Un golpe al centro del cambio

La promoción del miedo ha demostrado ser efectiva. Muchos colombianos están dispuestos a cambiar corrupción y autoritarismo, por la garantía de seguridad y contención a la debacle venezolana.

Diogenes Rosero
Diogenes Rosero
Director de Foro Costa Atlántica.
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30 de Enero de 2018

La crisis en los diálogos con el ELN nuevamente abre el debate sobre las reales opciones de éxito de una candidatura de centro o izquierda en Colombia.

Aunque gran parte de los sectores alternativos intentaron posicionar el tema de la corrupción como epicentro del debate nacional, el tema de la Paz regresa con más fuerza al centro de la discusión pública. A pesar que nunca desapareció del escenario político, logró por un tiempo mantener un bajo perfil; en comparación a los escándalos de corrupción que ha llevado la batuta en la campaña presidencial.

La propuesta de sacar al país de la polarización tratando de capitalizar el descontento generalizado ofreciendo una propuesta de manos limpias es audaz y  ha dado resultados. En la mayoría de los sondeos de opinión vienen liderando candidatos que simbolizan la trasparencia de lo público o quienes han dado batallas desde el Congreso en contra de los corruptos.

Ha sido tan efectiva esta idea, que las candidaturas de centro derecha que se han fortalecido representan las alternativas menos cuestionadas, en detrimento de las que tienen fuertes señalamientos, ligados a su pasado clientelar y nexos non sactos con poderes locales.

Esta tendencia puede cambiar debido a estos nuevos hechos de violencia política promovidos por el ELN, que se suman a la  reiterada polarización en torno al mantra del “castrochavismo”.

La promoción del miedo ha demostrado ser efectiva. En tiempos difíciles, representan un teflón frente a cualquier debilidad o punto oscuro de las campañas. Muchos colombianos están dispuestos a cambiar corrupción y autoritarismo, por la garantía de seguridad y contención a la debacle venezolana. Frente a la incertidumbre, los ciudadanos prefieren la seguridad, no el cambio.

Hay señales concretas de este comportamiento: la última campaña presidencial y el resultado del plebiscito, ambas sorpresas frente a las encuestas.

Aunque la esperanza siempre nos hace ser optimistas, si la balanza ya estaba cargada hacia la derechización del país, la nueva realidad la complejiza aún más.

La derecha intentará endurecer aún más su discurso, capitalizando la desazón y desconfianza generada por los ataques del ELN. Los resultados se podrían decantar hacia dos candidatos de centro derecha en segunda vuelta o -en el peor de los escenarios- en una victoria en primera vuelta.

¿Obliga esta nueva realidad a hacer cambios de estrategia de los sectores alternativos? ¿Se estará sobre dimensionando el éxito de las encuestas y subestimando la efectividad de la radicalización?

Hay que responderle a la polarización. La única bandera no puede ser la lucha contra la corrupción. Debe complementarse el mensaje con un contenido importante que responda con mayor consistencia al reto de la construcción de paz y las ventajas de su implementación.

La necesidad de consolidar por lo menos dos bloques de centro izquierda antes de primera vuelta es una obligación, la dispersión de los votos representan un suicidio político. Por último, debe replantearse una estrategia audaz para consolidar una bancada para la paz, lo cual permitiría enviar una señal de fortaleza institucional de cara al futuro manejo del país.