolina Ibarra A
Marta Carolina Ibarra A
Investigadora del grupo de Familia y Sexualidad - Universidad de los Andes
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25 de Febrero de 2016

Elvia Vargas Trujillo, Marta Carolina Ibarra, Carlos Hermosa Bosano Ángela María Rojas,

En las últimas dos semanas el país ha estado debatiendo acerca de la pertinencia de la “educación sexual” en los niveles de preescolar y primaria.  El grupo Familia y Sexualidad del Departamento de Psicología de la Universidad de los Andes, responde los interrogantes que se han planteado frente al tema, con el fin de facilitar a la opinión pública el análisis crítico de las diferentes posturas objeto de discusión y la toma de decisiones personales y políticas.

1. ¿Qué es sexualidad?

La sexualidad es uno de los múltiples aspectos de la identidad personal. Hace referencia a todo lo que las personas podemos decir acerca de nuestro sexo, género y orientación sexual cuando respondemos la pregunta ¿quién soy yo? (Vargas Trujillo, 2007/2013a).

La sexualidad, por lo tanto, integra todo lo que la persona ha aprendido a lo largo de su vida con respecto a su sexo (dimensión biológica de la sexualidad), su género (dimensión sociocultural de la sexualidad) y su orientación sexual (dimensión afectiva de la sexualidad).

De acuerdo con la American Psychological Association – APA  (2011) el sexo se refiere al estatus biológico de una persona como hombre, mujer o intersexual, el cual se establece a partir de una diversidad de indicadores que incluyen los cromosomas sexuales, las gónadas, los órganos sexuales internos y los genitales.  El género se refiere a las actitudes, los sentimientos y los comportamientos que la cultura asocia con el sexo biológico de las personas. La orientación sexual se refiere al sexo de las personas por las cuales se experimenta particular atracción romántica o sexual.

En síntesis, el sexo es lo que somos biológicamente; el género es lo que aprendemos a pensar, sentir y a hacer en el contexto cultural en el que vivimos y la orientación sexual es lo que descubrimos que nos atrae sexualmente.

2. ¿Qué es la educación de la sexualidad?

Para comprender el significado de este concepto, es necesario definir el término educación.  Según Pozo y colegas (2004), el concepto de educación tiene múltiples acepciones, en este texto vamos a plantear las dos que resultan más útiles para clarificar los argumentos expuestos por las diversas partes implicadas en el debate sobre la educación de la sexualidad. Por una parte, la educación entendida como un dispositivo de la sociedad que busca insertar a la persona en la cultura en un momento histórico determinado.  Estas acciones educativas tienen un carácter intuitivo, asistemático y poco estructurado e incluyen todas las influencias ambientales que experimenta la persona en los procesos de socialización que llevan a cabo diversos agentes sociales (familia, grupo de pares, escuela, medios de comunicación, entre otros). Estos procesos de educación no intencional, que ocurren desde el nacimiento y a lo largo de la vida, facilitan  a la persona insertarse en la sociedad.

Por otro lado, encontramos la educación definida como los procesos que han sido controlados y organizados por parte del educador de una forma consciente, deliberada e intencional, para que incidan positivamente sobre una persona, con el objeto de lograr su desarrollo integral, es decir, el desarrollo de todas sus potencialidades.

En este orden de ideas, la educación de la sexualidad tiene dos funciones igualmente importantes: Desde el punto de vista individual, se aspira a que la persona adquiera las competencias requeridas para manejar y trasformar su entorno y procurar su bienestar físico, psicológico y social. Desde el punto de vista social, la educación se concibe como un proceso socializador, que procura la adaptación y la incorporación del sujeto a su medio físico y social, a través de la adquisición de los elementos propios de la cultura (lenguaje, habilidades, costumbres, tradiciones, hábitos, actitudes, normas, valores, etc.).

Desde esta perspectiva, la acción educativa en el ámbito de la sexualidad, se basa en la organización deliberada y sistemática de contextos propicios para el establecimiento de canales de comunicación constantes, con el fin de alcanzar determinados objetivos acordados entre las partes interesadas (figuras parentales, docentes, estudiantes, líderes comunitarios, académicos, tomadores de decisiones políticas) y el marco de los derechos humanos. Con este tipo de acciones planificadas, lo que se pretende a través de la educación es evitar el azar en el proceso de desarrollo de las personas para asegurar el logro de metas individuales y sociales.  

Dado que dichas interacciones comunicativas (verbales y no verbales) entre las personas están dirigidas a acompañar el proceso de desarrollo de la sexualidad para promover su bienestar físico, psicológico y social, la educación debe abarcar toda la vida, y no circunscribirse sólo a unas etapas escolares particulares o a unos momentos vitales específicos.

3. ¿Cómo debe darse la educación de la sexualidad?

Otro aspecto que es conveniente precisar para comprender el alcance de las decisiones políticas que se están tomando en el país es el relacionado con la metodología. La educación de la sexualidad puede llevarse a cabo usando diferentes estrategias didácticas según las respuestas que demos a las siguientes preguntas ¿Qué enseño? ¿A quién enseño? ¿Para qué enseño? ¿Con qué enseño? ¿En dónde enseño? ¿En qué momento enseño? En el debate que nos ocupa, se están enfrentando dos alternativas de estrategias didácticas: las estrategias dirigidas, de un lado, y las colaborativas o cooperativas, por otro (Jaramillo, Ibarra y Vargas Trujillo, 2013).

Las estrategias dirigidas son aquellas en las cuales el educador tiene mayor protagonismo e incidencia para su consecución. Las técnicas didácticas por excelencia de los aprendizajes dirigidos son la exposición y la clase magistral, en las cuales el conocimiento se entiende como una transmisión de información sobre un tema en el marco de una cátedra. Este tipo de estrategias son más usadas en los procesos educativos intencionales que tienen como fin exponer un asunto. .

Por su parte, las estrategias colaborativas o cooperativas son aquellos que tienen como fin construir conocimiento colectivo. El conocimiento se construye entre pares o compañeros, con el acompañamiento de un docente o facilitador experto en el uso de este tipo de estrategias, en el marco de proyectos organizados de acuerdo con las características e intereses de los estudiantes y las particularidades del contexto en el que viven. Las técnicas didácticas que corresponden a este enfoque son el taller, el aprendizaje basado en problemas (ABP), el método de discusión de casos y el aprendizaje-servicio, entre otras. Este tipo de estrategias, es el que ha priorizado el Ministerio de Educación Nacional para el desarrollo del programa de Educación para la Sexualidad y Construcción de Ciudadanía – PESCC en tanto que permiten promover el desarrollo de competencias que son útiles para que las personas puedan resolver las situaciones que enfrentan en su vida cotidiana así como traer al proceso de enseñanza- aprendizaje asuntos de la vida cotidiana que son de su interés, contribuyendo a que el aprendizaje sea significativo.

En síntesis,  educar en sexualidad a través de  una cátedra puede ayudar a proveer información sobre el  tema y su importancia, pero la  evidencia muestra que la educación de la sexualidad requiere otro tipo de  estrategias, transversales y colaborativas,   si se quiere asegurar el desarrollo de las competencias necesarias para promover el bienestar de las personas y de la sociedad.

4. ¿Qué efectos tiene la educación de la sexualidad?

Estudios recientes, revisados por el Banco Interamericano de Desarrollo, revelan que los programas que fundamentan los procesos educativos exclusivamente en estrategias didácticas dirigidas como la presentación de información en charlas o conferencias, pueden incrementar el reconocimiento de la importancia de algunos temas, pero no logran impactar los comportamientos (Vivo, López-Peña y Saric, 2012).

Por el contrario, estudios en Colombia (Vargas y colegas, 2013b) y en otros países (Haldre, Part & Ketting, 2012), han demostrado que la educación de la sexualidad que se lleva a cabo desde edades tempranas, está asociada con mejores indicadores en salud sexual y reproductiva en la juventud y la adultez (p. ej. retraso en el inicio de la primera relación sexual, uso del condón). Adicionalmente, la evidencia demuestra que los programas son efectivos cuando adoptan una perspectiva integral de la sexualidad, están diferenciados por edad, permiten el desarrollo de habilidades socioemocionales, incorporan múltiples métodos de enseñanza, entre otros (Vivo, López-Peña y Saric, 2012).

5. ¿Quién se encarga de la educación de la sexualidad?

En Colombia, diversos estudios del Grupo de Investigación Familia y Sexualidad indican que en la educación de la sexualidad participan múltiples agentes sociales. En la primera infancia, las figuras parentales y los principales cuidadores juegan un rol fundamental. Con el ingreso al sistema escolar, comienzan a participar en el proceso los docentes y los pares, pero también otros miembros de la comunidad y de la red  social de apoyo como las instituciones prestadoras de servicios de salud y protección. Un agente social de particular relevancia en este proceso son los medios de comunicación (Vargas y cols. 2006, Vargas y cols. 2008; Rojas, 2015). Por lo tanto, todas las personas que tenemos la responsabilidad o la obligación de garantizar el derecho a una educación debemos educarnos para cumplir con esta función con estándares de calidad.

6. ¿A partir de qué edad debe darse educación de la sexualidad?

Como ya dijimos, la educación de la sexualidad se inicia desde el nacimiento. Al inicio para facilitar el autoconocimiento y la autovaloración. Progresivamente para favorecer el desarrollo de competencias cognitivas, emocionales y comunicativas para el autocuidado, el mutuocuidado y el sociocuidado. Las niñas y los niños son muy inteligentes y necesitan conocer el mundo, por eso hacen preguntas de acuerdo con su capacidad de comprensión. Las niñas y los niños tienen el derecho a que estas sean respondidas oportunamente, de acuerdo con su edad, de manera clara y basada en evidencia. Si esas preguntas no se responden, se responden con evasivas o con creencias infundadas, el vacío queda y solos buscarán otros espacios fuera de la casa, el jardín o la escuela para resolver sus inquietudes.

7. ¿Es verdad que la educación de la sexualidad despierta la curiosidad por la actividad sexual e induce al inicio temprano de relaciones sexuales penetrativas?

No. La curiosidad es algo que se presenta independientemente de si existe o no un proceso formal de educación de la sexualidad. La curiosidad sobre el cuerpo y las relaciones interpersonales son parte natural del proceso de desarrollo de toda persona.  La disponibilidad de un proceso formal e intencionado de educación permite aprovechar la curiosidad natural de niños, niñas y jóvenes para asegurar el desarrollo de habilidades para el manejo de situaciones interpersonales.

El análisis a profundidad que realizaron Vargas Trujillo et al (2013b) de los datos sobre educación de la sexualidad en la ENDS 2010 reveló que las mujeres que informan mayor número de fuentes de educación sexual en el contexto escolar tienen más probabilidad de no haber iniciado actividad sexual vaginal o no tener pareja. Este mismo estudió evidenció que la exposición a información sobre la sexualidad antes de la edad de la primera relación sexual se relaciona con prácticas sexuales más seguras (las cuales incluyen posponer la edad de inicio de actividad sexual penetrativa). También se encontró que las mujeres que al momento de realizar la encuesta vivían en municipios que en el 2009 reportaron un nivel más alto de implantación del Programa de Educación para la Sexualidad y Construcción de Ciudadanía (PESCC) que promueve el Ministerio de Educación Nacional tenían más probabilidad de reportar un mayor número de prácticas sexuales seguras, así como actitudes más favorables al ejercicio de los derechos humanos sexuales y reproductivos. 

8. ¿Legalmente se puede incluir la educación de la sexualidad en el preescolar y la primaria?

Sí. En Colombia es obligatoria la educación de la sexualidad de manera transversal y en todos los grados escolares como lo estipula la Ley General de Educación desde 1994 (Ley 115/94) y como lo ratificó la Ley de convivencia escolar del 2013 (Ley 1620/13).  

Cabe señalar que la Ley 1146 de 2007 nos impone un reto específico: el fortalecimiento de la capacidad docente y profesional para abordar la educación de la  sexualidad y llevar a cabo iniciativas para la promoción y protección de los derechos humanos sexuales y reproductivos. Para cumplir con las obligaciones ante la ley se requiere más compromiso por parte del Estado y sus representantes (entre ellos el personal docente), la academia y todas las personas responsables de crear entornos propicios para que niñas, niños, adolescentes y jóvenes disfruten sus derechos, incluidos los derechos sexuales y los reproductivos.

Jean Piaget afirmaba que el principal objetivo de la educación en la escuela debería ser “crear hombres y mujeres capaces de hacer nuevas cosas, en lugar de simplemente repetir lo que otras generaciones han hecho” (citado por Price-Mitchell, 2014),  en el ámbito de la sexualidad esta finalidad es particularmente relevante.

Referencias

 

APA (2011). The Guidelines for Psychological Practice with Lesbian, Gay, and Bisexual Clients, adopted by the APA Council of Representatives, February 18-20. The Guidelines are available on the APA website at

Barrera, F. & Vargas Trujillo, E. (2005). Relaciones familiares y cogniciones románticas en la adolescencia: el papel mediador de la autoeficacia romántica. Revista de Estudios Sociales, 21, 27-35.

Del Río González, Ana María, Barrera Currea, Fernando, Vargas Trujillo, Elvia (2004). Factores de las relaciones padres-hijos que se asocian con las expectativas de vinculación y de apoyo a la autonomía que tienen los adolescentes de las relaciones románticas. Suma Psicológica, 11, 1, 95 – 110.

Haldre, K., Part, K., & Ketting, E. (2012). Youth sexual health improvement in Estonia, 1990-2009: the role of sexuality education and youth-friendly services. The European Journal of Contraceptive and Reproductive Health Care, 17 (5), 351-362. doi: 10.3109/13625187.2012.696751.

Henao. J., González, C. & Vargas Trujillo, E. (2007). Fecundidad adolescente, género y desarrollo: evidencias de la investigación. Revista Territorios, 16-17, 47 – 70.

Jaramillo, J., Ibarra, M.C. y Vargas Trujillo, E.,  (2013). Curso 3: Competencias pedagógico-didácticas para la promoción de derechos humanos sexuales y reproductivos en el marco del  Conpes social 147. Guía de contenidos. Bogotá: Servicio Nacional de Aprendizaje – SENA.

Luengo Navas, J. (2004). La educación como objeto de conocimiento. El concepto de educación. En A. Pozo, M. Del,  J.L. Álvarez Castillo, J. Luengo Navas y E. Otero Urtza, Teorías e instituciones contemporáneas de educación. Madrid: Biblioteca Nueva

Price-Mitchell, M. (2014). What Is Education? Insights from the World's Greatest Minds. Forty thought-provoking quotes about education. The Moment of Youth. Recuperado de

Rojas, A (2015).  Infancia, Género y Medios. Una propuesta para la promoción de  la equidad dirigida a realizadores de medios. Tesis de Doctorado. Departamento de Psicología, Universidad de Los Andes..   

Sarmiento, E., Barrera., F. & Vargas Trujillo, E. (2004) Relación de las actitudes personales y la norma social con la actividad sexual de los adolescentes. Revista de Estudios Sociales, 17, 56-66.

Vargas Trujillo, E. Henao, J. y González, C. (2007). Toma de decisiones sexuales y reproductivas en la adolescencia. Acta Colombiana de Psicología, 10, 1,  Disponible en

Vargas Trujillo, E., Barrera, F., Burgos Cantor, M.C. & Daza Mancera, B.C. (2006). La intención de los jóvenes de tener relaciones  sexuales en la adolescencia: el papel de la televisión, la relación con los padres y las cogniciones. Universitas Psychologica, 5,1,  69-84.

Vargas Trujillo, E., Rojas Martínez, A.M. & Balanta, P. (2008). Televisión y género: Un análisis desde la perspectiva  de los niños y las niñas, Mediaciones, 8, 25 – 39.

Vargas-Trujillo, E. (2013a). Sexualidad… mucho más que sexo. Bogotá: Ediciones Uniandes.

Vargas-Trujillo, E., Cortés, D., Gallego, J. M., Maldonado, D. & Ibarra, M. C. (2013b). Educación sexual de mujeres colombianas en la juventud: Un análisis desde el enfoque basado en derechos humanos. En Serie de estudios a profundidad - Encuesta Nacional de Demografía y Salud  1990/2010 (pp. 59-64).

Vivo, S., López-Peña, P., & Saric, D. (2012). Salud sexual y reproductiva para jóvenes: Revisión de evidencia para la prevención. Recuperado de

 

 


Doctora en Psicología. Profesora Asociada, Departamento de Psicología, Universidad de los Andes. Líder del grupo de investigación Familia y Sexualidad.

Magister en Psicología. Estudiante de Doctorado. Facultad de Educación – CIFE, Universidad de los Andes. Investigadora, grupo Familia y Sexualidad.

Magister en Psicología. Estudiante de Doctorado. Grupo Familia y Sexualidad. Departamento de Psicología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes.

Doctora en Psicología. Investigadora. Grupo Familia y Sexualidad. Departamento de Psicología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de los Andes.