Esta es mucha "marimondina"

Desconozco si la senadora Claudia López por un momento se imaginó que al papa lo iban a poner a mirar todo el repertorio folclórico y a chuparse el discurso veintejuliero de algún político atrevido, de esos que nunca faltan y que se agazapan en cualquier sombra a la espera de un barato. 

Luis Oñate Gámez
Luis Oñate Gámez
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16 de Septiembre de 2017

En la región hay un pataleo y trataré de explicar lo qué está sucediendo. Desde aquella desafortunada tarde septembrina Claudia López se convirtió en el trapero de muchos coterráneos y vecinos, su pecado fue haber tratado de congraciarse con el Papa Francisco y sus seguidores; el prelado denotaba el cansancio ocasionado por la extenuante jornada de evangelización que había realizado en varias ciudades colombianas.

“¡De por Dios no le vayan a regalar una marimonda! Qué pena… déjenlo ir a descansar por favor”. Así fue el trino de Claudia al ver el homenaje folclórico que con marimonda y otros disfraces le tenían preparado al papa en el aeropuerto de Cartagena para darle la despedida.

Desconozco si la senadora por un momento se imaginó que al papa lo iban a poner a mirar todo el repertorio folclórico y a chuparse el discurso veintejuliero de algún político atrevido, de esos que nunca faltan y que se agazapan en cualquier sombra a la espera de un barato. A los pocos segundos del trino le comenzaron a llover truenos y centellas a la senadora, y fue tan estruendosa la “marimondina” que traspasó fronteras y quizás hasta el mismo prelado oró para que a la dirigente política no la llevaran a la hoguera.

Se salvó de la hoguera física de palos y candela pero no así del fuego que emanan las lenguas, el cual se transformó en ofensas rastreras en las redes sociales. Ese fuego sigue aún vigente en varios rincones del Caribe colombiano, pero el epicentro del volcán se situó en Barranquilla, donde muchos pirómanos vociferaron que el comentario en Twitter de Claudia había sido una ofensa grave a la región y en especial contra la Puerta de oro y su carnaval, y al que a hierro mata a hierro muere.

De esas mismas almas no había visto emanar tanto fogaje en momentos de efervescencia y calor. Ni siquiera cuando Fuad Char habló, Alexis Mendoza abandonó el barco y el Junior fue eliminado. Ni cuando algunos medios de comunicación mostraron la manera como políticos de la talla del octogenario y sempiterno senador Roberto Gerlein y los miembros del clan Ñoñomanía y otras hierbas del pantano se hacen elegir y se adueñan de las contrataciones y de los poderes ejecutivo, legislativo y judicial.

Me late que es esa misma feligresía, que por un ligero trino hoy condena la supuesta falta de respeto contra la cultura de la región, fue la que ayer festejo con bombos y platillos y puso como una gran expresión Caribe el MVM del sacerdote Alberto Linero, siendo que ese MVM es primo hermano del “me importa un culo” y las dos expresiones hacen parte del mismo club de dejémosla así; después que no caiga en mi paila, me da lo mismo que caiga o no caiga.

Hago la salvedad que en torno al hecho también ha habido comentarios respetuosos y fundamentados, ésos son muy escasos. Tampoco creo que existan dos seres iguales, de ahí la disparidad de interpretaciones que se suelen presentar sobre un mismo suceso. Así no la comparta, respeto la opinión de los demás siempre y cuando sea civilizada, eso nos da alas. Pienso que la democracia se cimienta en la libertad de expresión; entre más opinión exista es mayor las ganas de crecer, investigar y discernir, lo que no está bien es la forma ruin, irrespetuosa y vulgar como muchos de los críticos del trino de Claudia han hecho sentir su voz de protesta, eso le quita peso a ésta y a todo tipo de exposición.

Me dice un colega experto en temas de artes y fotografía que tal vez esta polémica deje algo bueno; un despertar por la investigación sobre las manifestaciones y símbolos culturales. Me atrevo a pensar que un gran número de críticos vulgares desconocen la historia del disfraz de marimonda y lo que representa como expresión cultural.   

Para comenzar este comentario tomé de arranque la canción El Pataleo, un paseo vallenato costumbrista del desaparecido Poncho Cotes Jr donde narra las vicisitudes de un corazón con el amor, y quiero dejarlos con esa misma canción para ver si afinamos la crítica bajándole los improperios a la “marimondina”. Ojo: la palabra del lenguaje Caribe es Marimundina, que significa malestar, vértigo o mareo, pero cometí el atrevimiento de cambiarle la u por o para acercarla todavía más a la Marimonda, el símbolo vilipendiado, y a la polvareda que se ha armado en su entorno.   

El corazón me patalea/no sé qué me está sucediendo. Ay la cabeza me está doliendo/ombe está es mucha vaina fea. Ombe es muy fuerte este sofoco/ésta es mucha marimundina. Ay no me hacen na' las medicinas/estoy es pa' volverme loco. Pienso que ya llegó el fracaso/ésto si duele con cocá. Ay, ya no encuentro en que pensá/yo creo que de esta no me escapo. A veces trato de acostarme/y me da un fuerte escalofrío. Une tu corazón al mío/pa' ver si así puedo curarme.