La Cartagena de todos

Decir que Cartagena es de todos los colombianos es faltar a la verdad y recurrir a la masa como estrategia de manipulación. Una ciudad no puede ser de todos cuando más de la mitad de sus habitantes están literalmente presos en sus entornos por mera y física pobreza.

William Alberto Cueto De La Rosa
William Alberto Cueto De La Rosa
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07 de Diciembre de 2017

Últimamente hemos visto cómo diferentes medios de comunicación nacional han mostrado la tragedia de ciudad y sociedad que somos, pero también hemos sido testigos de las rasgadas de vestiduras de encopetados opinadores de redes sociales y medios locales, quienes simulando descifrar y explicar el porqué de nuestros males, expían culpas y se lavan las manos, intentando desvirtuar sus participaciones intelectuales o materiales en la rapiña, en ocasiones por y desde una simple OPS.

nos dice que en este 2017 Cartagena ocupó el deshonroso puesto 59 de 95 entes territoriales que presentaron las pruebas saber 11°, pese a tener uno de los rubros más alto dentro del presupuesto nacional y por supuesto, esto no nos sorprende. De antemano sabemos que en esta ciudad se invierte más en canela que en educación, que los libros no van a las escuelas sino que se quedan en manos de los honorables miembros del Concejo Distrital, quienes parecieran limitar su gestión pública a censurar la champeta y otras manifestaciones culturales del pueblo y a empatar sus pecados rezando al inicio y al final de cada sesión.

Las actuales cifras de pobreza e inequidad en Cartagena contrastan escandalosamente con las de su crecimiento económico. Un reciente reportaje de sostiene que según un documento del Banco de la República, Cartagena es la cuarta ciudad industrial del país. Tiene un crecimiento promedio del turismo extranjero de 13%, mientras que en el país ese aumento fue del 7,7%, y en el mundo entero de 4,4%. Sin embargo, el 72% de los cartageneros vive en estratos 1 y 2 y de ellos las estadísticas dicen que 294.000 están en condición de pobreza, incluyendo a 55.000 que están en la línea de indigencia, lo que implica que viven con menos de 3.800 pesos al día.

En Cartagena, sus habitantes se mueren en sus casas o esperando una camilla en un hospital porque en la ciudad hay una relación de 2,5 camas por cada mil habitantes mientras que la Organización Mundial para la Salud recomienda que ese número sea entre 4 y 4,75. En contraste, nos encontramos que el puerto de Cartagena exporta el 52% de los productos que salen del país y que según en 2012, la Sociedad Portuaria de Cartagena obtuvo ganancias por casi 297 mil millones de pesos, de los cuales, a manera de contraprestación, sólo le entrega a la ciudad el 0,401% de las ganancias.

Pero estas cifras tampoco nos tendrían por qué sorprender. Las mismas son productos del modelo de exclusión y corruptela que impera en la ciudad, las cuales podrían explicarse desde los principios básicos del capitalismo: a mayor acumulación de riquezas mayor generación de pobrezas. Sin embargo, para intentar evitar de que me descalifiquen como comunista trasnochado, pese a que comulgo plenamente con el socialismo, y para que no se siga trivializando la idea de la lucha de clases, puesto que aún se sigue asustando con ella e incluso se le hacen llamados al presidente para que la contenga, trataré de explicar mi punto de vista desde lo que considero el sentido común.  

Ya en El mito de las dos ciudades (2008), acertadamente el profesor Libardo Sarmiento Ánzola había explicado que Cartagena es una sola y que hablar de la otra Cartagena, como si se tratara de situaciones inconexas, no es más que una falacia para negar que se trata de una misma realidad en donde unos pocos se quedan con las riquezas, precisamente a expensas y detrimento de esa gran mayoría.

A sabiendas de que debemos rechazar,  denunciar y condenar cualquier acto de discriminación, es preciso insitir en que, para el caso, la condición sexual del actual alcalde encargado de Cartagena, Sergio Londoño Zurek, sea cual sea, es lo de menos. Están muy equivocados quienes le critican  su gestión a partir de ello, como también lo están quienes le defienden por las mismas razones. Los primeros están doblemente equivocados, pero ese no es el meollo del asunto. El problema de fondo es que este alcalde, está por encargo, ha demostrado su inoperancia e ineptitud para el cargo y representa a una de las familias y sectores sociales que históricamente han saqueado el erario público y que siguen generando ganancias en detrimento del pueblo cartagenero.

El problema de Sergio Londoño Zurek no es su color de piel. No importa si es blanquito, verdecito, amarillito, negrito, azulito, rojito o rosadito. Su problema es que es un alcalde encargado, pero de hacerle el mandado al gobierno neoliberal de Juan Manuel Santos y a sus aliados en la ciudad; de hacerle el mandado a los mismos que ponen bufones revestidos de popularidad en la alcaldía, con el fin de mantener contentas a las masas. A los mismos que se roban la ciudad como hicieron con el puerto, con las empresas públicas, con la salud, con la educación, con  los terrenos en la Boquilla... y como están haciendo con otros terrenos de la Zona Norte, pero que de vez en cuando arman o destapan un escándalo de corrupción para distraer la atención de la opinión pública y culparnos por nuestra desgracia bajo el argumento de que somos los responsables por no saber elegir, desconociendo y negando que son ellos quienes mantienen a los mismos con las mismas, en las trampas de la pobreza, el clientelismo y la corrupción.

Y entonces, cada vez que un medio nacional pone su lente en Cartagena se escuchan voces, gritos y alaridos. Pero el problema tampoco es que sean los medios ‘cachacos’ quienes estén develando nuestra  lamentable postración. El asunto es que los medios de comunicación, cachacos o no, generalmente se muestran indiferentes a los problemas de la ciudad, algunos incluso, manteniendo un silencio cómplice o terciando como cajas de resonancia en favor de los usurpadores. ¿Dónde estaban y qué hacían los medios de comunicación mientras las élites y mafias locales, en contubernio con los gobiernos nacionales, nos empujaban hacia el abismo? ¿Qué hacían y decían los medios de comunicación cuando las privatizaciones y el neoliberalismo se proponían como la gran salvación? ¿Qué decían los medios de comunicación hace 17 años cuando, por ejemplo, paramilitares secuestraron, torturaron y asesinaron a dirigentes sindicales como Aury Sará Marrugo, presidente de la USO, a propósito de la reciente conmemoración de tan lamentables sucesos?

El problema es que hoy, cuando la situación es insostenible, cuando tenemos el segundo índice de deserción escolar más alto del país, cuando somos una de las ciudades más inseguras y con mayor índice de desempleo, cuando 55 de cada 100 cartageneros sobreviven en el rebusque, resistiendo el día a día ante una administración que los persigue por hacer uso indebido del espacio público y les estrangula las posibilidades de llevar alimento a sus casas sin ofrecerles ningún tipo de alternativas, los medios de comunicación nos vienen a decir que el agua moja y a mostrarse como los adalides de la pulcritud, cuando sabemos que ellos son igual de responsables.

Casualmente ayer, justo cuando escribía estas palabras, Revista Semana, Gobernación de Bolívar y Cámara de Comercio de Cartagena realizaban el Foro Semana: Cartagena es de todos los colombianos y a juzgar por lo que vi en redes sociales, salvo un par de intervenciones, el foro fue un poco más de lo mismo: de la ciudad sobre diagnóstica, de las lamentaciones por lo que se debería hacer pero que no se ha hace, de las promesas, de los golpes de pecho, de la toma de notas para adelantar investigaciones, del eterno debate centro – periferia, de los comités de aplausos y de los recurrentes llamados a rodear la ciudad y a unirnos para sacarla del atolladero... pero de los problemas estructurales, de sus causas y responsables nada de nada.

Al respecto, me llama la atención el nombre con el que denominaron el Foro. Decir que Cartagena es de todos los colombianos es faltar a la verdad y recurrir a la masa como estrategia de manipulación.  Cartagena es una ciudad configurada en función del turismo y la exclusión. En ella sólo tienen cabida aquellos con posibilidades de turistear o de usufructuarla. La persecución a los vendedores informales y la forma como se le trata al ciudadano de a pie son ejemplos de ello. Una ciudad no puede ser de todos cuando más de la mitad de sus habitantes están literalmente presos en sus entornos por mera y física pobreza.

Pero la frase no sólo miente, también encierra premisas bastante cuestionables. En ella se apela a la sensibilidad de la masa para seguir reforzando esas falsas ideas de igualdad, libertad y acceso. Lo más grave es que con ella se abona el terreno para que todos paguemos los platos rotos, como si todos fuésemos culpables. Y que no se entienda como que estamos exentos de responsabilidades, no. Sin embargo, no podemos seguir en el juego de que la ciudad es de todos para solucionar los problemas, pero de unos pocos para el goce de sus beneficios.