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Que nos duela a todos

#DuelaleAQuienLeDuela, popularizado por quienes defienden y condenan socialmente al expresidente Uribe se abre camino en Barranquilla, por cuenta del Alcalde, Alejandro Char.

Adriana Algarín
Adriana Algarín
Experta en rendición de cuentas, participación ciudadana y transparencia
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06 de Agosto de 2018

La frase, inicialmente utilizada por quienes parecen valorar hasta idealizar a los servidores públicos, busca defender su gestión de las críticas - sean estas infundadas o no-. Y es en el segundo caso cuando el problema se revela. Los funcionarios del Estado deben estar al servicio de la ciudadanía, especialmente aquellos de elección popular.

Cuando se elige un servidor público, a nivel local o nacional, la ciudadanía entrega un mandato y le encomienda el buen manejo de los recursos públicos y la gestión por alcanzar mayor bienestar social. En contextos democráticos, se espera no solamente que cumplan dichas funciones sino que además lo hagan de manera transparente, participativa, eficaz, entre otros.

En el caso de Alejandro Char, su defensa no es en ningún caso infundada. El alcalde, el más popular y mejor calificado según la encuesta del ha cambiado, sin duda alguna, la cara de Barranquilla desde su primera administración (2008-2011).

Esa labor continuó en manos de la ex alcaldesa Elsa Noguera (2012-2015), de su mismo grupo político, y hoy está nuevamente en manos de Char siendo esta la segunda vez que se le encarga el mando de la ciudad. Desde el ‘saneamiento’ de las finanzas públicas (el Distrito sigue amparado por un Acuerdo de Reestructuración de Pasivos desde 2002 y adeuda alrededor de ) hasta el programa de canalización de arroyos, la recuperación de parques hasta la reciente celebración de los Juegos Centroamericanos y del Caribe, la prensa y la ciudadanía han aplaudido la gestión de la Alcaldía.

Sin embargo, dado los límites a los cuales están sometidas las autoridades públicas, no solo debe interesarnos (como ciudadanos en ejercicio) los resultados de su gestión sino también los procesos y consecuencias asociados a esos resultados.

En este sentido, las críticas no deben verse en ningún caso como una persecución a la administración o efecto de alguna riña personal con los funcionarios. Por el contrario, la gestión de mandatarios se debe a la ciudadanía y por ende, esta debe estar en capacidad de vigilar y cuidar los recursos y los procesos públicos porque no son del alcalde de turno sino de todos. Un mal manejo del presupuesto, e incluso las y apoyo a contratistas y sindicatos por corrupción deben dolernos a todos.

Incluso cuando todo parece haber salido bien con los Juegos Centroamericanos y del Caribe, una evaluación detallada del evento es necesaria. No se trata de revisar el tema deseando encontrar fallas sino de utilizar mecanismos de transparencia y rendición de cuentas para aprender lecciones que puedan servir a futuro.

En especial cuando el alcalde ha manifestado su deseo de que la ciudad sea anfitriona de los Juegos Panamericanos, y aún más, para pensar cómo mantener la infraestructura física y cultural que se desarrolló gracias a los juegos.

La invitación es a que tanto la ciudadanía como diferentes autoridades que han aportado a las obras y programas insignia de la alcaldía concerten espacios para conversar, analizar y cuestionar los procesos, los resultados y sus efectos con miras a lograr sostener la aparente buena racha por la que pasa la ciudad y trabajar de la mano para alcanzar mayor bienestar bajo los límites de la buena administración pública y la democracia participativa.