La débil democracia local

La discusión política nacional  pasa por la proliferación de candidaturas por firmas dejando de lado el grave problema de la débil democracia local y sus consecuencias para la gobernabilidad Nacional. La lección aprendida en las pasadas elecciones en donde la maquinaria local ayudo a elegir presidente, será nuevamente aprovechada por un remplazo de los "ñoños" 2018.  

Diogenes Rosero
Diogenes Rosero
Director de Foro Costa Atlántica.
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25 de Septiembre de 2017

El gran debate nacional sobre la crisis de los partidos políticos, pasa por la proliferación de candidaturas por firmas. Más de 20 candidatos presidenciales incluyendo algunos pertenecientes a tradicionales agrupaciones políticas, utilizarán esta estrategia para hacerse elegir en las próximas elecciones presidenciales. Una discusión desde lo nacional en donde poco o nada se discute sobre el poder local.

Esta evidente fragmentación de la política nacional, viene aparejada de una grave crisis de legitimidad, promovida por los evidentes casos de corrupción producto de un régimen con una gobernabilidad esencialmente clientelista.

La intermediación de lo público con las regiones, está basada en las posibilidades transaccionales de políticos profesionales locales con el andamiaje burocrático nacional; que ha mutado, de una relación entre gobierno y partidos políticos, hacia una relación entre gobierno y casas políticas.

Los partidos políticos locales se han venido convirtiendo en meros cascarones, en donde entran y salen candidatos, dependiendo de los intereses de la casa política dueña de los avales partidistas. Por eso no es raro observar como diferentes senadores o representantes a la cámara  tienen a familiares o fichas políticas con representaciones en Asambleas o Concejos de otros partidos. Una combinación cada vez más extendida entre transfuguismo y nepotismo político.

Estas viejas y nuevas casas políticas mantienen casi que el monopolio puro del escenario de política local a punta de la compra y venta del voto. Los partidos minoritarios y grupos de ciudadanos alternativos han venido perdiendo capacidad de respuesta, al punto de desaparecer en algunas zonas del país de la competencia política. Son cada vez más escasos  los actores políticos con alguna vocería alternativa en representación de la  periferia del país.

Aunque en las elecciones presidenciales tiene un mayor poder decisorio el voto de opinión, algunas casas políticas parecen ya estar apostándole a un posible ganador de las presidenciales, aglutinándose alrededor de quienes les garantice la prevalencia de su poder clientelar. La lección aprendida en las pasadas elecciones en donde la maquinaria local ayudo a elegir presidente, será nuevamente aprovechada por un remplazo de los "ñoños" versión 2018.  

Las posibilidades de un recambio político, de abajo hacia arriba, son muy bajas. El fracaso de la reforma política producto de los acuerdos de la habana parece estar dando sus últimos estertores, con lo cual, la esperanza de un cambio a las reglas de juego que permitiera la aparición de nuevos liderazgos nacionales nuevamente se aplaza.

La política local continúa atrapada por unas casas políticas con cada vez más poder, producto de su eficaz manejo de la contratación pública nacional. Si queremos un cambio de régimen en un posible gobierno de transición, además de la elección de un presidente alternativo se necesita transformar la débil democracia local.