La sociedad civil organizada y la paz

Existe una gran incertidumbre alrededor de la implementación de los Acuerdos de la Habana. En la segunda fase del Fast Track, se tiene pensado que se aprueben no menos de 14 proyectos legislativos entre proyectos de ley y reformas constitucionales. ¿Cuál debe ser el papel de la sociedad civil organizada en este complejo escenario?. 

Diogenes Rosero
Diogenes Rosero
Director de Foro Costa Atlántica.
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17 de Julio de 2017

Existe una gran incertidumbre alrededor de la implementación de los Acuerdos de la Habana. En palabras de Guillermo Rivera, Ministro del Interior, apenas iniciamos la segunda fase del Fast Track. En una primera fase se aprobaron proyectos para garantías jurídicas de excombatientes y el desarme. Se tiene pensado que en la segunda legislatura, se aprueben no menos de 14 proyectos legislativos entre proyectos de ley y reformas constitucionales. Para el Senador Iván Cepeda ésta será una titánica labor, teniendo en cuenta la etapa electoral que se avecina y su consecuente efecto en la agenda de los congresistas.

El estado colombiano no se ha caracterizado por su eficiencia y capacidad de gestión en zonas rurales: históricamente nos ha costado llevar institucionalidad a zonas apartadas, incluso, algunos “colombianólogos” como Malcom Deas señalan nuestra ruda topografía como una limitante para el desarrollo de infraestructura y consolidación del monopolio de las armas en el territorio. Las grandes dificultades para el montaje de las Zonas Veredales sería una pequeña muestra de lo tortuoso que pinta ser el fortalecimiento de la llamada paz territorial.

En esta coyuntura, el debate electoral irrumpió y la paz parece haber pasado a un segundo plano en la escala de prioridades ciudadanas: según las últimas mediciones, aparece como octava problemática priorizada; aunado a ello, los discursos de algunos sectores afines al proceso se alejan de la defensa de los Acuerdos y la nueva prioridad en la discusión pública es la corrupción. Paradójicamente, es la oposición la que ha mantenido en la agenda pública el tema de los Acuerdos, pues lo viene usando como bandera ante el escenario electoral.

¿Cuál debe ser el papel de la sociedad civil organizada en este complejo escenario? Mientras transcurrió la fase de negociación hizo carrera la frase, “nada está acordado hasta que todo está acordado”, lo cual siempre envió una idea de discreción y prudencia. En contraste,  los sectores adversos al proceso, fueron altavoz de las dificultades y desaciertos durante 4 años. Después del plebiscito el papel de las organizaciones sociales fue mucho más activo, las movilizaciones ciudadanas a favor de la paz ayudaron a aclimatar la opinión pública y se logró la firma de un Acuerdo Definitivo.

Hoy la situación es diferente y se requiere ir más allá de la movilización y superar las discusiones sobre temas que quedaron o no dentro de los Acuerdos. Es fundamental que la sociedad civil – de manera articulada con la institucionalidad-  se concentre en abordar de manera organizada cuatro acciones clave para darle continuidad y efectividad al proceso de post acuerdo:

En primer lugar, entender que un clima a favor de la paz depende del éxito de la implementación. En ese sentido, es menester que las organizaciones asuman un rol como veedores territoriales de los planes y programas direccionados a atender la puesta en marcha de asuntos como la reforma rural integral, el fortalecimiento de la participación ciudadana como eje transversal de la implementación, el esclarecimiento de la verdad, la construcción de la memoria histórica, entre muchas acciones derivadas del Acuerdo.

En segundo lugar, rodear a los gobiernos locales como piedra angular del desarrollo del post acuerdo. Para lograr un mayor apoyo ciudadano a la paz hay que convocar alcaldes y gobernadores comprometidos con la paz, a incluir entre su agenda de prioridades las iniciativas locales de implementación impulsadas desde el nivel nacional y aquellas incluidas en los planes de desarrollo de manera autónoma.

Las organizaciones sociales deben aportar al logro de  una lectura territorial de paz que permita evidenciar las dificultades y potencialidades del Acuerdo en sus verdaderas proporciones, para contrarrestar las llamadas postverdades. Finalmente, es importante que iniciar procesos de planeación de fases futuras de la implementación pensando en la sostenibilidad de los acuerdos y la reconciliación.

Todo lo anterior debe articularse de cara a las próximas elecciones. Dejarle la iniciativa de la discusión de la paz a la oposición puede ser un error irreparable. Se puede sostener un discurso favorable a la paz sin hacerle el juego a la polarización, la clave puede estar en las victorias tempranas de la paz que puede brindarnos una acertada implementación de los acuerdos. La garantía de la  implementación es la victoria electoral de la paz.