Las mentes y la guerra

Ojalá nuestras mentes también comiencen a caminar regresando de la guerra con la misma idea de deponer las armas, en lugar de quedarse en ella buscando aún algún culpable, para seguir considerándolo enemigo y reavivar el deseo de eliminarlo, sin permitir romper ese lazo entre nuestras mentes y la guerra, que nos hacer perpetuarla.

Jair Vega Casanova
Jair Vega Casanova
Profesor - Investigador
60 Seguidores53 Siguiendo

0 Debates

1 Artículos

Artículo

433

0

16 de Febrero de 2017

En estos días he estado viendo en la televisión las imágenes de muchos hombres y mujeres, aún con las armas en sus hombros, caminando por carreteras y caminos de las veredas de Colombia, continuando un transito hacia un territorio donde muy pronto serán excombatientes.

En principio me parecían imágenes familiares, similares a muchas otras de los archivos de los noticieros de televisión, pero de repente noté una importante diferencia. Comencé a pensar en que esos fusiles dejaron de ser usados desde hace ya más de un año, al igual que los de muchos de los soldados del ejército nacional que a su paso les daban la mano saludándoles. Fusiles que han estado ahí a la espera de que de una manera menos violenta, los hombres y mujeres que los portan, o aquellos que han hecho que los porten, de uno y otro bando, se pusieran de acuerdo y avanzaran en los trámites y procedimientos necesarios para que puedan terminar a lo mejor fundidos en esculturas que nos recuerden la esperanza de la convivencia pacífica y la necesidad de la no repetición.

De hecho, el pensar hoy que más de seis mil personas ya están concentradas esperando el momento de la entrega de sus armas, que equivalen a más del noventa porciento de lo que se dice es el número total de integrantes de este grupo, es una muestra de un ejército con capacidad de convocatoria dentro de sus filas, pero sobretodo con una gran decisión de optar por una actuación política por las vías democráticas.

Estas imágenes me han producido gran emoción, el paso lento pero decidido, sus miradas, algunas nostálgicas y otras alegres, me hacen sentir y pensar en esta guerra como algo del pasado. Muy dentro de mí he tenido el deseo de que ojalá todo el país sintiera la incomparable y profunda emoción de ver la marcha de hombres y mujeres que regresan caminado de la guerra.

Muy a pesar de esto, pienso también en los incrédulos, en quienes por diversas razones siguen buscando dentro de estas imágenes algún motivo para no estar de acuerdo, no se si esperando alguna chispa que encienda de nuevo el fuego para poder tener las razones para validar su desconfianza o escepticismo. Tal vez algunos, mucho más calculadores, escarbando allí argumentos falaces para sacar réditos políticos que sigan fortaleciendo una campaña electoral.

De alguna forma he vuelto a una idea recurrente, no solo mía sino de muchos con quienes compartimos los anhelos de una sociedad en paz, y es que la guerra no está tanto en los fusiles como en nuestras mentes. En los imaginarios de las venganzas, de vencedores y vencidos, del triunfo como la eliminación del oponente. Imaginarios que así como son motivación para su inicio, también pueden ser impedimento para el fin de las guerras.

Entonces he tenido otro deseo, y es que ojalá nuestras mentes también comiencen a caminar lentamente regresando de la guerra, sin importar si lo hacen con nostalgia o con alegría, con la misma idea de deponer las armas, en lugar de quedarse en ella buscando aún algún culpable, para seguir considerándolo enemigo y reavivar el deseo de eliminarlo, sin permitir romper ese lazo entre nuestras mentes y la guerra, que nos hace perpetuarla.

Comentarios