Manaure y Ciénaga, ejemplo de la paz posible en el Caribe

Más allá de las dudas sobre los Acuerdos de Paz por la captura de Santrich y el asesinato de los periodistas por parte de una disidencia, hay comunidades que avanzan ya sin guerra.

Luis Fernando Trejos Rosero
Luis Fernando Trejos Rosero
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15 de Abril de 2018

Hay un creciente desánimo frente al Proceso de Paz entre los excombatientes de las antiguas Farc y los sectores sociales que lo han apoyado. Esto, entre otras cosas, por los incumplimientos en la implementación, la captura de Jesús Santrich, el escándalo del Fondo Paz, el asesinato sistemático de líderes sociales y el asesinato de los tres periodistas ecuatorianos por parte de la disidencia de alias Guacho.

Frente a esto, se hace necesario rescatar las voces y experiencias de las comunidades (en su mayoría rurales) que han venido experimentando los efectos positivos, directos e indirectos, del fin de la confrontación armada en sus territorios.

En el Caribe, dos municipios (no son los únicos) lo atestiguan. En Ciénaga, Magdalena, y Manaure, Cesar, los triunfos tempranos de la paz ya se han empezado a sentir.

En las zonas rurales de estos municipios, estaban el ELN y las Farc desde la década de los ochenta, lo que en la práctica fracturó el territorio entre cabeceras municipales con presencia estatal y zonas rurales sin ley, en las que la única autoridad era la insurgencia armada.

Esta situación aisló a las poblaciones rurales y las privó durante décadas de la oferta institucional, afectando sustancialmente su desarrollo social y material.

En el caso de Ciénaga, ahora los corregimientos de Palmor, San Javier, San Pedro y Siberia, son los mayores productores de café del Caribe colombiano, exportando gran parte de su producción. Cuentan con valiosas experiencias de autogestión comunitaria, como el caso de Electro Palmor, la pequeña central hidroeléctrica con la que generan su propia luz, y los comités de arreglo de caminos. Hoy, estos corregimientos se proyectan no solo como agro productores, sino como importantes plataformas para el desarrollo del eco y el etno turismo.

La situación de Manaure es similar. En este momento, el municipio se proyecta como un destino turístico del Cesar (especialmente de los valduparenses) y el sur de La Guajira. Según su Alcalde, los fines de semana reciben entre 300 y 400 vehículos. Ahí aumentó la compra de inmuebles urbanos y rurales con fines recreativos y en las partes altas de la Serranía del Perijá, el ecoturismo ha producido un importante flujo de visitantes extranjeros atraídos por el avistamiento de aves. Todo esto ha sido posible debido al fin del conflicto con las Farc.

Cabe señalar que a diferencia de Ciénaga, Manaure se encuentra enclavada en la Serrania del Perijá, por lo cual la violencia producida por el conflicto armado golpeó con fuerza la cabecera municipal, su comando de Policía sufrió cuatro hostigamientos, la Alcaldía fue destruida en una ocasión, la sede del Concejo dinamitada y, a pesar del alto número de víctimas, la mayoría de sus habitantes coincide tajantemente en reconocer los beneficios palpables de la paz.

De ahí que acogieran en su municipio el Espacio Transitorio de Capacitación y Reintegración Simón Trinidad, en el cual hacen su paso hacia la vida civil los excombatientes de los frentes 41 y 19 de las desmovilizadas Farc (sus antes victimarios).

En ambos municipios se adelantan planes de electrificación rural, obras de pequeña infraestructura comunitaria y se están formulando Planes de Desarrollo con Enfoque Territorial. Estos últimos se constituyen en verdaderos escenarios de participación ciudadana en el plano local, con el fin de planificar sus territorios a 10 años, esta labor la encabeza la Agencia de Renovación del Territorio.

En cierta forma, tres hechos han posibilitado que en estos dos municipios la paz haya producido hechos positivos tangibles:

El primero, es que los alcaldes han creído en el proceso y han apoyado a las agencias encargadas del posacuerdo.

El segundo, es que en sus territorios no hay presencia de disidencias o grupos armados organizados y rentas ilícitas (esto último no sucede en el sur de Bolívar, sur de Córdoba, norte del Cauca, el Pacífico y el Catatumbo).

Por último, en ambos municipios las Juntas de Acción Comunal históricamente han asumido un rol social protagónico, a pesar de las presiones armadas y la poca interacción que sostuvieron con las administraciones locales por efectos de la guerra, se mantuvieron y se mantienen como nodo central de sus comunidades, dando espacio a la participación ciudadana, representando a la institucionalidad legal y en muchos casos sirviendo como dique de contención ante el abuso de los actores armados.

Hay que conocer y escuchar a las comunidades rurales de estos municipios, tener en cuenta sus experiencias y aprendizajes, comprendiendo que las decisiones de guerra que se toman en Bogotá se materializan en las regiones, especialmente en las periferias rurales.