País corrupto

Hay que reconocerlo, somos un país corrupto

Jacobo Solano
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27 de Febrero de 2017

Por: JACOBO SOLANO C.*

Hay que reconocerlo, somos un país corrupto. La corrupción se ha ido metiendo hasta llegar a todas las esferas del poder público y privado, en perjuicio de los más necesitados, ¿por qué somos tan corruptos? ¿Será que la corrupción es inherente al ser humano? Como dijo alguna vez el filósofo Miguel Nule, “Pienso que no, pero si hay una gran parte de la población que se deja llevar por el atajo para conseguir sus metas en todas las clases sociales”. Debido a esto, surgen personajes como Otto Bula, quien pasó de ser quesero a ser senador, el típico arribista que por obtener dinero y reconocimiento, hace lo que sea; lo mismo Luis Bedoya, de mensajero a Presidente de la Federación de Futbol y  terminó envuelto en el FIFA-Gate y Emilio Tapia, de mensajero a megacontratista. Pero también abundan los de clase alta, formados en buenos colegios, universidades en el exterior, son peores, pese a su educación tiene el mismo objetivo que los Bula y los Bedoya, robar, como cualquier ladrón de la Décima o la Caracas; nombres hay muchos: Soto Prieto, Fabio Puyo, Samuel Moreno, Los hermanos Nule y recientemente Gabriel García Morales, de la alta “alcurnia” cartagenera y podría seguir nombrando.

Este es un país de carteles, en cada sector hay un cartel que se organiza para subir precios, evadir impuestos y saltarse la ley. Hay corrupción electoral, pero también hay corrupción en las Cortes, magistrados como Prettel, expresidentes como Samper y abogados en pila, como Víctor Pacheco; la policía no se salva, numerosos casos de patrulleros que han caído recibiendo sobornos, pero también generales como Santoyo y Flavio Buitrago; en el sistema de salud, Carlos Palacino y en la banca privada, Víctor Maldonado de InterBolsa; en las universidades, Silvia Gette de la Autónoma y a Mariano Alvear de la San Martin; es una pandemia.

La corrupción carcome al país. En cifras, en el sector público, según el contralor Edgardo Maya, llega a 50 billones de pesos al año, con estos recursos se podrían atender gran parte de las necesidades del país, sin meterle mano al contribuyente con una reforma tributaria tan regresiva como la de Santos este año; y el sector privado no se queda atrás, la cifra es aún más escandalosa, 60 billones al año. Ser corrupto se ha vuelto un tema de status, expresó esta semana el Procurador General, Fernando Carrillo; y es que los traquetos en los años 90 eran vistos, por gran parte de la ciudadanía, como gente de “bien” por sus fiestas y derroche de dinero; ahora es el corrupto, considerado triunfador, bien vestido, anda en las mejores camionetas y se la pasa en clubes sociales y restaurantes, aunque carezcan de temas interesantes de que hablar, obtiene halagos y excelentes comentarios de los aduladores que los ven como superhéroes por robar recursos públicos, observaciones que darían pena en cualquier sociedad civilizada “Ese sí la supo hacer”, “Marica el último”, es la cultura del dinero fácil. La corrupción desbordó los límites y los próximos candidatos a la presidencia, pueden decir misa, pero hasta que no se haga una reforma política estructural y se le den herramientas a la ley para que las autoridades y organismos de control actúen de forma articulada y seria, este despelote seguirá acabando con la ilusión de desarrollo de este país.

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