No es la revista Semana, es la forma de sobrevivir de los medios

Si bien el periodismo en Colombia vive momentos de transformación, crítica y exposición, el fenómeno de observar medios de comunicación asumir posición y tomar partido en diferentes temas del ámbito nacional e internacional, no quiere decir que sea necesariamente un problema del mensajero o del mensaje, sino del medio o canal que lo transmite.

Óscar Durán
Óscar Durán
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09 de Enero de 2017

La portada de la última edición de la ha dado mucho de qué hablar. No se trata de un ejercicio amañado o vergonzoso del nuevo periodismo basado en adjetivos e índices de navegabilidad en sus páginas. Tampoco se trata de una estrategia “maléfica” de los grandes medios para alinearnos o vendernos una realidad maquillada como muchos creen en los casos de Andrés Felipe Arias, Gustavo Petro, Álvaro Uribe, Juan Manuel Santos, las Farc, etc. Se trata de un rostro que los medios han empezado a mostrar, y con el que nosotros como audiencia debemos estar cada día más familiarizados.

¿La razón? Sencilla, el sistema económico de los medios de comunicación tradicionales está colapsando pedazo por pedazo. La periodista lo advirtió hace tres años: “Hoy, estos señores (los dueños de los medios), están en problemas porque el modelo económico tradicional que conocían se agotó. Muchos están abandonando el barco y buscan réditos en otras actividades lucrativas; otros continúan administrando su decadencia, enfermos de elefantiasis, con atrofiadas burocracias que no reaccionan a la velocidad que demandan los tiempos; y algunos pocos continúan luchando para sostener sus operaciones al tiempo que hacen lo que pueden para reinventarse”, y ese, creo, es el caso de muchos de nuestros viejos y tradicionales medios de comunicación colombianos.

Por eso estoy seguro de que el problema es de los medios, no del periodismo a pesar de todo. El mismo Daniel Coronell lo reconoció el año pasado: . El tema es que los periodistas estábamos muy tranquilos alimentando nuestro idealismo y buscando cómo alinearlo al de los dueños de los medios, que no nos dimos cuenta que el piso se nos movió y que debemos empezar a adaptarnos a esta realidad diferente. La que establece que los dueños de los medios están buscando afanosamente cómo sobrevivir en el mercado, y para ello canales de televisión como Caracol y RCN no dan su brazo a torcer en la idea de no dejar entrar a otro canal competidor en su torta publicitaria. O la que “vende” la idea de hacer periodismo serio que cubre “todos” los ángulos de una noticia, o la de los “periodistas – periodistas” que entregan más protagonismo a un victimario que a un sobreviviente de violación. Eso en últimas no es más que relaciones públicas o pauta publicitaria disfrazada de periodismo.

Vuelvo y cito a Segnini para reforzar la idea del nuevo rostro del que hablé al principio de este texto: “A la industria cenicienta de los medios empezaron a aparecerle príncipes azules: los billonarios de Sillicon Valley, (en Colombia el caso de Alejandro Santo Domingo con Caracol TV y El Espectador, y Luis Carlos Sarmiento con El Tiempo, etc.) quienes prometen mantener y fortalecer los valores más sublimes del periodismo dinamizando su operación, dispuestos a perder unos cuantos millones en el proceso. Mientras tanto, la mayoría de los periodistas esperamos como simples espectadores a que alguien más rescate el rancho y nos devuelva la tranquilidad de la quincenodependencia”.

Pero no toda forma de financiación de un medio en la actualidad debe estar centrado en los visionarios o millonarios de buen corazón. alguna vez lo dijo, y mostró uno de los caminos más duros pero más honestos de estas formas de sobrevivencia cuando creó con su grupo la campaña de los : “La labor de los periodistas del futuro será posibilitar las condiciones propicias para la generación de información y prácticas útiles para esas comunidades (las digitales). También crear puentes y conexiones entre una comunidad y otra. De esto se deriva que, en el futuro, la producción periodística profesional será colaborativa (en historias y en financiación de investigaciones). La idea de un reportero juicioso buscando solo la información cederá paso a la construcción colectiva de las historias o crowdsourcing (Howe) —como se conoce en inglés— entre reporteros profesionales y usuarios interesados o especializados en los temas”, y eso conlleva aprender a pagar por los contenidos o meterse la mano al bolsillo y entregar recursos a estos medios para que puedan generar mejores y más trabajos de investigación.

Por eso apuesto que desde ahora el periodismo no debería prometer más objetividad. Es más, hoy ni siquiera los lectores le deberíamos exigir objetividad al periodismo. Hoy el periodismo lo que debe prometer es transparencia, y en ese sentido, la revista Semana y tantos otros medios lo que hacen y harán es abrir sus cartas y mostrar en lo que creen y en lo que aceptan. Que todos dejen clara su inclinación en los diferentes temas, y la opinión pública decida o no leerla, escucharla o verla.

“Hoy nosotros deberíamos pedir puntos de vista al periodista”, sostienen desde el los amigos Omar Rincón y . “Se necesita periodismo de matices y grises. Dejemos de hacer periodismo de buenos y malos, de equilibristas: una fuente de aquí y otra de allá. Las realidades son más ambiguas y porosas, exigen que pensemos y le pongamos matices, dudas y procesos. No juguemos al bueno y el malo, apostemos por comprender y contextualizar”, reclama una vez más . O en dado caso, como espectadores de este fenómeno, afiliarnos a los medios que de alguna manera coinciden en sus posiciones con las nuestras es una opción, discutible, pero opción al fin y al cabo. Es nuestra decisión, aunque con ello perdemos contextos y ángulos diferentes.

O tal vez el problema y la solución es otra. El periodista y académico Ricardo Chica cree que “esto tiene que ver con la pérdida de la paciencia como capacidad social de la audiencia. En general, la gente se acostumbró a la satisfacción inmediata, a la respuesta instantánea. Creo que los medios y las nuevas prácticas del periodismo pasan por ahí, y ello puede explicar la ausencia de un periodismo investigativo. La impaciencia generalizada pone en riesgo la interpretación crítica de los acontecimientos. Son las lecturas difíciles las que forman. De manera que el periodismo se ajustó a los intereses del , donde la reflexión crítica está ausente de todos los ámbitos de aprendizaje, incluyendo la escuela, las prácticas de crianza y los medios de comunicación".

Sea un problema de sistema de negocio, supervivencia financiera o pérdida de la paciencia, lo concreto es que los medios están mostrando una cara que no estábamos acostumbrados a ver. Muchos creen que por fortuna existen las polivalentes y multifacéticas redes sociales para conocer otras formas de actuar, pensar e informar. Eso está por comprobarse.

¿Y qué viene para el futuro? como formadores de periodistas tendríamos que aportar algo más. Para ello ilustro mi opinión con una anécdota del cantante Charly García. Alguna vez le preguntaron: ¿Qué haces cuando quieres escuchar buena música? él respondió: "Me siento y compongo". Eso deben hacer ahora los periodistas del futuro. Sentarse y hacer buen periodismo. Eso sí, advirtiendo que ganarán lo suficiente como para sobrevivir, no tanto para ser millonarios y poderosos, pero sí para no perder la capacidad particular para afrontar las situaciones más adversas con tal de defender aquello en lo que creemos.

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