Siete de agosto, día anticorrupción

 “Eterna gloria a los valerosos e insobornables niños próceres, Pedro Pascasio Martínez y Negro Jose”, así reza la leyenda que está en la placa del monumento de estos dos héroes infantiles que se levanta en el Puente de Boyacá. 

Luis Oñate Gámez
Luis Oñate Gámez
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07 de Agosto de 2017

El siete de agosto además de conmemorarse la Batalla de Boyacá, enfrentamiento que para muchos nos selló la libertad frente al yugo español, también se debería celebrar el día de la rectitud o anticorrupción. De igual manera, los jerarcas del catolicismo podrían estudiar la posibilidad de pasar el día de San Pascasio del 26 de abril para el 7 de agosto.

Aseguran los historiadores que en la tarde del 7 de agosto de 1819, luego de una ardua batalla y después de la contundente derrota que el ejército patriota les propinó, vencido y cansado el general José María Barreiro, comandante de las tropas españolas, buscó refugio debajo del puente de Boyacá. En medio de las tinieblas y el frío, cuando muchos de los combatientes victoriosos se retiraban a descansar, entre piedras y arbustos, el joven Pedro Pascasio Martínez encontró el escondite de Barreiro.

Pedro Pascasio, quien se había unido al ejército del Libertador como cuidador de caballos, en compañía de otros inquietos jóvenes, entre ellos el Negro Jose, no descansó hasta dar con el General Barreiro. Cuentan que el oficial español al verse descubierto le ofreció a Martínez una busaca llena de monedas de oro, parecida a la que le entregaron a Judas cuando vendió a Jesucristo, pero Pascasio se indignó, la rechazó, y poniéndole la lanza en el cuello hizo que Barreiro se levantara y saliera del escondite entregándoselo al propio Simón Bolívar.

Narran historiadores que por el acompañamiento y apoyo que tuvo con las tropas y por esta última acción donde quedaron demostradas su lealtad y rectitud el Libertador Bolívar le entregó a Pascasio Martínez la suma de cien pesos y lo ascendió al grado de sargento con apenas 12 años de edad. Al terminar la guerra Martínez fue retirado de ejército y regresó a Cerinza Boyacá, su tierra natal, en donde prosiguió con sus labores campesinas.

En l880, cinco años antes de su muerte, por medio de una ley el congreso le reconoció al sargento Pedro Pascasio Martínez su hazaña y le asignó una pensión de 25 pesos pero ésta nunca le llegó, le pasó lo mismo que al coronel de la obra de García Márquez, nadie le volvió a escribir. El rechazo dado al soborno que le propuso Barreiro aquel 7 de agosto quedó enmarcado como un acto probo e insigne de la no corrupción.

 “Eterna gloria a los valerosos e insobornables niños próceres, Pedro Pascasio Martínez y Negro Jose”, así reza la leyenda que está en la placa del monumento de estos dos héroes infantiles que se levanta en el Puente de Boyacá. Éste y unos pocos datos en uno que otro libro es lo se puede encontrar sobre un hecho tan relevante para la historia del país, que debe estar enmarcado en los principio de nuestra vida pública.

Más allá de su valentía y probidad, los valerosos e insobornables niños próceres también son vistos como las primeras víctimas del reclutamiento infantiles para la guerra en nuestro país, ninguno sobrepasaba los 12 años.