El mundo piensa en los cuidadores y profesores de los más pequeños

El hecho de que la ciencia haya probado que la mayor cantidad de conexiones en el cerebro ocurren en los primeros años de vida, ha servido para que se piense en el cuidado y atención de los niños. ¿Qué capacidades deben tener quienes están con ellos?

Angela Constanza Jerez Trujillo
Angela Constanza Jerez Trujillo
Gerente de Responsabilidad Social
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30 de Noviembre de 2015

Una dinámica interesante se está gestando en el país en relación con la primera infancia. Academia, organizaciones que velan por los derechos de la niñez y aquellas que promueven la calidad de la educación están abriendo espacios para reflexionar sobre el tipo de atención para niños entre los cero y 5 años, el tipo de formación que deben tener quienes los atienden y los modelos de atención que deben darse para responder a las realidades de las familias de hoy.

Bien lo dijo hace unos días Jorge Eslava, director del Instituto Colombiano de Neurociencias, durante el conversatorio Nuevos educadores para los primeros años’, convocado por el programa de Licenciatura en Educación Inicial de la Fundación Universitaria Cafam (Unicafam): “Cómo pensamos en algún momento que la atención a la primera infancia era un oficio menor, que los niños más pequeños necesitaban menos formación”. Y Con algo de sátira señaló: “es mejor entregar un avión a un piloto ‘chifloreto’ que dar un grupo de niños a maestros que no tengan capacidades para cuidarlos y educarlos”.

¿Y cuáles son esas capacidades? se preguntan algunos. En la lista están señalando los conocedores del tema, que además de ser amorosos y queridos con los niños, deben saber de desarrollo infantil, algo de sicología e incluso tener los conocimientos necesarios para identificar dolencias del cuerpo y del alma.

Y junto a ello, deben tener la posibilidad y la mente abierta para estar con los niños en espacios diferentes al jardín infantil, pues algunos padres no pueden o no quieren ver a sus hijos en estas instituciones.

Hace poco, precisamente, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señaló en su informe ‘Los Primeros Años: El Bienestar Infantil y el Rol de las Políticas Públicas’, que era recomendable invertir más en programas para la formación de los cuidadores, que en infraestructura para jardines infantiles porque estaba demostrado que tenían mayores impactos en el desarrollo de los niños.

En ese sentido, en el conversatorio en mención reconocieron las propuestas de Bogotá que ofrece atención a niños hasta los 5 años en jardines nocturnos (funcionan de 4 de la tarde a 7 de la mañana) y espacios de pensamiento intercultural para niños indígenas y afro. Además cuenta con un equipo de maestros y artistas que visitan a las familias en sus casas.

“La educación inicial se confunde con el jardín infantil, cuando es un desarrollo integral que ocurre en diferentes espacios, no solo en el jardín, y debe responder a la diversidad de los niños y las familias”, explicó Astrid Cáceres, subdirectora para la infancia de la Secretaría de Integración Social.

Eso mismo reiteró Claudia Gómez, del equipo del programa de Cero a Siempre de la Presidencia de la República y consultora del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), para quien además de pensar en otros espacios, hay que pensar en nombres apropiados para la educación inicial, que no debe ser considerada como preescolar, porque no se trata de enseñarles las bases de lo que aprenderán cuando entren al colegio. Se trata de darles una atención integral caracterizada por el juego, el arte, la literatura y la exploración del medio, como señaló  la reconocida escritora y maestra Yolanda Reyes, quien insistió en que hay que cambiarle el ‘chip’ a los papás que buscan jardines que enseñen a sus hijos a ser precoces y les aseguren la entrará al colegio deseado.

“La crianza ya no es solo de las familias, también es de los maestros”, señaló Eslava para reiterar que la educación inicial es diferente a lo que se ha pensado en los últimos años y que debe responder a las realidades de las familias y del mundo del siglo XXI.