Mocoa o la “naturalización” de las tragedias

La tragedia de Putumayo no es natural, es producto de la forma excluyente y discriminatoria como operan nuestros modelos de planeación y de desarrollo que obligan a sectores de población a ubicarse en las laderas, en las orillas de los ríos, en las zonas marginales a las realmente habitables.

Jair Vega Casanova
Jair Vega Casanova
Profesor - Investigador
63 Seguidores53 Siguiendo

0 Debates

2 Artículos

Artículo

281

0

03 de Abril de 2017

Lo sucedido este fin de semana en Mocoa me trae a la mente la canción Plantación Adentro de Rubén Blades, justo cuando dice: "Y el médico de turno dijo así: 'muerte por causa natural'. Claro, si después de una tunda 'e palo que te mueras es normal". En el caso de muchas tragedias como la ocurrida este fin de semana en el Putumayo, se ha vuelto costumbre "naturalizarlas". La verdad es que no tiene nada de natural que las personas vivan en terrenos en los que ya se sabe de antemano puede haber deslizamientos, inundaciones o riesgo de accidentes, entre muchos otros.

La tragedia de Putumayo no es natural, es producto de la forma excluyente y discriminatoria como operan nuestros modelos de planeación y de desarrollo que obligan a sectores de población a ubicarse en las laderas, en las orillas de los ríos, en las zonas marginales a las realmente habitables. Con contadas excepciones como la ocurrida en el año 2008 en un sector del Poblado en Medellín, la mayoría de los desastres llamados naturales, que ocasionan cantidades de víctimas o daños en la infraestructura, ocurren en las zonas más pobres y vulnerables de la población. Precisamente es la pobreza y no la naturaleza la que pone a la población en condición de vulnerabilidad.

Casi siempre que escuchamos de este tipo de tragedias, como sucedió con la inundación del Sur del Atlántico en el año 2010, aparece alguna fuente que nos revela que estamos ante una nueva crónica de una muerte anunciada. Es que es así, por lo general ya se conocen los riesgos, de hecho en este momento, tal como sucedió en los barrios inundados de Mocoa, siguen existiendo muchas poblaciones en Colombia que están durmiendo con la zozobra bien sea de las consecuencias de la ola invernal o de la sequía que traerá un nuevo femónemo como el del Niño.

Ahora bien, hay otras acciones que influyen, que también son humanas y son producto de un modelo de desarrollo que sigue siendo extractivo y dañino para el entorno humano, por no hablar del planeta. Actividades como la tala indiscriminada, muchas prácticas de minería, disposición de residuos, entre otras, que producen desertificación, erosión, desprotección de las riveras de los ríos, contaminación, propician las condiciones para que este tipo de tragedias se puedan ocasionar.

En realidad no estamos hablando de víctimas de desastres naturales, la naturaleza nos provee de muchos beneficios, estamos hablando de víctimas de acciones humanas, de decisiones políticas en un país y en un mundo, donde los índices de inequidad siguen creciendo.

Frases como la del presidente Santos prometiendo que le devolverá a Mocoa un futuro, en el cual será mejor que antes, suenan huecas y retóricas pues si bien es cierto debemos centrar nuestra atención en apoyar a la comunidad de este municipo en este momento trágico, la apuesta tendría que ir mucho más allá, superando los enfoques remediales centrados en atender cada cierto tiempo a las víctimas de una tragedia previsible.

Comentarios