Sociedad inhumana y corrupta

¿Hasta qué punto de inhumanidad hemos llegado?

Jacobo Solano
Jacobo Solano
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03 de Octubre de 2017

Hace apenas un mes que el Papa Francisco conmocionó al país con su visita, muchos salieron a las calles, otros escucharon emocionados sus homilías; pero parece que su mensaje no le llegó al grueso de nuestra sociedad, enferma de odio, rabia, arribismo, envidia, intolerancia, corrupción y desprecio a los semejantes.

El asesinato a piedra, de un hombre en Santa Marta, por cuenta de una turba enardecida con sed de sangre, mientras unos espectadores, que hacían las veces de público, filmaban y gozaban con el grotesco espectáculo; me trasladó al Coliseo Romano, cuando los emperadores lanzaban gente a los leones para disfrutar del horror desde las gradas ¿Hasta qué punto de inhumanidad hemos llegado?

Un conglomerado salvaje que degrada al ser humano y se interesa más en un video de Silvestre Dangond, borracho y hablando idioteces, que en lo que pueda acontecer con recién nacidos que mueren en clínicas como la Laura Daniela de Valledupar, donde les aplican medicamentos adulterados, con la complicidad de la Secretaria de Salud, que afirma que los niños de todos modos iban a morir y cuando las madres van a protestar en un plantón por la vida, los empleados hacen un contra-plantón, desafiando cualquier sentimiento de compasión.

Vivimos en la sociedad del consumo, el maquillaje y la careta, la sociedad de los protagonistas de novela, donde solo importa lo material y la apariencia, programas de televisión fundamentados en el morbo y la estupidez. Más nos preocupa el hotel en que se va a alojar el fanfarrón de Gianluca Bacci, quien no tiene lucas y solo sube babosadas al Instagram para impresionar; que lo que pueda pasar en algunas cárceles, donde los internos mueren sin el elemental derecho a la resocialización.

Es la era de la corrupción total, afianzada en todos los poderes del Estado, los magistrados con un cartel organizado para cobrar astronómicas sumas, hasta de 20.000 millones, que pagan los políticos, como Musa Besaile, quien además rebajó su soborno de 6000 a 2000 millones, hizo vaca y con la plata de la Gobernación de Córdoba, pagó por cuotas, después se declaró víctima de extorsión y cuando lo fueron a capturar, se voló.

Donde el Fiscal Anticorrupción es de los más corruptos, hasta confesó entre todas sus pilatunas, que en un retén de policía le encontraron una gruesa suma de dinero en el carro y sobornó a cada agentes con 1 millón de pesos, quienes en compensación, lo escoltaron hasta su casa ¡Qué gran proeza!

Vivimos en la sociedad de la intolerancia y la demencia, donde la esposa de un senador Uribista, es capaz de armar un monumental escándalo porque un pasajero del avión en que viajaba, usaba una gorra verde con una estrella roja y no podía viajar con, según ella, un guerrillero, un desafortunado viajero, discriminado e insultado por la incultura y la prepotencia de quienes se creen superiores.

La sociedad del odio y de la afrenta, donde los exguerrilleros de las Farc quieren una oportunidad y hablan de reconciliación, pero a renglón seguido, ofenden a las víctimas con un homenaje a uno de los mayores asesinos de la historia, el Mono Jojoy.

La sociedad que ataca al medio ambiente, como hace el ELN, justo antes de entrar en cese al fuego, dinamita un oleoducto, causando un desastre en ríos y cañadas, mata policías en el Cauca y para colmo la gente profana los cuerpos y se roba todas sus pertenecías, incluyendo el armamento.

¿A dónde vamos a llegar? El futuro como país depende de los próximos mandatarios que elijamos, si seguimos en la misma con los mismos, quienes nos han llevado a este caos, es probable que caigamos al despeñadero. Pero más allá de los políticos, el compromiso es de la sociedad como tal, de mirarse al espejo y ver que estamos haciendo, sobre todo por las nuevas generaciones que van a encontrar un país vuelto mierda y sin valores.